JILL CLAYBURGH


- ¿De qué medio procede usted?

- Procedo de la clase media acomodada. Nací en Manhattan, en la parte alta del East Side, un barrio casi burgués. Mis padres eran propietarios de su porpia casa, algo casi excepcional en Nueva York. Tengo dos hermanos más pequeños y un hermanastro diez años mayor que yo.
Mi padre era gerente de una fábrica textil y mi madre trabajaba para David Merik, un gran productor de teatro.

- ¿Ha heradado la vocación de su madre?

- Sí. Mi madre me ha transmitido su gran pasión, y a mi hermano también. Creo que a mi madre le hubiera gustado ser actriz e incluso llegó a conseguir un pequeño papel. Adoraba el teatro. De hecho ¡es la gran pasión de su vida!
Yo decidí ser actriz cuando todavía estaba en el instituto. Ya había participado en algunas obras que montábamos en el instituto. El único problema era que el insituto no era mixto y, como yo era más bien alta, ¡siempre me tocaba hacer de chico! ¡La verdad es que nunca me hizo demasiada gracia!

Bakri y Clauburg

- Pero todavía era una principiante …

- Cuando acabé el instituto, estudié arte dramático con Huta Heden y Wilfrid Leach, que después se hizo muy famosa. Mi primer papel fue en Williamstown y sólo decía una frase: “El coche está en la puerta, señor”. Justo después, tuve la suerte de participar en una obra en el off Broadway de Nueva York que se titulaba “The Sugar Point”. El problema es que también canto. No demasiado bien, pero lo suficiente como para conseguir pequeños papeles si hubiera querido. Después, intenté alejarme del music-hall porque no me gustaba hacer los “pubs”, aunque se consideraba un “filón” porque se trabajaba a gran velocidad. Pero me era imposible, mis gestos no eran lo suficientemente precisos. Al mismo tiempo, me presentaba con frecuencia a audiciones para obras de teatro. Resulta divertido, en aquella época solía encontrarme a Diane Keaton en las audiciones. Nos presentábamos a los mismos papeles. Un día, volvimos a coincidir en una audición. Era para la primera obra de teatro que había escrito Woody Allen, y la eligió a ella…

- ¿De qué vivía en aquellos días?

- Mis padres me daban 200 dólares al mes y ¡sólo el alquiler de mi apartamento ya eran 100 dólares! Siempre andaba escasa de dinero, así que para poder comer decentemente tenía que hacer maravillas con los productos básicos de los supermercados ¡Así es como me he convertido en una magnífica cocinera!

- ¿Estaba soltera?

- Sí, aunque de milagro, porque acababa de conocer a David Rabe, mi futuro marido. Ambos llevábamos una vida especialmente inestable. Cambiábamos de apartamento con frecuencia ¡Creo que hubo un año en el que nos trasladamos veinte veces!

- ¿En qué momento comenzó su carrera cinematográfica?

- Fue en aquella época, más o menos. Ya vivía con David cuando hice "El Expreso de Chicago". Después, Michael Ridchie me llamó para "Dos más uno… igual a dos", una película en la que trabajaba Burt Reynolds y que no llegó a estrenarse en Francia, creo. La verdad es que me empeñé en conseguir ese papel porque me parecía fabuloso. Tuve que hacer varias pruebas, pero fue un momento muy imporante para mí porque comenzaba a hacer cosas que merecían la pena ¡Y fue entonces cuando me llamó Paul Mazursky!
Fue para “Una mujer descasada”. Fue un golpe muy duro porque tuve que decirle que estaba ocupada y que no podía hacerla ¡Sentí que me desgarraba por dentro! Pero Mazursky me envió el guión y me dijo: “Léalo”. Me quedé totalmente de piedra cuando me di cuenta que no sólo era la única candidata para el papel, sino que, además, ¡Mazursky estaba dispuesto a esperarme! Y por primera vez en mi vida, no me pidió que hiciera ninguna prueba, ninguna audición, nada. Me pareció muy divertido porque ya había trabajado para él con papeles muy pequeños y ¡me había hecho pasar por docenas de pruebas! La verdad es que es lo normal en los Estados Unidos. Los realizadores no ven las películas de los actores que quieren, sino que les hacen pruebas.

Bakri y Clayburgh

- ¿Qué hizo después de “Una mujer descasada”?

- Trabajé en una película de Claudia Weill. Después del éxito de “Una mujer descasada”, me arriesgué al participar en películas “modestas”, pero no fue el único error que cometí en aquella época. Aunque tampoco fueron tantos, dos o tres quizás. Para una mujer es muy difícil encontrar papeles realmente extraordinarios.


- ¿Cómo conocío a Costa-Gavras?

- Es una historia bastante graciosa. Un día, alguien de Universal me llamó por teléfono y me dijo con voz misteriosa que Costa-Gavras quería que viera “Missing” (Desaparecido). La verdad es que no entendí lo que quería decir y le respondí que no podía ir. Pero después me volvieron a llamar varias veces de Universal. Insistieron tanto que al final terminé viendo “Missing” (Desaparecido) ¡Me encantó! Y después, no ocurrió nada. No tuve más noticias de Universal ni de Costa. Nada, así que continué mi vida tan tranquila. Tuve a mi hijo y decidí olvidarme del tema. Y mucho tiempo después, recibí un mensaje de Costa en el contestador. Con su voz rota, decía: “Jill, estoy en Nueva York. Volveré a llamarte”.
Así fue. Costa me dio a leer el guión. Yo estaba muy emocionada. ¡Quería que me diera el papel! Pero, al mismo tiempo, estaba preocupada porque hacía mucho tiempo que no trabajaba. Había visto muchas de sus películas y me parecía una persona seria. Sabía que, con independencia de lo que quisiera explicar, sería algo interesante, ¡aunque no le gustara a todo el mundo! y que en ningún caso sería una frivolidad.

- ¿Se refiere a la política?

- Yo no me meto en política, pero la polémica me atrae. Creo que simplemente fue el momento apropiado para plantear el problema. “Hanna K.” es una película diferente de “Missing” (Desaparecido), por ejemplo. “Missing” (Desaparecido) es una cinta en “blanco y negro” porque así es la situación. “Hanna K.” tiene mucha más altura porque la situación política es mucho más compleja. Es una película que va a plantear muchas preguntas.

- ¿Qué es lo que le atrajo del guión?

- Una de las cosas que más me gustan de Hanna es que en realidad no es una mujer liberada, ni tampoco una intelectual. Simplemente se encuentra atrapada en una situación de enorme actualidad, de esas que se producen hoy en día en todo el mundo, e intenta tomar las riendas de su destino. Su relación con los hombres es un completo desastre, y su vida un caos. Eso es lo que me gusta de ella, sus contradicciones…

- ¿La película es lo que usted esperaba?

- Jamás asití a las proyecciones de los dailies durante el rodaje. Vi la película cuando estaba totalmente terminada y estoy muy satisfecha. De todas formas, confiaba en Costa, a pesar de que estaba algo nerviosa porque no me gusta trabajar en películas que no me gustan la primera vez que las veo. Es una sensación terrible. Te sientes mal, no tienes ganas de hablar de la película, no quieres que te relacionen con ella. En cambio, cuando la película te gusta ¡es como estar en la gloria!