Festival Internacional de cine de Las Palmas de Gran Canaria
 
 
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   EL CINE ARGENTINO

 


por J.D.Gonzalez  

  Este año la presencia del cine argentino ha sido mayoritaria y un tanto exagerada. Dos ciclos completos más películas en Secciones Paralelas, como Déja Vú y Nuevos Directores, varios representantes como miembros del Jurado, un libro conjunto conmemorativo, etc. El cine argentino ha copado todas las parcelas del Festival, haciéndonos ver como la crisis económica que está padeciendo el país nada tiene que ver con la cultural, aunque también pueda parecer demasiada la importancia que se le está dando, sobre todo en lo que se refiere al concepto de nuevo.

Últimamente todo está impregnado de aquello que es nuevo: nuevo estilo, nuevo movimiento y nuevo cine, junto con sus respectivos nuevos cineastas. Cada año, la crítica descubre dos o tres cinematografías de otros tantos países exóticos, mientras un público reducido de cinéfilos confundidos espera la película más original, como quien lo hace para saber cuál va a ser el estilo que se va a llevar este año. Los primeros críticos que saquen a la luz el nuevo cine se llevarán las primeras medallas.


Protagonistas de Historias Extraordinarias: H (Agustín Mendilaharzu),
X (Mariano Llinás, también director del filme) y Z (Walter Jacob)

No comprendo cómo podemos estar hablando de los mismos conceptos desde los años sesenta. Parece que sólo la palabra “nuevo cine” implica calidad, imaginación, originalidad, y sin embargo es un trampantojo superficial que oculta una mejor visión de la realidad. No creo en los nuevos cines, ya que de alguna manera se convierten en estrategias políticas de promoción del país.

Yo creo que un movimiento es el resultado de una actitud y una forma de ver la vida de una comunidad pequeña de personas, una región o incluso un país. Como consecuencia de ello, surgen una serie de artistas que representan los valores de esa sociedad a la que me refiero. Además no se desarrolla sólo en un campo concreto del Arte, sino que generalmente va acompañado por una variedad de manifestaciones artísticas que conviven íntimamente, dando lugar a un caleidoscopio rico y sugerente.


Fotograma de La Libertad, primer film de Lisandro Alonso.
Una de las mejores aportaciones del Cine Argentino en los últimos años

Es lo que pasó, por ejemplo, en España a finales de los setenta y comienzos de los ochenta, cuando bajo el nombre de La Movida se encuadraron una serie de autores, manifestaciones y propuestas que suponían una actitud de cambio en el país. Pero más allá de la mejor o peor calidad del movimiento, lo más importante era la actitud abierta que todos tomaron, en la que se valoraba al mismo nivel todo el producto extranjero tanto como el nacional. Esa actitud de apertura de miras, del país en general y de los artistas en particular, fue lo que permitió que por aquel tiempo España se pusiera a la altura de los grandes focos culturales en el mundo.

El caso de Argentina es distinto. Aquí lo que pasó fue una gran crisis política, económica y cultural. Consecuencia de eso, a mediados de los años 90, se llegó a un punto sin retorno. El cine nacional estaba anquilosado en unas estructuras viejas y carcomidas que necesitaban una renovación total. El cine artificioso, teatralizado y literario, representado por Eliseo Subiela como figura más sobresaliente, tenía los días contados. Sin embargo, algo empezaba a cambiar.


El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela

Dos son los principales factores de renovación: la creación de la FUC (Federación Universitaria de Cine, afincada en San Telmo), que irrumpe muy fuerte con el filme colectivo Historias breves, y la creación en 1998 del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, BAFICI, que avala a los nuevos cineastas y les da proyección internacional. Hoy todavía sigue ese “boom” de cineastas argentinos, que pueblan las secciones de los grandes festivales.

Aunque poco a poco se va produciendo el cambio, las ayudas gubernamentales siguen siendo pocas y escasas. Los críticos argentinos, sin embargo, defienden su cine hasta la muerte, formando junto con los propios directores y actores de las películas una especie de comunidad de autoayuda, con el fin de potenciar la autopromoción en los mercados extranjeros.

Sin embargo, si intentamos analizar lo que es realmente el Nuevo Cine Argentino (1999-2008), no vemos nada renovador en él. Es cierto que la producción ahora tiene un aire más fresco e interesante, y que cada año salen nuevos directores jóvenes, con filmes que se cuelan en la programación de Cannes, Venecia o Berlín, pero en comparación con otras cinematografías actuales, como el cine filipino, el chino, el tailandés o la verdadera escena actual independiente norteamericana, hay que reconocer el cine argentino está varios escalones por debajo, por mucho que sus críticos nos intenten hacer ver que no es así.


El Festival Internacional de Cine de Buenos Aires (BAFICI)
ha supuesto en estos diez años un impulso decisivo para el Cine Argentino.

Teniendo esto en cuenta es posible destacar algunas figuras importantes, algunas películas y algunos posibles momentos de frescura de la producción independiente argentina. Hablaré entonces de algunos filmes, todos ellos proyectados en el Festival de Cine de Las Palmas, con el fin de centrarme en los aspectos que considero interesantes dentro de este movimiento.

J.D.González. abril 2009