LOS TRES ENTIERROS DE MELQUÍADES ESTRADA
por Diego Rodríguez .

Me gustaría invitar a cada espectador a “leer” lo que cada cual vea en la película. Somos una nación de gentes buenas, aunque yo mismo no me pueda explicar lo que les hacemos a los que vienen de fuera. Vivimos en un tiempo en el que sospechamos de todos y no sabemos ver que todos tenemos mucho en común. No he querido hacer un discurso ideológico…” Estas palabras del propio director Tommy Lee Jones definen muy bien esta bella película, cruce de Road Movie y Western crepuscular.

melquiades estrada

Es este un film de miradas, discretas, sutiles, pero siempre demoledoras, miradas implacables a una sociedad, la de EEUU y por mimetismo la de todo Occidente, que moralmente está perdiendo la batalla. Parece como si el ser humano hubiese tirado la toalla, hay una desidia generalizada; el todo vale y la pérdida de ideales son un hecho.
EEUU, el país de la libertad, de la primera declaración de los derechos del hombre parece haber emprendido un viaje hacía ninguna parte convirtiéndose en la nación del millón de Iglesias sin que nadie parezca capaz de evitarlo.

Hay una mirada en el film, un pequeño plano que sin palabras nos cuenta qué ocurre. En esta secuencia-mirada, el personaje que interpreta January Jones, aburrida y desesperada, observa a través de la ventana de la cafetería, a una vecina de la localidad tomando el sol enfrente de su casa móvil (lo que aquí llamamos caravana), en este plano el miedo se refleja en su mirada con una intensidad pavorosa, es un miedo a convertirse en aquello que más teme. Lo que ve representado en esta mujer es el miedo a esperar sin objetivos a que pase el tiempo, siente el miedo a engordar poco a poco, es un miedo a no vivir o quizá sea miedo a seguir viviendo de esa manera para siempre. Es una clase de miedo que todos tenemos a veces, aunque hace falta haber nacido pobre para entenderlo y sentirlo con esa certeza. Nos bombardean a todas horas desde niños con la posibilidad de cambiar, de ser más guapos, delgados, felices, de que todo lo que nos propongamos es posible solo con trabajar duro y desearlo. MENTIRA. Para mentiras las de la sociedad, todo promete pero nada nos da.

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Al final siempre queda el consuelo de seguir tu camino de forma coherente y encontrar en el camino a un Melquíades con el que poder pasar unos momentos de paz, cuando muera poder enterrarlo donde le plazca y después marcharte y vivir libre, por supuesto a caballo.

Tommy Lee Jones demuestra en esta película que posee una mirada propia y un mensaje coherente que reflejar, se convierte en un francotirador impagable a la hora de mostrar a los seres humanos con todas sus contradicciones. En este film nos recuerda mucho al Peckinpah de “ Quiero la cabeza de Alfredo García ”, pero más que a ese film, esas miradas serenas y llenas de profundo humanismo son un reflejo de lo que ya hizo Sam Peckinpah en “ Junior Bonner ” retratando otra década, la de los 60 con sus profundos cambios.

Diego Rodríguez . (feb'06)


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