MAR ADENTRO

por

Diego Rodríguez

“Sólo hay una cosa peor que se te muera un hijo, ……que quiera morirse ……”, esta frase resume quizás el alma del film. Esta película habla de eso, del espíritu, del alma, de si vivir es respirar sin más, o de si para vivir hay que sentir la vida con todos los sentidos. Amenábar toma partido desde el principio, y nos cuenta la vida de un hombre peligrosamente lúcido, inmovilizado en una cama, que quiere disponer de su vida como cualquier ser humano, tener libertad para elegir y nos lo cuenta con un dominio del lenguaje clásico difícil de superar.
Nos introduce en los sentimientos de una persona con sensibilidad y maestría, sin ahorrarnos ninguna lágrima y, mucho más difícil, sin caer en el sentimentalismo fácil. Nos olvidamos durante la proyección de que ese hombre quiere morir, y queremos conocerle y animarle, aunque su decisión ya esté tomada y sea precisamente ése el problema, que todos a veces nos creemos con el derecho a decidir sobre la vida de los demás.
El estado es el primer intruso a la hora de tomar esas decisiones, años de nacional-catolicismo pesan aún en nuestra sociedad, y todos olvidamos que aunque sea con la mejor intención del mundo, cada persona debe decidir cómo vivir y cómo no quiere, bajo ningún concepto, seguir viviendo. Siempre o casi siempre nos equivocamos al ponernos en el lugar de esa persona que sufre.
Después de cuatro películas, Amenábar nos vuelve a demostrar que domina como pocos hoy en día, el difícil arte de filmar los sentimientos, siempre desde un rincón, invisible, como otro espectador cualquiera.

 

Diego RodriguezAlmudena Villarreal Septiembre '04

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