La tradición
flamenca
en Valladolid
Resulta difícil concretar cómo empezó el flamenco
en nuestra tierra, pero sí sabemos, a través
de nuestros mayores, ciertas cosas y otras que
posteriormente hemos vivido que nos hace pensar
por los datos recogidos que su mayor influencia
fue el motivo de la gran transhumancia de ganado
que existía y con ello la cantidad de gente de otras
partes del Sur que se movía, tales como pastores,
botijeros, pimentoneros, herreros, etc.
Viajaban juntos y en distintos puntos de su ruta
existían ciertas zonas de descanso que eran los antiguos
mesones donde la gente hacía un alto para
asearse, descansar y, por qué no, para echar un ratito
entre trago y trago. De estos mesones las más
representativos eran desde Medina del Campo a
Valladolid punto neurálgico para sus negocios de
compra y venta de ganado y para continuar hacia
tierras más altas, bien vinieran por la Cañada Real
al Paseo de Zorrilla o bien por San Isidro.
Los de mayor paradero quizá
por su ubicación fueran los de
Aniago (Villanueva de Duero), Puente
Duero y ya donde había varios en
la propia Cañada de Puente Duero
hasta Valladolid seguramente debido
a las grandes explanadas que
allí entonces había y por la gran
proximidad a la ciudad donde se
acercaban para sus tratos y compra
de víveres y otros menesteres, para
continuar el camino.
Al igual las gentes de nuestra
tierra estaban en continuo contacto
con ellos por razones de tratos sobre
el ganado, trabajos de distintos
caracteres y otro tipo de actividades
creándose así ese intercambio
de culturas y la influencia del castellano
hacia el flamenco. Luego con
la llegada del ferrocarril a Valladolid
cuando los trenes paraban en todos los apeaderos
de su recorrido influyó notablemente en el trasiego
de todo tipo de gente de otras latitudes. Muchos
de ellos de paso y otros para realizar en nuestra
zona trabajos, negocios, etc., incrementándose con
estos contactos continuos un mayor conocimiento,
sobre todo de las culturas extremeña y andaluza,
por su gran número de afluencia por unos u otros
motivos a nuestra zona, acentuando así el interés
que ya había por el flamenco.
Debemos tener en cuenta que entonces, aparte
de la transhumancia que tanta gente arrastraba,
también nuestros campos se poblaban de gente
de esa tierra que venía a hacer trabajos del campo,
como era, por ejemplo, la siega y otra labores, por
lo que el contacto con nosotros era directo y por lo
tanto su influencia alta, ya que después del trabajo
lo único que se podía hacer era cantar al lado de
amigos y de un garrafón de vino.
También oímos decir a flamencos antiguos que
habían oído contar que el antiguo manicomio (hoy
sede de la Junta de Castilla y León) fue en su
tiempo un penal donde había reclusos del sur de
nuestra geografía junto con reclusos de nuestra tierra,
por lo que pudo haber también gran influencia
hacia el flamenco, ya que mucha gente oía cantar
a estos presos que salían a hacer las labores
del campo en tierras colindantes, así como familiares
que acudían a visitar y pernoctaban en la ciudad.
Es posible que haya otros caminos de influencia,
pero lo que sí podemos decir es de que
fueran los caminos que fueran, Dios les bendiga y
bienvenidos.
Ya introducidos estos posibles caminos de llegada
de este bendito arte que es el flamenco y al
amparo de toda la afición que se creó en esta tierra
surgió una corriente de espectáculos flamencos
en nuestra ciudad y provincia y toda la geografía
de Castilla y León, actuando varios días en
cada teatro y con éstos llenos de público, entonces
eran el Capitol, Pradera, Calderón, Zorrilla, Carrión,
Lope de Vega, etc. En ellos actuaba la flor y nata
del flamenco de la época.
Se dice que llegó a actuar en nuestra ciudad el
mismísimo Silverio Franconetti, al menos hay flamencos
antiguos que así lo aseguran, y después
Pepe de la Matrona, Bernardo el de los lobitos,
Cepero, La Niña de los Peines, el Pinto, Manuel
Centeno, Perosanz, Vallejo, Marchena, Canalejas
de Puerto Real, Juan Varea, Palanca, el Peluso, el
Sevillano, Niño León, Niño la Rosa Fina, La Niña
de Antequera, La Niña de la Puebla y así estaríamos
enumerando toda la baraja flamenca
de entonces. Todos estos motivos
fueron influyendo en nuestra
sensibilidad flamenca, despertando
enormemente nuestro interés hacia
este incomparable arte flamenco.
Ya por entonces en Valladolid
había una afición muy fuerte y
arraigada hacia el flamenco,
tanto es así que surgieron
grandes profesionales y
aficionados flamencos.
Anteriores a la memoria
que nos alcanza se
puede mencionar a Manuela
García Castaño (Manuela
de Ronda), Pablillo de
Valladolid, Maera, etc., y luego
Vicente Escudero, Mariemma, Román Gómez y su hermano Chato el Cartero Simancas,
el Bruno, El Cordelero, Levita, Chapín, El
Tivo, Cascarrias, Rafael Ponce, Lecherín, Pablo de
Alba, Celes, Niño de las Delicias, El Avispa, Angelillo
de Valladolid, Niño Viana, Chacarraca, Baldomero
Domínguez y Angelines Galván, Joaquín el
Fotógrafo (Niño Puente Toledo), Pepe Borja, Rococo,
Flores, Amador, Antonio Reyes, Rafael Jiménez,
Fartos, Jesús el Carbonerito, Mechines y muchísimos
más que no citamos, no por su menor
importancia, sino porque necesitaríamos todo el
papel para reseñar todos los estupendos aficionados
y por supuesto todos los profesionales que hemos
conocido y escuchado y oído hablar de ellos,
ya que entonces en cuanto había un ratito
después de la jornada laboral y
al amparo de una deca o un porrón
de vino se escuchaba un cantecito
en cualquier parte, bien en
una bar, en una caseta de tablas
donde vendían vino, en una churrería
o en la calle, ya decimos que
se cantaba en cualquier lado, pero
había sitios que tenían mayor incidencia,
como eran Los Morales, La Reja,
El Cigaleño, El Tomillo, El Compare, Marchena,
Antonio en calle Mantería, El Resbalón,
Teodoro el Niño, La Marina, Casa
Morán, Bar Leonor en San Andrés, Posada
Ponciano en Arco de Ladrillo, Posada de 2
de Mayo, Posadas de Teresa Gil, Corral de
Boteros, Suazo, el Cielo, La Gloria, Bar Puertas
de Tudela, el Bolinchero, la Cigaleña de
Calle Asunción y así estaríamos escribiendo
día y noche, amén de aquellas verbenas
donde se iba a escuchar y competir con
los flamencos del barrio en fiestas,
aquellos estupendos ratos que se
podía escuchar a Hilario Jaspe y al
guitarrista Pío Lázaro en la Taberna
Solera Pérez en la Calle Conde Ribadeo
o a Celes y Pablo de Alba
con la guitarra de Eugenio el Manazas
en cualquier bar de San Andrés y
sobre todo en la Cigaleña y en tantos
sitios que nos llenan de recuerdos.
Todas estas cosas nos han dejado
una herencia de estupendos
flamencos profesionales y aficionados
pletóricos de conocimientos y
buenas maneras de hacer el flamenco
en toda su extensión, siendo
hoy reconocidos y respetados por todos
los ámbitos del flamenco.
Pascual
Cordero Navarro

