Fran Hervada y los lirios del bosque presentan :

El impulso/los impulsos.
Video-instalación ... días 27 y 28 de abril en la galería de arte Samuel (entrada libre)
los horarios son los normales de comercio y la instalación normalmente estará activa durante todo el día.

 

 

 

 
   
 

 

 
 
 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

 

 

Parece que a Fran Hervada se le multiplica el trabajo últimamente.


Tras su participación en la fase final del Festival de Cine de Medina del Campo (sección cortometrajes) a principios de mes y sus aportaciones al nuevo disco Medina Sonora = FUGAZ recién editado, los próximos días 27 y 28 de abril presenta su video-instalación el impulso/los impulsos.


Hace unos días charlábamos con él a propósito de todo esto en una pequeña entrevista que servía de repaso e introdución a sus actividades y nos explicaba su enfoque en cuanto a las instalaciones :

 

 

- FRAN : "Las vídeo-instalaciones prefiero que se adapten al espacio en que se desarrollan. De hecho, el espacio es el elemento con el que mejor pueden interactuar las imágenes. En todo caso, no es fácil. Y menos para mí. Yo soy una persona a la que se le da muy mal improvisar, incluso en una conversación normal, como esta, me gustaría disponer de mucho más tiempo para pensar bien las respuestas. Luego siempre me pasa que horas (o días después) se me ocurre una respuesta mejor o más adecuada. Pues con las imágenes me pasa lo mismo. Soy incapaz de llegar a un espacio y saber cual es el mejor punto de vista para la cámara, me lo tengo pensar, interiorizar, etc. Cuando hago fotografía, por ejemplo, llego a dibujarla antes de disparar. Utilizo obsesivamente el story-board en los cortometrajes. No obstante, vuelvo al principio, yo creo que la disponibilidad de un espacio u otro necesariamente debe modificar la idea original que uno tiene en su estudio. Los cambios siempre serán a mejor. Eso si, en mi caso, prefiero disponer del tiempo suficiente para que esas adaptaciones no sean fruto de la improvisación."

También le preguntábamos por esta instalación en concreto :

- FRAN : "Realmente se trata de un experimento sobre la percepción. La teoría nos dice que nuestra mirada tiende a decodificar las imágenes en el mismo sentido en que leemos, es decir, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, por lo que si queremos dar más importancia a un objeto que a otro debemos colocarle en esa zona (por eso la publicidad de los periódicos cuesta más dinero si está en la página de la derecha y quizá por eso nos llama tanto la atención el cine asiático: ellos leen de derecha a izquierda, o sea que también componen sus imágenes así). Pero yo creo que todo eso es cuestión de educar la mirada. Estoy seguro de que si en los inicios de la televisión se hubiera optado por un encuadre “binocular” ahora mismo todos nosotros seríamos capaces de ver dos películas a la vez. Pero el cine imitó al teatro y la televisión al cine. Y nos quedamos con un solo encuadre. En “El impulso/los impulsos” se propone un encuadre binocular. Dos imágenes radicalmente diferentes que comparten un mismo marco. Y lo que pretendo es comprobar si el espectador ve dos imágenes o sólo una, y si da más importancia a la parte de la derecha o a la de la izquierda. Yo he intentado equilibrar la composición para que se vea como una sola imagen, un solo “impulso” aunque realmente se trate de dos imágenes, dos impulsos: el eros y el thanathos. La vídeo-instalación se completa con una instalación sonora gracias a la colaboración de yoko.lennon (tenkiu, que dirían ellos). El público asistente va a tener la posibilidad de modificar el sonido que se oiga en la sala acercándose o alejándose de un maniquí (femenino) que vamos a colocar en mitad de la sala. De hecho, la idea es que el espectador no sea un simple voyeur, buscamos un espectador activo, que participe y pueda llegar a “tocar” al maniquí, liberando así sus propios impulsos."

leer la entrevista completa

 

 



