BUITRES CON PLUMAS DE CUERO
El norte de castilla
Especial San Mateo 1989.

Gaspar, que todavía no alcanza el metro de estatura, tararea
ron desparpajo “Los Camaleones”. Media ciudad al loro de la movida habla
mal de él. Bajó del tren después de tres años
pululando por Euskadi barruntado un nombre de caracteres míticos
y en una papelera, junto a la Estación, imprimió los sones
del nuevo Valladolid. Antonio Curiel, «el Curi» de «Los
Buitres del Pisuerga», quema hoy su cazadora en un rito purificador
que preanuncia una nueva ofensiva: Más guerra. Menos mal.
Antonio Curiel, el «Curi», sube hoya las 21,30 horas al
escenario de la Plaza Mayor después de haber alcanzado la mayoría
de edad municipalista y tras haber garabateado ecología de la buena
en los lavabos de todos los bares de la ciudad.
- «Los Buitres del Pisuerga» suben a la Plaza Mayor. ¿Qué
vais a ofrecer?
-Vamos a llevar el repertorio habitual, el que sale en el disco. Es
una actuación muy importante para nosotros que no queremos desvelar
al público.
- Desde el año pasado, vosotros mismos os hebis calificado como
muy cutre.
- Es que hay que ser un poco ser realista y saber donde se está.
Mi criterio cuando vine para acá era que Pucela es un sitio donde
estaba todo por hacer respecto a la movida local. Basándome en esa
teoría, ha sido como nos hemos ido abriendo camino y el disco era
un tirar p'alante para no esperar que nos den todo hecho. El disco está
grabado en las condiciones en que está y hay que asumirlo. El término
«cutre» tiene un sentido más romántico, seria
un poco la traducción del «ünderground» en sus
inicios.
-¿Por qué un disco ahora?
- El disco llegó en un momento en que nos conocía toda
la ciudad y se planteó dar un paso más. Surge de todas las
historias de mi ajetreada vida musical, con los proyectos innovadores en
Euskadi, con discos en cooperativa o bonos para editar algo que no era
editable en cánones de productividad. Por eso el conformarnos con
un «cuatro pistas» en la sala Pigalle, en directo, a ver lo
que salía.
- ¿Qué aporta el disco?
- El disco recoge las canciones de la primera época del grupo,
cuando empezamos a tocar el primer repertorio, aunque algo siempre se queda
colgado. La intención del disco era promocionarnos: en vez de hacer
cinco carteles más, que vimos que era una vía agotada, pensamos
que se podía hacer un disco para damos a conocer en pueblos y ciudades
de Castilla.
- De todas formas, suena mucho mejor de lo que lo publicitais. «Curi»,
háblame mal de la Junta.
- No te puedo hablar mal ni bien. Se han enfriado las relaciones, hace
ya tiempo que pasé de ellos. Dentro de la actitud positiva de los
primeros tiempos, en que iba a ver a quien fuera, me tragaba despachos
como loco hasta que vi que era un diálogo de sordos. Ahí
se ha quedado, cuando hicimos una campaña de mentalización,
provocación y denuncia para, en definitiva, llamar la atención
de cómo estaba la situación de los grupos locales. Ya recordaréis
aquellos conciertos-ocupación, cuando tomábamos cualquier
escenario y nos poníamos a tocar.
- Subís de categoría, vais a la Plaza Mayor.
- Este año pujé porque las bandas tocaran en ese escenario,
sobre todo los grupos consolidados, y que las otras tuvieran un lugar alternativo,
pero dijeron que no había presupuesto. El año pasado, cuando
me despedí de Cantarranas, dije que era un sitio masificado. Era
un reto tocar en la Plaza Mayor, porque supone que el Ayuntamiento empiece
a reconocer las bandas locales. Es el primer paso.
- ¿Como ves la movida actual en la ciudad?
- Cuando llegué, ví el rock un poco apagadillo, con un
ambiente derrotista. Echo de menos la movida dentro de las propias bandas.
Es una crítica que quiero señalar.
- ¿Qué falta en Valladolid? –
- Echo en falta un poco de movimiento, imaginación y buscarse
la vida. Otros aspectos positivos es que hay inftaestructura, historias
como un sello discográfico o un estudio de grabación. Pero
se ve que falta un periódico musical que daría vidilla a
bandas de la periferia, porque no se sabe lo que pasa en Aranda o Cuéllar.
- Tú sigues siendo el más criticado.
- Algunas publicaciones me han definido como incombustible y con mucha
moral para patear la calle; un culo inquieto, vamos. Yo siempre he dado
la lata para mi grupo, eso que quede claro. No engaño a nadie, no
soy héroe ni salvador. Yo curro por mi movida, aunque he hecho por
algunas bandas cosas que por mí no haría. Lo que es cierto
es que la gente más cercana tiene más aversión que
reconocimiento o admiración hacia los «Buitres». Soy
una persona polémica, lo cual es bueno porque, si no haces nada,
nunca serás polémico. Está dentro de los cánones
normales.
- Qué bueno lo de tus grafittis.
- Yo entro a un bar que todavía tiene pintadas las dos
puertas del servicio, llevan dos años, y me preguntan que qué
monto para ahora.
- Me gust6 lo de la cazadora, tenias que justificarte y le diste lustre
a tu «chupa».
- Lo de los grafittis y la cazadora fue un poco asumir lo que estaba
haciendo. Si tuviera otros medios no lo hubiera hecho. Yo lo hice porque
creí que la gente no tenia que andar buscando entuertos, fue la
culminación de la campaña porque me costaba pintar los bares
que frecuentaba.
- Sin embargo, hoy quemas la cazadora.
- Quemar la cazadora es como quemar una etapa. La conoce todo el mundo
y para no pecar de pretensiones, para no tener la tentación de guardada
como reliquia, la quemo. El fuego purifica, quiero cortar con etapas y
que sirva de alimentación de otras. Es una filosofía muy
personal de seguir adelante: Hay que morir para renacer un poco, ya lo
dije en una canción: «De mi cuerpo extraigo el veneno y mi
cuerpo produce el antídoto para suicidarme y para no matarme».
Víctor Iriarte; foto: J Ruiz.
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