Cualquier seguidor de la literatura
de ciencia ficción puede encontrar en Matrix, numerosos guiños
a sus escritores favoritos. Desde Un mundo feliz de Aldous Huxley, donde
la manipulación genética del individuo le sirve al autor
para explicarnos si somos dueños de nuestras acciones o servimos
para que el mundo siga funcionando, hasta el famoso y clásico
mito de la caverna de Platón donde, adaptado a la actualidad,
sólo seríamos sombras, reflejos de lo que imaginamos es
la realidad. | |
| Ese mundo de lo no real, que de forma tan dramática
descubre Neo en la primera entrega, se nos presenta a los espectadores
como la respuesta a muchas fantasías que seguro hemos tenido
alguna vez. Y nos impacta. Salimos del cine buscando teléfonos
móviles, gente corriendo con abrigos de cuero. Sin embargo seguimos
sin ser conscientes del planteamiento de la película. Matrix
nos abre los ojos a la realidad. Nos descubre lo que somos: la no realidad
de Matrix es nuestra propia realidad. |
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Nosotros, los ciudadanos no somos más
que instrumentos de consumo y producción que generan pérdidas
o beneficios según creamos o no en el sistema económico
actual. Y precisamente esta realidad es la que han confirmado las dos siguientes entregas de Matrix. |
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Conociendo ya el éxito de la primera, los
productores han incorporado al guión toda una serie de roles
y estereotipos actuales que poco o nada tenían que ver con el
planteamiento inicial. El plagio de Matrix Revolutions hacia cualquier
película de acción ha degradado la saga y no ha conseguido
mantener el grado de compromiso que mantenía el guión
original. La fuerza de los personajes se pierde dando prioridad a los
efectos especiales y al espectáculo gratuito. Trinity se convierte
sin motivo aparente en amante sumisa sin capacidad de decisión.
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| Morfeo se convierte en el político-líder
de masas que utiliza frases sacadas del mejor libro de merchandising. Luna. (dic'03) |
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