Asociación Cultural
de Arte Flamenco El Quejío
Fundada en el año 1985 y desaparecida en
el año 1992, esta peña, que nació con doce socios
y alcanzó hasta más de ochenta, tuvo una
corta, pero intensa actividad.
Se fundó por unos cuantos aficionados con
inquietudes flamencas que se reunían y frecuentaban
el bar La Acequia.

Esta cantina, fundada
en 1980, supuso el eslabón de enlace entre
el flamenco de antes y el de ahora en la
ciudad, dando cabida a todos los aficionados
de Valladolid y continuando con la tradición de
cantar de forma espontánea junto a una frasca
de vino.
Esta peña consiguió difundir el flamenco a
todos los niveles, con programaciones mensuales
(Noches Flamencas), subvencionadas por el
Ayuntamiento, donde tenían cabida artistas diversos,
conferencias, coloquios, etc. Al abrigo de
la misma se dieron a conocer aficionados modestos,
tanto cantaores como guitarristas, algunos
que ya lo eran y otros que empezaban a
despuntar por aquellos años.
Del mismo modo se programaba, en colaboración
con el Ayuntamiento, la Semana de Ferias,
con carteles de primeras figuras del flamenco. Estos
recitales, que eran gratuitos, o casi, se llenaban
todos los días y es una pena que hayan desaparecido;
los aficionados los añoramos y no es para
menos.
La peña “El Quejío”, que duró siete años,
pero que podía haber durado menos, desapareció
por culpa de un mal que llevaba dentro
desde su formación.
Al estar abierta a todo el mundo, se llenó de
gente que “le gustaba” el flamenco, pero no eran
aficionados de verdad y esto termina por convertirse
en una carga muy difícil de soportar
para los cuatro cabales que son los que tienen
que tirar del carro. De aquellos cabales, quedan
unos pocos que se integraron en la Peña La Siguiriya;
otros que viven su flamenco de forma individual,
y alguno que ha ido quedando en el camino.
Del resto de gente que figuraban como
socios: “si te he visto no me acuerdo”.

