Mujeres marinas, solares damas
que capturan en sus manos el capricho.
Mujeres redondas y joviales,
decididas mujeres que acogen el mundo y sus piruetas,
que recogen la savia del orgasmo en la cresta de una ola.
Esas mujeres propias,
esas damas-cabriola que celebran y se burlan con el trazo en el bigote.
Gimnastas naturales,
bailarinas
de un crepúsculo hechicero.
Convocan las mujeres sus poses de mandrágora,
diosas de un festín de caramelo,
el placer entre las ingles, el pastel de las caderas prestas al danzar y al disparate
de piel.
Barrocas mujeres, sediciosas, desnudas damas en sí mismas, corte de fiesta y goce
enredadera,
piruetas de sal.
Mujeres libres,
juguetonas damas,libres,
rebosantes.
Y el pincel
tejido entre las manos,
y el placer
surgiendo desde el lienzo a tus pupilas.
Arrebatadas damas de un paraíso de color
y de alboroto.
Y tú en ellas
sin reservas
y al capricho del rondó.
(Tina Escaja)