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FRANCO SOLINAS
Guionista

Filmografía

Nace en Cagliari (Cerdeña) el 19 de enero de 1927 en el seno de una antigua familia de la isla de "La Maddalena". A los dieciséis años su padre muere y se instala en Roma con su madre.
En 1934 se integra en la Resistencia.
Se doctora en derecho después de haber sido peón, viajante y periodista en l'Unita y en el Paese della Sera.
Muere en Roma la noche del 13 de septiembre de 1982, la víspera de su viaje a Estados Unidos donde iba a escribir el guión de una película de Martín Scorsese.

Perfil by Gillo Pontecorvo

Desde el punto de vista profesional, le debo mucho a Franco Solinas. Siempre lo he considerado el mejor guionista de Europa, pero hoy siento la necesidad de hablar de sus cualidades morales. Estaba dotado de un gran sentido de la amistad y demostraba una gran sensibilidad hacia los problemas de los demás. Franco tenía una humanidad realmente excepcional.
Sin embargo, no todo el mundo encontraba sencillo relacionarse con él, porque no prestaba la más mínima atención a las formas y no tenía ni pizca de hipocresía ni de esa diplomacia que facilita tanto el trato con los demás. Franco era un intelectual fuera de lo común en la cultura italiana, con un lado combativo, duro y hostil a los términos medios. El poder le era totalmente indiferente y, en muchas ocasiones, lo he visto adoptar posturas que sabía que podían perjudicarle a pesar de que podría haber resuelto la situación cediendo un poco. Con sus amigos era cariñoso y afectuoso, pero hacía falta muy poco, un matiz, una inflexión, para que se molestara. Aunque era capaz de indignarse con gran violencia, jamás hacia juicios moralizadores. Ponía en el trabajo toda su pasión política por el comunismo, pero su modernidad radicaba en lograr deslizarse en la lógica interna de los personajes y de los grupos que describía. En la escritura era como en la vida: perfeccionista y tozudo. Podía pasar horas buscando la palabra o el adjetivo exacto y escribía los guiones con el mismo esfuerzo estilístico que le hubiera dedicado a una novela. De hecho, sus guiones se leen como si fueran novelas y, gracias a la precisión y a la brillantez del lenguaje, proporcionan al realizador y a los actores una serie de sugerencias enormemente valiosa.
Con Franco, no sólo hemos perdido un guionista cinematográfico excepcional, sino también un hombre de una integridad moral sin igual.

Gillo Pontecorvo

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