SEMINCI 2005

Luna

viernes 28


CULTURA OFICIAL EN EL CALDERÓN
Butacas a la medida de los políticos
El protagonismo cultural en la ciudad de Valladolid, lo tiene sin duda la semana internacional de cine de Valladolid. Un propósito cultural donde sin duda alguna se publicita el respaldo que los organismos políticos oficiales (y otros que no lo son tanto) mantienen con la cultura y ciudadanos, creando una imagen de armonía y complicidad que interesa sea captada por los medios de comunicación. Todos, ciudadanos y políticos unidos con el cine más internacional. Todos de acuerdo en este proyecto. Toda la ciudadanía cinéfila y comprometida. Todos inteligentes y libres durante una semana que pretende ser imagen de lo que somos el resto del año.


Sí que es verdad que existe en Valladolid una marcada inquietud cultural y durante todo el año, sin embargo no debe ser conocida por nuestros políticos, que después de la SEMINCI, sólo conocen la programación del Calderón, ésa a la que hay que ir de largo y con corbata y a la que acuden todos juntos saludándose como si no se hubieran visto desde la proyección de Hierro 3. Pues bien, esa inquietud que se refleja en el esfuerzo continuado de unos pocos valientes, acerca a nuestra ciudad, numerosas actividades englobadas en las más diversas materias. Con respecto al medio cinematográfico, Valladolid puede sentirse orgullosa de que en los últimos años hayan aparecido dos festivales de los que la prensa casi nunca se hace eco o por lo menos no ocupa extensos reportajes. Uno es el Festival de Cortometrajes La Fila a través de su asociación cultural y otro es el Festival Internacional de cine Gay y Lésbico, (éste último con una trayectoria más larga), abanderado por Fundación Triángulo, cuya representación abarca el territorio nacional. No pretendo hablar en nombre de nadie; sólo muestro mi desconcierto y me pregunto cuál es el baremo que utilizan nuestros políticos para apoyar determinadas inquietudes. Una asociación de larga trayectoria como la muy conocida y respetada letras de cine, ha tenido que emigrar en su edición a Cataluña también por falta de apoyos. Las proyecciones de esta asociación, llevadas a cabo en la universidad y elegidas con mimo de cinéfilo, donde algunos descubrimos la vocación por este mundo de la imagen pasaron a mejor vida por falta de presupuesto. Con esto quiero decir que la cultura no sólo está representada por la Semana Internacional de Cine de Valladolid, y que si algunos proyectos desaparecen no es por falta de responsabilidad por parte de quienes lo realizan. Quizás la dificultad esté en mantenerse fiel a unos principios que chocan con un sistema cada vez más globalizado, cada vez con más poder y que sin darnos cuenta nos envuelve por medio de chantajes económicos en el pensamiento único.


Claro ejemplo viene a ser la sección oficial de la SEMINCI, por ser ésta la que mayor difusión obtiene de los medios nacionales y extranjeros, y por tanto la que mayor control sufre de los organismos oficiales. Los principios que debían sentar las bases de un festival comprometido con los acontecimientos sociales, políticos y económicos y servir de trampolín a tantas voces obligadas a callar por productoras y poderes económicos, van edulcorándose a medida que pasan los años sin apenas darnos cuenta. Por cada edición sólo se salvan de la criba una media de tres o cuatro películas que curiosamente resultan polémicas y rechazables para la conciencia del espectador (este año de momento Caché y Factotum). El resto de las películas no son más que temas tratados habitualmente en el cine comercial, disfrazados del toque director/ra progre "yo lo ambiento en una época histórica conflictiva" (Water viene a ser el ejemplo perfecto, porque en el fondo es una historia de amor entre dos personajes de distinta clase social como esas pelis "tan románticas" de sobremesa. Y aquí incluyo conscientemente la temática principal de toda telenovela que se precie). A veces tengo incluso la sensación de recibir el mensaje censurado, como si el director, tan agradecido por levantar testimonio, no quisiera pasarse demasiado con quienes en el fondo le dan de comer (véase Hermanas, cuya directora advierte que no quiere juzgar a la generación que le precede. Por lo visto Argentina no sufrió de dictadura, asesinatos y exilio de muchos de sus compatriotas)


Los jefes de despacho se lo han currado muy bien. Aquellos que en un momento pudieron parecerles peligrosos, salieron creyéndose ganadores por la oportunidad de ver cumplido su sueño (el fundamental, que es hacer cine), a costa de venderles su mensaje, su particular verdad, que por cruda quedará eternamente castigada en el fondo del cajón de una multinacional, o de una empresa de armamento, o de un gobierno corrupto, o simplemente en el cajón de alguien a quien no le gusta que el sistema cambie, si los que hablan sufren de opresión.
El cine tiene que incluir a creadores que utilicen el medio como instrumento de denuncia, de rebeldía, hay que dar la oportunidad a imágenes que no estén de acuerdo con los que mandan, sean del bando que sean, porque la verdadera democracia se define y se viste con la valentía de mostrar múltiples y particulares verdades, libres y frescas. Siempre habrá alguien que no esté de acuerdo y la SEMINCI debe escuchar su grito, debe ser sus ojos y ha de atreverse de una vez por todas a mostrar la insurrección de unos pocos idealistas. Ese debe ser el verdadero espíritu de la semana, aunque lo financien los de siempre. Por que entonces sólo cabe preguntarse quién escoge la temática del festival.

Luna (28 oct'05)

seminci'05

. sección CINE . espacios WEB . VA-Web .