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El cine fue para mí la experiencia de lo absoluto, desde que acudía a él de la mano de mi madre. Yo desaparecía en la oscuridad de la sala, para aparecer como protagonista en la pantalla. ¡Qué malestar cuando volvían a encenderse las lámparas! En la calle volvía a ser un supernumerario. Había sido despojado bruscamente de mi importancia. Ya no era necesario, sino excedente. En las películas había necesidad, existía el porvenir, los sucesos se desarrollaban con la precisión inexorable de una melodía y al final, mágicamente, milagrosamente, coincidían el beso de los protagonistas y el gran acorde del piano. Tenía veinte años cuando conté al Castor mi descubrimiento. Mostraría a todos que la contingencia es una dimensión esencial del mundo y que la belleza es la única salvación. J. P. SARTRE

Aristóteles, Plotino, San Agustín, Santo Tomás coincidieron en afirmar que el ser humano tiene dos facultades: noûs y órexis, la inteligencia y el deseo. Spinoza llamó conatus a la energía con que una cosa se mantiene en su ser. Al hacerse consciente, este conatus se convierte en deseo. Para Spinoza, como para su admirador Nietzsche, la esencia del ser humano es el deseo, el ímpetu para ampliar el poder, la vitalidad, la existencia. Freud estuvo muy cerca de Spinoza. La lívido freudiana determina los procesos conscientes e inconscientes. Ambos buscaban el principio último de la acción, el móvil radical. Freud no se contentó con decir que era el impulso, el deseo; quiso saber qué impulso, qué deseo. Al final de su vida pensó que había dos: Eros y Tánatos. El amor y la muerte.

Esta vídeo-instalación pretende mostrar de forma simultánea el amor y la muerte. Para ello hemos de liberarnos de las ataduras de un encuadre rígido, más propicio para lo teatral y proponer un encuadre binocular, como es nuestra visión retiniana. En una mitad del encuadre, imágenes casi oníricas, respaldadas por el texto, en torno al Kamasutra como exaltación (narrativa y estética) del goce. En la otra mitad del encuadre, la historia, cotidiana y casi sentimental, de un automóvil, desde que sale de la cadena de montaje hasta que termina en un desguace. De la interacción entre ambas vertientes dependerá que el espectador las conciba como una sola imagen, un solo impulso.

 

He aquí el texto (locución en off) que acompaña la vídeo-instalación:

La invención del placer.

Eros

Cuando el viajero encontró el jardín lo penetró con inconsciencia y olvido. Un riachuelo fluía sinuoso como un camino de agua que jamás se detiene y arrastra las lágrimas de los hombres. Zigzagueaba elegantemente con delicada cautela, y era una caricia para la vista. Los ojos descansaban con tal paz, que si no fuera por el rumor que la acompañaba, se diría silenciosa y eterna.

Las flores, en su exuberancia ritual, embriagaban los mullidos pasos que exhalaban toda una suerte de aromas que iban aumentando, desde el rostro de la madre de las gardenias hasta el afrodisíaco impulso de la orquídea rosada que atrae a los marineros que recorren el mar de leche, uno de los siete Océanos de la sabiduría.

El natural fluir de la sangre le condujo hasta el centro del jardín, a la fuente de la manaba el agua que humedecía el lugar. Hermosas mujeres de blanco mármol sujetaban entre sus brazos una concha enorme, de la que rebosaba el agua verde pálida de un perfume que como el humo, flota y en la que se podía leer una inscripción tallada con el cincel del amor:

"En un oasis olvidado, habitaba un dios olvidado; su cabeza era de toro y su cuerpo humano; a su monstruoso aspecto se añadía un enorme pene en eterna erección. Poseía, a su vez, tres pares de piernas que se acompasaban armoniosamente en una extraña danza; y seis de brazos, que con sus respectivas manos, tañían instrumentos, crótalos y cascabeles, lanzaban flechas, daban palmas y le masturbaban, acompasando sus movimientos a los ritmos musicales, pero jamás eyaculaba. Un día una caravana perdida buscó el alivio de la traición en el oasis olvidado. El tiempo que duro su estancia, lo pasaron contemplando con atención al dios que allí habitaba. Al cabo de un tiempo con el mismo silencio que llegaron, partieron, pero dejaron en el oasis un presente para el dios: un espejo que camina y escucha las voces de los hombres, su lengua es insólita e indescifrable, y su mirada, invisible. Se extravío un día en las calles de Babel. El observar este fenómeno hizo pensar al dios, al pensar se detuvo, y al detenerse eyaculó con la fuerza de un disparo de cañón. Su último instante antes de morir se lo robó el placer. Ahora el desierto es infinito amarillo y en algún lugar el deseo espera enroscado como una serpiente a que sople el viento, se humedezca la tierra y la luna suceda al sol".

