CARMEN

Es conocida por el público la debilidad de Vicente Aranda por el universo femenino.
Su filmografía se caracteriza por la búsqueda incansable de un modelo de mujer que aún hoy resulta idílico para muchas de nosotras. Mujeres rebeldes, que escapan de la norma social y que disfrutan de su sexualidad sin tapujos y con convicción.

En este film el director ha dado en el clavo al presentarnos a Paz Vega, actriz que emana erotismo y libertad en cada plano, como una Carmen transgresora, moderna, que busca su propio camino y se entrega al amor sin perder su identidad femenina. Es en este caso Leonardo Sbaraglia, colosal en su papel, quien cae rendido a los encantos de la protagonista y queda atrapado por su personalidad. Pocas películas invierten los papeles que la sociedad asigna al hombre y a la mujer. Vicente Aranda casi siempre lo consigue. Carmen es la que dicta los cánones de la relación y decide cuándo, cómo, dónde y por qué. José no ha sido educado para amar a una mujer independiente y segura de sí misma.
El director nos brinda en imágenes la realidad sangrienta de la pareja enfrentada. El hombre que aprovechaba la fuerza física y el poder económico para imponer su voluntad frente a una mujer sumisa, ve peligrar su posición social porque no sabe o no quiere saber que la relación sentimental es cosa de dos. Ese la maté porque era mía nos resulta desgraciadamente demasiado familiar.

Poco importa el relato, o la época retratada. La puesta en escena es la excusa que nos desvela la pasión y el drama amoroso de sus personajes, accidentales en el tiempo y por tanto de rabiosa actualidad. Pese a todo lo expuesto me quedo con la secuencia final. Esos planos desgarradores que a través de la mano de José muestran el cuerpo inerte de Carmen, cuerpo que al fin le pertenece. Es entonces cuando aflora el amor puro y sin concesiones, sin testigos que le juzguen. Esas lágrimas son reales. Como la muerte de una mujer, víctima de una pasión mal entendida.

Luna (dic'03)


sección CINE .. espacios WEB .. VA-Web