soñadores

Bernardo Bertolucci


Lamentablemente el título de esta película puede perfectamente definir el trabajo tanto de su director Bernardo Bertolucci como del guionista Gilbert Adair por su soporífera y freudiana forma de recordar la historia.

Basada en la novela The holy innocents, escrita por el propio guionista en 1988, la ambientación histórica no trasciende más allá de la pura anécdota, vista como un momento fugaz de la vida de unos personajes imberbes, carentes de un punto de referencia y situados
accidentalmente en un mayo del 68 que sirve de baluarte para dar sentido cultural a la explosión sexual de la adolescencia.
De hecho, el retrato psicológico de los tres querubines es del todo desalentador.
Mientras en la calle se desatan las revueltas que terminarán con la claustrofobia cultural del momento, Bertolucci encierra a sus personajes en un egocentrismo cultural que imposibilita su verdadero desarrollo y los aleja de toda revolución.
Como bien dice Matthew a Théo en una de sus pocas conversaciones coherentes, los tres están capacitados para debatir y analizar el momento histórico, pero no participan activamente en la lucha por la libertad que tanto anhelan.
Contradictorios, por tanto, si tenemos en cuenta las ideas de suicidio de Isabelle por el temor a ser descubierta en sus devaneos incestuosos.
Un gran director, en fin, para una película que decepciona al espectador que pretenda rememorar aquella revolución cultural.
Un sueño hecho realidad para los que vivimos pendientes de imágenes, palabras y música que den sentido a nuestras emociones. Llegados a este punto no dejo de preguntarme: ¿resultaría ahora tan fácil encontrar libertarios sexuales que amen el noble arte del cine?. Se buscan cinéfilos

 

enero'04

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