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“Cosas Que No Se Olvidan”:
Todd Solondz, 2000
Con cierto retraso, (tres años de nada) se estrena en nuestros
cines lo último de Solondz, creador de las estupendas
“Happines” y “Bienvenido a la Casa de las Muñecas”.
Presentada en el pasado festival de Cannes y San Sebastián,
tiene el lastre, para empezar, de su confusa traducción española
del título original: “Storytelling”.
Si a eso le sumamos su estreno en las salas comerciales más comerciales,
donde compite con Will Smith o mequetrefes del pelo, además de
una campaña publicitaria donde se congratulaban los distribuidores
que la versión era íntegra y sin censuras, a más
de uno le entendería determinados ataques de repelús.
Pero aún así, una estupenda banda sonora de Belle
and Sebastian ya podría ser motivo suficiente para retractarse
en taquilla.

La historia se desarrolla en base a dos partes, “Ficción”
y “No Ficción”.
La primera narra las ilusiones de un grupo de universitarios aspirantes
a escritores tutelados por un afamado escritor de raza negra. La vuelta
de tuerca al sueño americano se estigmatiza con más fuego
al rojo vivo si cabe de lo que el autor acostumbra. A saber, un joven
con parálisis cerebral ve truncada su ilusión literaria
a costa de un profesor prepotente, lo que vuelca el tópico de
las barreras vencidas por un impedido de la sociedad (léase Forrest
Gump) y su novia, que se ve sometida al juego sexual de dicho profesor
en una larga y explícita secuencia. “No Ficción”
insiste en el tema del sueño americano reflejado, como siempre,
en la familia acomodada norteamericana con hijo “rebelde sin causa”.
Ese hijo adolescente que soslaya el camino a seguir que sus padres le
moldean desde pequeño sirve como base para que un aspirante a
director idee su primer documental. En un alter ego del Solondz, (su
parecido físico es notable), el director del mismo va filmando
de primera mano las inquietudes de Scooby, icono de la edad del pavo,
y su escasa ubicación entre un hermano popular en el instituto,
otro repelentemente superdotado, un padre sin más aspiraciones
que las que su trabajo implica y su mojigata madre. Un documento que
va derivando en tragedia, donde el espectador, tanto el de la sala como
el del documental, ríe de la acidez de su planteamiento cuando
la realidad es tan triste, o más, que la que ambos directores
retratan. La diferencia estriba en la corrosiva consciencia de uno (Solondz)
y la buena fe del otro.
Álvaro Fierro'03
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