kill bill

Tarantino

Por Diego Rodríguez

Hace ya tiempo un hombre llamado Sergio Leone cambió el modo de hacer y ver cine, parodiando los clichés del western clásico, llevándolos al extremo y haciendo que toda una generación de espectadores se contagiara de este espíritu desmitificador,

y que estos espectadores, futuros cineastas, llevaran ese estilo como bandera abandonando cualquier tipo de clasicismo mitificador, muchos jóvenes descubrieron ese cine en los video-clubs, revisando estas viejas películas, tan modernas y alejadas del cine clásico de Hollywod, llegando a asumirlas como ejemplo a la hora de hacer cine.
Tarantino, ávido espectador de estos filmes toma buena nota ya en su primera película “Reservoir Dogs”, todo un homenaje a Sergio Leone, a Don Siegel, a Sam Peckinpah. El personaje de Tim Roth tirado en el suelo desangrándose hasta extremos casi cómicos, es a la vez un homenaje y un guiño a otros nuevos autores posteriores como John Woo o Tahashi Miike,
y el humor salvaje sin complejos de su segundo filme “Pulp Ficcion” es ya una seña de identidad propia una especie de marca de estilo, el estilo Tarantino, hacer cine divertido, sin complejos, un estilo que ha marcado una década, la de los 90, y que ha marcado por ese humor salvaje y no por su supuesta ruptura de los cánones narrativos, su montaje hacia detrás tan copiado después, no es nada nuevo,
en realidad no es más que el método de narración clásico colocando los tres elementos de la narración ( presentación, nudo y desenlace) en diferente orden pero sin ser eso innovador en ningún momento.
Kill Bill es una fiesta de cine divertido con una mezcla brillante de géneros, la parte de animación manga es sencillamente genial, en la que Tarantino busca continuamente la complicidad del espectador,

busca con descaro que pensemos en lo que vemos, se permite el lujo de no enseñar al “malo” en todo el filme y no nos importa. Brillante y lúdica.

 

 

Kill Bill 2

Diego Rodriguez abril'04

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