En los últimos años de la década de los setenta,
había en Valladolid un número bastante amplio de grupos dedicados
a la recuperación de la música tradicional. Eran tiempos
de ebullición del deseo de buscar una identidad regional, y muchos
músicos, o simples aficionados con inquietudes, querían aportar
su granito de arena a ese proceso de reconocimiento de un alma colectiva,
que quedara encuadrada en las fronteras de Castilla y León.
Muchos de aquellos músicos, decidieron agruparse en un denominado
Colectivo de Música Popular, que contó, desde el primer momento,
con el apoyo del Ayuntamiento vallisoletano, a través de las Concejalías
de Cultura y Juventud.
Durante los años que siguieron a su creación, no demasiados
hasta su desaparición, el Colectivo se constituyó como un
activo dinamizador de la cultura de la ciudad, dentro de la parcela que
era de su competencia: organización de ciclos de conciertos, apoyo
a proyectos discográficos, colaboración con asociaciones
similares de otros puntos de la región, festivales dentro de las
fiestas de la ciudad, etc.

Tal vez, la Muestra Infantil de Canción y Danza Popular
fue una de las actividades que mayor importancia tuvo. Un intento de que
los niños de la ciudad y la provincia, se acercaran al repertorio
tradicional, no sólo como oyentes, también como intérpretes.
El resultado fue sorprendente, además de las secciones infantiles
de los respectivos grupos de danza ya existentes, en el escenario aparecían
niñas y niños, algunos más crecidos que otros (la
edad máxima era catorce años), que dejaban boquiabiertos
a los espectadores y mostraban unas maneras realmente esperanzadoras. Para
muchos de aquellos pequeños artistas, la Muestra es, veinte años
después, un agradable recuerdo de sus primeros años, pero
para otros pudo ser, quién sabe, el impulso para sentirse cómodos
entre bambalinas y hacer de ese juego infantil, una parte fundamental en
su vida de adulto. Por citar a algunos, digamos que por allí andaban
dos de los componentes de Celtas Cortos: un espigado Jesús Cifuentes
maravillando con su destreza como tamboritero charro y Carlos Soto sacando
increíbles sonidos a una flauta dulce. Estaba también Vanesa
Muela que ya mostraba la fuerza de su voz, cuando no levantaba tres palmos
del suelo.
Algunos de los componentes del Colectivo de Música Popular observaron,
no obstante, que el repertorio con el que los niños participaban
en aquel evento, era un repertorio de adultos, melodías que sus
padres o sus abuelos les enseñaban para que fueran cantadas precisamente
allí, en la Muestra. ¿Hacía eso suponer que las canciones
infantiles tradicionales no eran conocidas por aquellos chavales?. Las
razones podían ser otras, pero la duda estaba planteada. Y aquella
duda fue el embrión de un proyecto que no tardaría en ver
la luz.
Aquellos músicos con dudas, comenzaron a plantearse en serio
la posibilidad de hacer algo en el campo de la tradición musical
infantil. Todos ellos estaban encuadrados en formaciones de lo que entonces
se llamaba música castellana, pero el nuevo reto les atraía
cada vez más, y sin dejar sus respectivos proyectos personales,
decidieron dar vida a la nueva criatura, era la primavera de 1981 y acababa
de nacer La Carraca.
La primera formación tenía cuatro nombres propios: Ángel
Rey, Eugenio Rodríguez, Jaime Lafuente y Juanjo Busto. A los que
se uniría de inmediato uno de los participantes en la Muestra, el
catorceañero, Juan Sabugo, que tendría un paso fugaz por
el grupo.
El primer
año de rodaje ofreció una serie de coordenadas a sus integrantes
de cara a plasmar sus inquietudes artísticas en el escenario. Un
apunte se hizo patente, los adultos mostraban mayor interés que
los niños hacia las canciones, a pesar de que el repertorio era
puramente infantil. Tras sesudas disquisiciones sobre el alma de los pequeños,
de la que ninguno de los componentes del grupo tenían ni idea, pero
cargados de toda la buena voluntad del mundo, decidieron improvisar una
serie de disfraces, pintarrajearon sus caras y con un aspecto totalmente
divertido, cerraron la edición de ese año de la Muestra.
El resultado fue espectacular, y gracias a ese aspecto cómico, los
niños empezaron a tomarse aquello en serio. Fue la segunda vez que
nació La Carraca.
Dos años después, y tras diferentes alternativas, entre
las que estuvieron la sustitución de Ángel Rey y Juanjo Busto
por Arturo Manzano y Antonio Redondo, La Carraca alcanza su mayoría
de edad y se consolidó profesionalmente.
A finales de 1984, sale al mercado su primer disco: ?El cuento de la
carraca?, que además de recibir multitud de elogios por su frescura
y calidad, obtiene el Premio Nacional a la mejor grabación infantil,
otorgado por el Ministerio de Cultura. Este galardón, supuso para
los componentes de La Carraca el empujón definitivo, que les permitió
aumentar su campo de actuación fuera de las fronteras de Castilla
y León.
Un año después graban su segundo disco: ?Las historias
del abuelo Milcuentos?, que recibe similares elogios que el anterior. Inician
también, una serie de salidas a diferentes países europeos,
que continuarán en los años sucesivos, al tiempo que siguen
llevando su espectáculo por multitud de escenarios españoles.
En 1988, aparece su tercer disco: ?A la una, a las dos y a las tres?,
que mantiene la línea de los anteriores.
Realizan para Editorial Everest, la dirección musical de ?La
tómbola mágica?, trabajo formativo dedicado al nivel de preescolar.
Este encargo se produce por el prestigio ganado por las grabaciones de
La Carraca, que son utilizadas habitualmente por los enseñantes
españoles.
Además de lo ya reseñado, en estos años, los componentes
del grupo son llamados desde diferentes puntos de nuestra geografía
para participar en conferencias, mesas redondas, etc, sobre diversos aspectos
de su trabajo, así como colaboraciones en grabaciones de otros
grupos.
A finales de 1991, llega un nuevo trabajo discográfico: ?El cuarto
de los juegos?, que tras una espectacular presentación en Valladolid,
La Carraca llevó por multitud de localidades con el magnífico
apoyo musical de la ?Orquesta Trampolín?, logrando un excelente
espectáculo en directo.
En 1994 Antonio Redondo decide dejar el grupo, quedando la formación
que se mantiene en la actualidad compuesta por tres personajes: Arlequín
(Arturo), el Chino (Eugenio) y el Primo (Jaime).
En los últimos meses de ese año apareció un nuevo
disco ?Quinto, quinto gorgorito? en el que los componentes del grupo pusieron
el mismo cariño e ilusión que en todos los anteriores.
En el año 2001, coincidiendo con el XX aniversario de su fundación,
La Carraca puso en circulación un nuevo disco ?Peroquésexto?,
con nueva compañía discográfica y unos sorprendentes
arreglos de uno de los componentes de la Orquestina Trampolín, Alberto
Requejo.
... XXV aniversario (vídeo) nota =>