YOUNG ADAM

por

Almudena Villarreal

Las historias de amor entre el cine y la literatura no siempre han resultado fructíferas. En la mayoría de las ocasiones resultan ser matrimonios anclados en costumbres, rutinas y muy alejados de toda creatividad. Los espectadores, anclados en sus butacas, se dejan hacer, y observan atónitos la muerte en imágenes de aquella obra magistral que algún día tuvieron en sus manos. Somos los amantes sufridos, resignados a continuas decepciones, pero fieles siempre a la esperanza de un nuevo filme que nos redima, que nos vuelva a estremecer como la primera vez.
Young Adam nos estremece, y de qué manera. Su director David Mc Kenzie, logra atrapar en imágenes las obsesiones escritas por Alexander Trocchi (novelista escocés por descubrir) demostrando que son lenguajes independientes, y que cada uno tiene sus propios recursos.
Mc Kenzie transmite a la perfección la complejidad interior del protagonista (Ewan McGregor) a través de una excelente fotografía que pinta de suciedad los colores y resta claridad a los paisajes, que acerca los planos hasta sentir claustrofobia, y que amenaza de silencios el grito unánime del que ha perdido toda esperanza.

Tilda Swinton y Peter Mullan son los cómplices de este desarraigo. Historias oscuras para quienes la autodestrucción es la respuesta a un pasado del que difícilmente pueden escapar.

 

Almudena Villarreal Septiembre '04

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