Miguel Pérez Lubiano
Amador González
Nacido en Valladolid, el 24
de febrero de 1906, se dedicó
a la guitarra tras sufrir un
accidente laboral en el que
perdió la vista casi por completo.
Sus primeros compases
les aprendió de un gitano de
Valladolid llamado “El Morretes”,
más tarde aprendió guitarra
clásica con Manuel Calderón,
también de aquí, y
finalmente conoce a Laurentino
Fartos, guitarrista flamenco
de esta tierra, con
quien perfeccionó su toque.
Creó escuela en Valladolid
y era muy visitado por los aficionados
para charlar con él y aprender sus falsetas,
además también se hacía sus cositas al cante
y al baile. Acompañó en varias ocasiones a su
amigo Vicente Escudero.
Poco tiempo antes de morir, recibió un sentido
homenaje de la afición en la Sala Borja, el día 16
de junio de 1989, con la actuación de gran número
de aficionados locales, cerrando el espectáculo
en gran guitarrista madrileño Luis Pastor.

Pablo de Alba “El Besuguito”
Nació en 1913, en Valladolid, y falleció el 16
de junio de 1995. Apodado así por su oficio de
pescadero, aunque a él no le gustaba que se lo llamaran.
De joven hizo sus pinitos como torero,
siendo Fernando Domínguez quien le hizo desistir
de su carrera en el toro, empujándole al flamenco;
Fernando entendía de las dos cosas, no hay que
olvidar que podía haber
sido un gran bailaor
de no dedicarse al
toro, en palabras de
Vicente Escudero.
Habitual de los festivales
de La Unión, así
como de todos los
eventos flamencos de
Valladolid y provincia
durante muchos años.
Mantuvo su afición
hasta sus últimos días
cantando por tabernas
y reuniones sin importarle
su edad, siempre
apoyado en su bastón,
con su visera, esas gafas
de miope y su puro
siempre encendido.

Eugenio
Sánchez
San José
“El Manazas”
Nacido en Valladolid, apodado así por el tamaño
de sus manos. Fue miembro fundador de la peña
“El Quejío”.
En su juventud anduvo en la Compañía de Caracol y
Lola Flores tocando la guitarra.
Ya en su madurez y hasta su muerte, fue acompañante
habitual de aficionados en recitales y fiestas sin
regatear jamás su toque.

Pirmínio Oliveros Martínez
Nació en Villalbarba (Valladolid), el 3 de noviembre de 1922. Molinero
de oficio y emigrante en Alemania, de donde se trajo un magnetófono
de los de carrete que aún conserva y en el que almacena grabaciones
que estiradas llegarías hasta Alemania. Tan extensas son las
cintas como su memoria, donde almacena más letras de fandangos
que todas las discográficas juntas. Es una suerte que los aficionados
aún podamos gozar de su compañía, de su charla y de algún cantecito
por fandangos que nos recuerda a las grabaciones de pizarra de otros
tiempos.
Fundador de la peña “El Quejío” y socio de honor de la misma, recibió
un homenaje el 11 de febrero de 2006 en la Sala Borja, con asistencia
de toda la afición y en el que actuaron cantaores y guitarristas
de Valladolid y provincia, así como el cantaor “Merenguito”, de Madrid.

Manolo de Vega
Manuel Rafael de Vega Alonso,
nacido en Valladolid en 1942, cantor
y humorista conocido en sus
principios como “Fosforito de Valladolid”
por sus imitaciones del genial
cantaor cordobés: obtuvo el premio “Rojo el Alpargatero” (Cantes de Levante)
en el concurso nacional de
Córdoba del año 1965.
Hijo de un buen aficionado, Celedonio de Vega “El Celes”, quien nos dejó en la memoria buenos
ratos de cante. De él heredaría Manolo su afición
al cante, así como su hermano Pepe, aunque éste
no se hizo profesional.
Tuvo una época de mucha popularidad
y realizó un buen número de
grabaciones discográficas. Representó
a España en la Feria Mundial
de Nueva York y en los festivales de
Salzburgo. Actuó en numerosos teatros
por toda España y acompañó
durante un tiempo a la insigne Mariemma
como cantaor.
Últimamente se dedicaba a la
canción aflamencada y al humorismo, mezclando
fandangos con chistes y actuando en salas de fiesta
y televisión. Una enfermedad le tiene retirado por
ahora de los escenarios. Recibió un homenaje en
mayo de 2005, en un teatro de Valladolid, con actuaciones
de numerosos artistas de su entorno y
arropado por toda la afición vallisoletana.

