Es conocida por el público la debilidad de Vicente
Aranda por el universo femenino.
En este film el director ha dado en el clavo al presentarnos
a Paz Vega, actriz que emana erotismo y libertad en cada plano, como
una Carmen transgresora, moderna, que busca su propio camino y se entrega
al amor sin perder su identidad femenina. Es en este caso Leonardo Sbaraglia,
colosal en su papel, quien cae rendido a los encantos de la protagonista
y queda atrapado por su personalidad. Pocas películas invierten
los papeles que la sociedad asigna al hombre y a la mujer. Vicente Aranda
casi siempre lo consigue. Carmen es la que dicta los cánones
de la relación y decide cuándo, cómo, dónde
y por qué. José no ha sido educado para amar a una mujer
independiente y segura de sí misma.
Poco importa el relato, o la época retratada. La puesta en escena es la excusa que nos desvela la pasión y el drama amoroso de sus personajes, accidentales en el tiempo y por tanto de rabiosa actualidad. Pese a todo lo expuesto me quedo con la secuencia final. Esos planos desgarradores que a través de la mano de José muestran el cuerpo inerte de Carmen, cuerpo que al fin le pertenece. Es entonces cuando aflora el amor puro y sin concesiones, sin testigos que le juzguen. Esas lágrimas son reales. Como la muerte de una mujer, víctima de una pasión mal entendida. Luna (dic'03)
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