Festival Internacional de cine de Las Palmas de Gran Canaria
 
 
 www.festivalcinelaspalmas.com  
    
    
   
    
   
   
    
   
   
   
   
   
    
   
   
     
 

   LA MUJER SIN CABEZA, DE LUCRECIA MARTEL

 


por J.D.Gonzalez  

Lucrecia Martel es la figura femenina más reconocida en el mundo del cine independiente argentino. Su tercera película, La Mujer Sin Cabeza (en España, La Mujer Rubia), ha sido motivo de polémica con la crítica cinematográfica, sobre todo después de los abucheos de Cannes.


Lucrecia Martel rodando

Esta vez, su estilo se ha estilizado, purificado, centrándose de nuevo en los problemas de la burguesía actual argentina, pero de una manera más sutil y particular. Según sus palabras, el punto de partida es más que interesante.

“Hay ahí un fenómeno que a mí me encanta –que pasa mucho más en la provincia, o en ciertos medios; o pasa en determinados estratos sociales-: de golpe uno queda, no digo “amnésico”, porque no es amnesia lo que la protagonista de la película tiene; pero queda como en Babia, queda flotando. Y es la red social a la que uno pertenece la que te vuelve a llevar por los mismos lugares a los que deberías haber ido si no hubieras estado en Babia.” (Lucrecia Martel)


Plano fijo de Verónica tras el accidente.
¿Qué son esas marcas en los cristales? Parece la mano de un niño.

El suceso de un accidente fortuito en una carretera secundaria en un lugar despoblado cambia la vida de Verónica. El temor se apodera de ella y huye sin mirar a quien ha atropellado. Parece un perro.


Vista desde la luna trasera. ¿Será un perro?

A partir de este suceso inicial, vive aprisionada bajo el poder del miedo. Absolutamente todo la asusta, y aunque su situación económica y vital es inmejorable, el posible atropello de algo más que un perro empieza a gobernar en todos los aspectos de su existencia. La cámara toma la función de un personaje más, colocándose tras su cabeza, como queriendo indagar en los pensamientos que esconde bajo su teñida melena rubia.


Plano de detalle de La mujer rubia

Los pequeños fragmentos de la vida cotidiana de Verónica, antes del accidente, permanecían unidos en armonía, como si cuentas de un collar se tratasen. Sin embargo, el repentino suceso funciona a modo de tijera que corta el hilo, rompiendo la estabilidad y la seguridad de la persona. Todo entonces empieza a ser extraño, peligroso. El sentimiento de “unheimlich freudiano” se ha instalado en su vida, y pasará mucho tiempo hasta que pueda volver a encontrar la fuerza que necesita para estabilizarse.

El término “Unheimlich” deriva de de la palabra “Heim" (la casa, el hogar, la familia), significando lo bien conocido, lo íntimo y lo familiar, y por tanto todo aquello que nos da una protección especial y nos hace sentir seguros y confortables. Es precisamente el prefijo “Um-“ la que le da un sentido privativo al sustantivo, por lo que la palabra completa parece referirse a un mundo desconocido y lúgubre, de terrores inexplicables y seres malvados y amenazantes, con la particularidad de que todo ese universo se encuentra en el interior del sujeto que lo padece.


Verónica en medio de una crisis nerviosa. Uno de los trabajadores trata de ayudarla

La realidad ordenada, cercana y acogedora se ve rota por este sentimiento tan íntimo, provocando un descontrol de la situación y estableciendo un nuevo orden, o más bien desorden, en el que los objetos y las personas han sustituido su significado original por otro más misterioso e inquietante, que nos hace sentir inseguros y a la deriva. Todo ello nos provoca una angustia vital que no sabemos combatir, sintiendo que todo lo que se muestra a nuestro alrededor se vuelve extraño y desconocido.

El mundo parece encubrir un sentido propiamente metafísico, cuya inaccesibilidad al conocimiento nos deja totalmente al borde del colapso sin una referencia clara a la cual dirigir nuestras vidas produciendo en el paciente una intensa sensación de Melancolía.

Parece que Lucrecia Martel, con esta película, ha dejado de lado un poco el mundo complejo y metafórico de La Ciénaga para centrarse en la vida de una persona concreta, aunque podamos encontrar claves comunes a todo su cine, como el uso de la metáfora de la pileta, símbolo de opulencia de la clase poderosa argentina, y la meticulosa descripción de las diferencias sociales.


Verónica pasea por el pueblo indígena. Al fondo unos niños juegan.
Los recuerdos se agolpan provocando el miedo.
¿Serán los amigos de la persona que murió en el accidente?

Sin embargo, el film no nos descubre nada nuevo tras la escena del accidente, reincidiendo una y otra vez en la repetición de situaciones, de diálogos y de planos. A mi modo de ver el sonido está desaprovechado, y la imagen no sirve para potenciar más la idea que quiere transmitirnos del mundo interior de Verónica. Parece que el punto de partida es bueno, aunque no tan ingeniosamente original, pero el desarrollo es pobre y simple. La eliminación de otras vías de evolución para personajes secundarios, como ocurría en La Ciénaga y La Niña Santa, le ha quitado riqueza al guión y no aporta nada más a la película. Para Lucrecia, Más debe ser siempre más.

Si no hay una nueva reflexión sobre la imagen, tampoco sobre el sonido y se quiere prescindir de un guión rico en situaciones y arquetipos, nos queda muy, muy poco. Tan sólo una pequeña reflexión sobre problemas existenciales y psicológicos que pasean sobre una lejana metáfora sobre la situación del país. ¿Algo más?

J.D.González. marzo 2009