José Luis Yustos Gato “El Zapatito”
Nació en Reinosa (Santander), el 12 de noviembre
de 1929. Un cántabro a quien el tren trajo
hasta Valladolid para trabajar en RENFE junto a su
padre, buen aficionado y de quien heredaría el
apodo y la voz. Es un aficionado a la antigua
usanza pero un poco peculiar; es muy respetuoso
con el cante y por eso solamente se le puede escuchar
en ocasiones especiales, con cuatro amigos
y en un ambiente propicio para el duende; es ahí
donde él se encuentra a gusto y suelta esa voz
bronca, quejumbrosa y profunda para ejecutar
esos palos y estilos con sabor añejo que él conoce
muy bien.
Fue socio fundador de la peña “El Quejío”,
también ha pertenecido a la peña “La Siguiriya” y
hoy día aún podemos disfrutar de su compañía
por los sitios de costumbre y en los eventos flamencos
de la ciudad y de cuando en cuando, si el
duende se aparece, nos regala un cante como él
sabe hacerlo.

Manuel Panero Aguado “Marchenita”
Nació en Valladolid en el año 1939. Fue telonero
de Camarón cuando pasó por Valladolid, el 6
de abril de 1990, en la que
sería una de las últimas actuaciones
del “duende” de
San Fernando.
Canta casi todos los palos
del flamenco, aunque el aire
de Marchena lo borda. Ha
formado parte de la mayoría
de carteles flamencos a nivel
local y provincial en los últimos
treinta años, aunque ya
por su edad no se prodigue
tanto. Es un aficionado de la
antigua escuela, acostumbrado
a cantar “a pelo” (sin
guitara) en las cantinas y
fuera en la calle, cuando estas
cerraban. Le metió el gusanillo
del flamenco, desde niño,
su abuelo gran aficionado y
amigo de Vicente Escudero.
Fue socio fundador de la peña “El Quejío” con
quien colaboró durante todo el tiempo desinteresadamente
y hoy día vive su flamenco de forma individual,
aunque de vez en cuando podamos disfrutar
de esa voz melodiosa y dulce cuando no
encontramos con él y la ocasión se presta..

Otros protagonistas
A esta breve reseña de uno de estos aficionados
más antiguos cabría añadir una lista que por
fortuna sigue aumentando tanto de cantaores/as
como de guitarristas y bailaores/as, que enlazaría
con los anteriores.
Luís Lara, profesor de guitarra y acompañante flamenco.
Rodolfo Otero, profesional del baile y hoy día con
Academia Flamenca.
Carlos del Barrio, cantaor profesional en su juventud
y hoy día retirado.
Hermanas Bernal, Academia de baile en la Sala
Borja, lugar donde se han madurado “cantando
atrás” y acompañando, muchos de los aficionados
actuales.
Para terminar añadir un listado de aficionados
que pululan por esta ciudad y sus alrededores haciendo
que el flamenco siga vivo y no se pierda.
Unos subiéndose a escenarios, otros en reuniones
y tertulias y algunos como ha sido siempre, cantando
con algún amigo en la cantina de costumbre.
Como alguno se me quedará en el tintero, que
me perdonen de antemano.
Cantaores:
Carlos Salgado “Castañeta”, Emilio Salas, Diego
Pérez Sanz, Rafael Escudero, Juan Carlos Sanz,
Anastasio, Alfonso, Miguel Escudero, Pablo Lucas “El Lechuga”, Oscar Pariente, Nemesio Pariente,
Julio Hernández “El Pinturas”.
Guitarristas:
Miguel Uña, Faustino Dueñas, Antonio Domínguez,
Pablo Medina, Rafael Feliz, Jesús
Rodríguez “Cari”, Rafael Ponce hijo, Carlitos
de Paz.
En el flamenco como en otras expresiones artísticas,
existen figuras, otros que son menos figuras,
artistas del montón y aficionados modestos
pero que en un momento propicio te pueden hacer
sentir emociones que te erizan el vello y se te saltan
las lágrimas ante un cante. Por ello no puedo
dejar de mencionar a estos aficionados, que además,
como son de la peña La Siguiriya, tengo el
placer de escucharles con mucha frecuencia. Pascual
Cordero, Santiago Gegundez, Rafael Ruz, Carmelo
Leonardo, Covadonga Torres, Rodolfo Rivero,
Alejandro Pérez, Jesús Sanchez.
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