Festival Internacional de cine de Las Palmas de Gran Canaria
 
 
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   CANADÁ, DE RAÚL PERRONE

 


por J.D.Gonzalez  

La última aportación de El Perro, como le gusta darse a conocer, es significativa y trascendente. Este creador de Ituzaingó (distrito de la periferia de Buenos Aires, Argentina), que lleva desde los años 90 explotando las posibilidades del cine digital, es la figura más desconocida y más fascinante del cine argentino hoy día. Siguiendo una línea propia y totalmente fuera de lo que se considera mainstream, El Perro lleva desde los años 90 retratando personas, inventando historias y capturando momentos de lo que sucede en la vida del barrio que lo vio nacer.

Aquí se encuentran las diez reglas de oro de su cine, con las que siempre trabajó, a excepción de una pequeña incursión en el formato de 35 mm. La Mecha pasó a la posteridad como film de culto y dio la razón a Perrone con sus experimentos en digital, frente a los que pensaban que tendría que dar el salto al celuloide.


Decálogo de Perrone. nov-1998

Dividida en dos porciones de vida, los días 7 y 8 del mes, la película detalla la irremediable rotura del temprano amor de un chico de raza asiática y su novia argentina, momentos antes de que el chico se vaya a Canadá, donde se reunirá con su hermana. Ella cree que no se volverán a ver más y por eso sufre.

HD ensuciado hasta el impresionismo, piar de pájaros y palomas, quietud aderezada con el sonido del viento moviéndose entre el ramaje, dos teenagers en posición de pic-nic a vueltas con su Whisful Thinking, callados. ¿Se puede de alguna manera definir mejor lo que es el fin del verano, el fin de la adolescencia, el fin de una relación juvenil insostenible, el fin de siglo, el fin del mundo?

Tras el diálogo infructuoso, la chica, contrariada, va dar un paseo por el parque. Desaparece. El chico sale en su busca pero no la encuentra. La cámara lo sigue a través del ramaje en larguísimos planos secuencia.

Aquí es cuando la magia del HD aparece. La imagen sin definición se pasea por el bosque, mezclando la textura digital con la textura natural (la del verde y pardo de los árboles y veredas). El sonido ensuciado se amalgama con la película creando sensaciones diversas durante el paseo. Perrone, como un pintor, va mostrándonos su visión personal de la Realidad y del Amor, demostrando una vez más que la economía de medios repercute en un mayor aprovechamiento de los mismos.

El encuentro de los dos concluye con un paseo en bicicleta mientras la música rockera aparece para celebrar la nueva unión. Las filas de casas tras los tendidos eléctricos y el gran cielo nublado envuelven la alegría de los chicos, haciéndonos entender en un solo golpe de plano cómo funciona la vida en Ituzaingó.

La segunda parte del diario de Perrone se desarrolla entre médicos y piletas. La columna vertebral de Huang está desviada. La solución, ejercicios en la piscina. Jacqueline le observa sentada mientras piensa en la fragilidad de su chico. Todo es un poco absurdo: el mecánico chapoteo de los pies en el agua, la estúpida voz del monitor dando instrucciones, el novio que se va. No sabremos nada de la vida que vivirá Huang en Canadá. Lo único que queda claro es que Jacqueline se entrega a él de manera desinteresada y este problema los ha vuelto a juntar… pero él se va.

La luz es de un azul cielo artificioso. La piscina se ha convertido en un símbolo de riqueza en Argentina. Tener una pileta simboliza el poder y la ampulosidad. El cine de Lucrecia Martel lo sabe bien. Sin embargo, aquí la metáfora adquiere matices diferentes. ¿Será capaz el agua clorificada de curar la desviación de la columna de Huang? ¿Será capaz Canadá, el país, de hacerlo? La decisión está ya tomada.

La cámara de Perrone muestra un pedazo de vida normal, de acciones cotidianas. Sin embargo, también capta la poesía que se esconde tras ellas. Su acierto está precisamente en eso, en no inventar nada, sino en dejar que la vida pase delante de su ojo. Y eso es todo.

J.D.González. marzo 2009