LAS RAZONES DE ERICE
APUNTES AL ESPÍRITU DE LA COLMENA


¿Por qué el Festival Internacional de Cine de San Sebastián rindió homenaje a El espíritu de la colmena en el 30 aniversario de su Concha de Oro, y no lo ha hecho con otras películas? ¿Qué tiene la mirada de Ana para seguir cautivando de ese modo después de tanto tiempo? Cuestiones que nos llevan a otra pregunta, tal vez más trascendente, quizás sin respuesta cierta: ¿qué es lo que convierte a una película en un clásico? Porque no hay duda de que, treinta años más tarde, se puede afirmar, sin miedo a equivocarse, que El espíritu de la colmena se ha convertido en un clásico del cine español. Del cine en general, si queremos ser justos.

Durante estas tres décadas, la película ha sido calificada por los críticos, con mayor o menor acierto, de muy diversas maneras. Cuento infantil, radiografía de la España de la posguerra, la sociedad como manipuladora del hombre, la impresionabilidad en la infancia, homenaje a Frankenstein... Curiosamente, lo único en lo que prácticamente todos los críticos han estado de acuerdo es en considerarla como una de las grandes obras maestras de la cinematografía española. No se trata en este artículo de analizar a fondo la película, pero sí de apuntar algunas de las posibles razones por las que El espíritu de la colmena, como los buenos vinos, ha conservado, incluso aumentado, su valor a lo largo de todos estos años.

Muy someramente, lo que se cuenta en El espíritu de la colmena es la historia de Ana quien, tras ver Frankenstein de James Whale en el cine de su pueblo, cree realmente en la existencia del monstruo y comienza su búsqueda. Además de Ana, los protagonistas son también los miembros de su familia. Su padre, Fernando, absorto en sus abejas. Su madre, Teresa, escribe cartas a un amante que no sabemos si existe. Y su hermana mayor, Isabel.

cartel del espíritu de la colmena

Sorprende, inicialmente, el cuidado con que han sido tratados todos los aspectos técnicos. La fotografía es maravillosa, los elementos que forman los planos están elegidos con toda la intención (las ventanas con hexágonos, que recuerdan una colmena), así como la luz y el color de cada situación (tonos cálidos, cercanos, agobiantes incluso); la música está cuidadosamente insertada en los momentos en que se necesita, y no acoplada para tapar carencias en el ritmo o en la historia; merecen una mención los títulos de crédito, en los que una canción infantil acompaña a los dibujos de unos niños que, no por casualidad, han sido realizados por las dos protagonistas. Esto contribuye a crear las condiciones en las que se va a mover la historia principal, la relativa a Ana y su búsqueda del monstruo. Y, fundamentalmente, el ritmo y el factor tiempo. Al terminar los títulos que dan comienzo al filme, se inserta la leyenda “Hacia 1940”, y el tiempo se detiene, perdemos la noción de lo que significa, hasta que la acción termina y el concepto viene a nosotros nuevamente, de golpe.

Todos estos elementos técnicos, tan brillantes, tan perfectos, sirven de apoyo a lo que se quiere contar, su función es únicamente dar verosimilitud a la narración y hacer que entremos en ese universo, nunca sobrepasan al contenido. Porque, sobre todo, El espíritu de la colmena trata de contarnos algo. Es esa mirada nostálgica a una infancia ya perdida, y nuestra capacidad para sorprendernos, imaginar y creer en lo que queremos creer.
Una época en la que todo es posible: basta pensar que lo es. ¿En qué momento se pierde esa predisposición a la fascinación? ¿Cuándo nos volvemos escépticos, y por qué?
Es un tema inherente al ser humano, y puede que sea por eso por lo que esta obra de Erice siga siendo actual, a pesar de estos treinta años, y a pesar de los treinta siguientes.

REFLEXIONES TRAS EL SUR
LA SOMBRA DE QUEREJETA ES ALARGADA


La proyección de El espíritu de la colmena en la sala 1 del Kursaal durante el último Festival de Cine de San Sebastián se resolvió con un rotundo éxito de público, y volvió a reunir a Víctor Erice y Elías Querejeta veinte años después, tras las diferencias que les llevaron a romper en el rodaje de El sur. Parecía una buena ocasión para olvidar viejas rencillas y congraciarse de nuevo con el público de San Sebastián, la ciudad que les vio crecer, como personas y como hombres de cine. No en vano, ambos descubrieron la mirada mágica del cine en las proyecciones del cine club donostiarra.
La rueda de prensa posterior a la proyección permitió comprobar que la polémica no ha concluido. Asistieron a la misma Víctor Erice, Elías Querejeta (director y productor, respectivamente) y las actrices Ana Torrent e Isabel Tellería (las niñas Ana e Isabel en la película). La hora larga durante la que se prolongaron las explicaciones de los protagonistas y preguntas de los periodistas se concentró casi exclusivamente en Erice y Querejeta, y giró en torno al eterno debate entre el buen o mal momento en que vive el cine español.
Todo se inició con la inocente pregunta de un periodista, que trataba de comparar las dificultades de engañar a la censura en la época franquista, con la que hoy en día impone el mercado.

Para Erice es más feroz la que actualmente decretan las multinacionales (“... es imposible estrenar una película si el proyecto no ha sido previamente comprado por una distribuidora ...”), mientras Querejeta considera que esa tan extendida creencia popular no es más que una de tantas leyendas urbanas (“... en los 30 años que llevo produciendo películas, no ha habido ni una sola que haya sido vendida antes de ser realizada ...”). Siendo verdad, por supuesto, esto que afirma Querejeta, no es menos cierto que a él se le debe considerar como un productor muy particular, al margen del sistema establecido.
el espiritu de la colmena
Una especie de rara avis en el pasteleo en que se ha convertido la decadente industria cinematográfíca española. Y así, entre pocos acordes y muchos desacuerdos, se esfumó el tiempo acordado para la rueda de prensa, en el que se pudo comprobar que las diferencias entre estos dos genios del cine español (cada uno en su campo), parecen seguir siendo irreconciliables. Al menos pudimos ver un aparentemente sincero apretón de manos al final de la proyección de la película aunque, eso sí, antes de que tuviera lugar la rueda de prensa.
Y, mientras tanto, la frágil estructura que sostiene al cine de nuestro país sigue permitiéndose marginar a un maestro como Erice. No puede atravesar un buen momento quien desprecia al que le ha dado buena parte del poco prestigio que le queda en estos momentos.
Pero así funcionan aquí las cosas, y parece que así seguirán funcionando.

Iñigo Santamaría (sept'03)

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