BIG FISH

 

Por Diego Rodríguez

 

Entramos en la sala oscura, nos acomodamos en la butaca, abrimos los ojos y nos encontramos con un gigante de buen corazón, con un director de circo hombre lobo, con dos siamesas coreanas que se fugan de su país para poder cantar y llegar a ser estrellas, nos encontramos con un pueblo perdido en el interior de un bosque mágico en el que todo es perfecto, de repente, se encienden las luces de la sala y nos preguntamos como una película nos puede hacer tan felices.
Como el hacer cine puede parecer algo tan sencillo y a la vez tan complicado, nos preguntamos porque Tim Burton hizo “El planeta de los simios” y nos decepcionó tanto y sobre todo nos preguntamos porque es tan difícil que alguien con ese talento natural para contar historias, un director que ha demostrado que puede hacer dinero en taquilla recreando su propio universo, porque es tan difícil que le dejen hacer su cine con libertad, es una pregunta con una respuesta obvia pero que siempre conviene hacerse para no olvidar en que mundo vivimos.

El guión de “Big Fish” estuvo pasando de mano en mano en Hoollywood durante años, casi desde su publicación como novela y tras su inesperado éxito de ventas, directores como Steven Spielberg o como Ron Howard se interesaron por él, pero por motivos desconocidos, (quizá el destino si existiera), al final cayó en las manos de Tim Burton.

Un film de encargo como lo fuera “Ed Wood”, pero que le venía como anillo al dedo, por su argumento lleno de fantasía poética, por sus personajes freaks, todo un cuento apropiado para el talento visual de este genial director que usa a toda esa fantasía, a todos esos freaks para contar siempre una historia de falta de entendimiento, de falta de diálogo, de temor a lo extraño, en este caso nos hace preguntarnos porque no hablamos más con nuestro padre, porque no le conocimos mejor cuando podíamos, nos preguntamos porque la vida real no es como en el cine.

 

Diego Rodríguez (marzo'04)

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