De los hechos que acontecieron en el jardín olvidado.

I Sayujyata (Absorción en la esencia divina).

Admirado el viajero levantó la vista y contempló a una mujer que desnuda se dirigía a él. Se acercó y encaramó a él como si subiera a un árbol que esconde los más jugosos frutos en las ramas más altas, que el cálido viento del sur azota con ternura.

Sus labios se unieron como los arroyos que forman una cálida cascada entre la frondosa vegetación. Su pubis estaba poblado de un bello negro y suave, del que se dejaban entrever los labios rosados y carnosos como los pétalos del loto púrpura.

Las manos ligeras desnudaron al viajero y ambos comenzaron a acariciarse. Las manos de él pronto se fueron deslizando hasta los pechos de la mujer, rozando y jugando con sus pezones cada vez más duros.

Abriendo sus piernas escala la mujer al hombre-árbol, cruza las piernas sobre la espalda del hombre, se enlaza a su cuello como una serpiente y comienza a balancearse introduciendo en su vagina el miembro erecto del hombre, absorbiéndolo, sedienta del fruto del amor.

II Samipyata (Proximidad a la divinidad).

El hombre curioso se aproxima a la mujer, y la sorprende. La observa yaciente en completa desnudez, como quién pretendiera leer en un libro los signos que ilustran el mundo. Ella está tumbada ofreciendo su espalda al hombre, y se sabe vista, escrutada y deseada. Levanta sus caderas y eleva su culo a la contemplación del hombre, que embelesado saborea la visión de un astro que surge inescrutable en la inmensidad del universo, su sonrisa hace olvidar cualquier otra luz. El hombre la toma de las caderas y penetra un húmedo corazón. Sus manos se apoyan y aprietan la redondez jugosa de sus glúteos, acariciando y besando la espalda de la mujer, como quien se inclina ante un dios absoluto, a un dios que rompe la voluntad de los hombres. Estira sus brazos y percibe como sus dedos se deslizan suavemente, rozando el abdomen, y surcando su piel, como un mar feliz, hacia arriba, ¡hacia el infinito! Hasta apretar sus pechos que cuelgan danzantes como bellas bailarinas que desnudas muestran su hospitalidad al viajero. Y acariciar sus pezones cada vez más duros, pellizcarlos con la delicadeza con la que Aquiles hablaba a Patroclo más allá de la vida. Y empujar, y empujar notando como penetra el pene dionisíaco. Es el placer del sátiro que en pleno bosque sorprende el baño de una ninfa desnuda. Y al final un grito salvaje al unísono, un estertor de placer que fecunda los bosques en la noche, y los puebla de fantasías y cuentos que estremecen a los niños en la oscuridad.

III Sarapata (Semejanza a la divinidad).

La mujer está tumbada con la mirada puesta en el cielo, observando con atención una estrella que alumbra por placer. Abre sus piernas al hombre, las eleva a lo alto hasta apoyar los pies en el pecho del hombre. Y en ese momento éste la penetra profundamente, es el agujero negro que envuelve la estrella. Es el llamado polvo cósmico, en el que, según el Ananga-Ranga de Kalyana Malla, el hombre alcanza la semejanza a la divinidad.

IV Salokata (Residencia en el paraíso).

El hombre se tumba sobre la alfombra tejida de enigmas, y sobre él, abrazando el pene con su vagina, se sienta la mujer, y comienza a cabalgar, a recordar el lento trotar al atardecer, el ritmo continuo del mediodía y el galope furioso de la noche. Y sin detenerse siente el rapto del viento que te deja sin respiración, y sigue danzando con las manos del hombre acariciando sus caderas, agarrado a sus glúteos, besando y chupeteando sus duros pezones, hasta que ambos se desfiguraron de placer. En ese instante el dios y el espejo bailaban juntos y se diría que eran capaces de reconocer el camino que un día les perdió.

*texto escrito José Luis Prieto Neka leído por Blanca Herrera.

 



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