PEÑA FLAMENCA LA SIGUIRIYA

 
 

 

  Vicente Escudero

“YO NO ANDUVE NUNCA A GATAS, porque nací derecho y con los brazos en alto”

El universal vallisoletano, coreógrafo, bailador-bailarín e ilustre Vicente Escudero Urive (no Uribe), genio de la danza española, nace el 27 de octubre de 1888 en la calle Tudela, número 19, distrito de Cervantes, barrio de San Juan, fruto del matrimonio entre Petra y Lorenzo, castellanos, como así mismo los abuelos, familia que en nada tiene que ver con la etnia gitana. Falleció el 4 de diciembre de 1980, a los 92 años de edad.
Sintetizar una vida tan larga y fecunda del mayestático Escudero es verdaderamente difícil, casi imposible, por ello tan solo ofreceré, desde mi objetividad, alguno de sus hitos más sobresalientes, al ser posible de una manera fría, aséptica, para evitar caer en el elogio desmesurado o en una apología que ninguna falta le hace, ya que autoridades mundiales dentro de la plástica y la ética ya le elogiaron de manera sublime en su día.
Estudiosos y flamencólogos han reconocido con respeto y admiración su radical importancia en el mundo de la danza. Quienes tuvieron el privilegio de tratarlo reconocen que el personaje era tan interesante como su obra.

Sobriedad, elegancia, armonía.
Vicente Escudero dignificó el baile flamenco y lo paseó por los más prestigiosos escenarios de más
de medio mundo, mereciendo grandes elogios (1932).

Dice Vicente:

“El mayor halago que recibí en mi vida artística, y agradecí a mayores de cuantos homenajes se me tributaron en vida, fue el que me nombraran miembro de la Academia Coreográfica Internacional en París, entre un reducido número de genios de la danza, donde figuraban Lifar, Massine, Balanchine…, entre otros”.


Respecto a su baile, Escudero defendió su sitio y no teniendo categoría de santo, denunció artísticamente a todo danzante, bailador bailarín o bailarina que empleara habilidades y trucos extraños en nuestras danzas y, sobre todo, en el baile flamenco... a esos casos de transformación, los denominaba“ilusionistas”, máxime si estaban sometidos a fines innobles.
Al genial Escudero podía argüírsele controversias a cualquier precio, pero nada de eso le restaba categoría intelectual. Fue uno de los pocos bailarines flamencos que sabían pensar e inquietarse por lo que realmente ocurría por dentro y fuera del flamenco, creando, buscando trasferencias convincentes e inspiraciones lejanas, nuevas ideas, etc. Ello le hizo llegar a publicar su famoso DECÁLOGO sobre el baile flamenco puro, universalmente difundido, conocido y elogiado por el mundo de la danza:

1.º Bailar en hombre.
2.º Sobriedad.
3.º Girar la muñeca de dentro afuera con los dedos juntos.
4.º Las caderas quietas.
5.º Bailar asentao y pastueño.
6.º Armonía de pies brazos y cabeza.
7.º Estética y plástica sin mixtificaciones.
8.º Estilo y acento.
9.º Bailar con indumentaria tradicional.
10.º Lograr variedad de sonidos con el corazón, sin chapas en los zapatos, sin escenarios postizos y sin otros accesorios.

Notas de Vicente Escudero sobre su famoso DECÁLOGO

Es muy difícil penetrar en su hondura misteriosa, y es muy difícil su exposición.
Pero sí af irmo que ese “duende” que tanto cacarean eruditos y profanos es un mito que desaparece bailando con sobriedad y hombría, traduciéndose entonces en el misterio que todo arte lleva.
A los diez puntos de mi DECÁLOGO tiene, irremediablemente, que ajustarse todo aquel que quiera bailar con pureza.
Ahora mismo yo no conozco a nadie que use de ellos en toda su extensión.
Muy raramente se encuentra algún bailarín o bailaor que use de tres o cuatro de mis puntos, los restantes brillan por su ausencia.
De tal manera que les invito solamente a seguir la verdadera tradición del baile flamenco puro y masculino.


El Secretario de Estado ADLAY STEVENSON invita a Escudero a su casa oficial de la Embajada de los Estados Unidos en la ONU, donde baila un Zapateado. “Hasta ahora no me había enterado de que mi piso hablaba”, comentó el politico americano tras oir y ver el zapateado de Vicente Escudero (1961, a los 73 años de edad).

Escudero tenía una profundidad dialéctica dentro de aquella gama de sus grandes conocimientos profundos, al haber llegado a las raíces, a conocer y seguir a la etnia gitana, comenzando, siendo un adolescente, en las cuevas del Sacro-Monte y el Albaicín granadino, donde así comentaba Escudero:

“Recibí las lecciones impagables que brotan de la experiencia y la vida misma de los gitanos, me conformé con las observaciones, las conversaciones con los gitanos legítimos, la compenetración con sus gustos, gestos y posturas, el desciframiento y su silencio”. “...yo me conformé sobre todo con la observación, el tiempo y la experiencia”.
“...Me querían de verdad, claro que no han hecho si no corresponder a mi afecto y voluntad de comprometerme con ellos. En el Sacro-Monte perfeccioné mis conocimientos del caló, la lengua ancestral de los gitanos —oculta a los “payos” durante siglos— siendo payo llegué a ser uno de los orgullos de los cetrinos habitantes del Albaicín”.

Se atribuye lo de “bailarín gitano”, sin duda alguna, para dar mayor exotismo a su baile y a su persona, así lo asimilaron los cronistas de las artes.
Escudero confiesa:

“...ser gitano de adopción con un cuarterón de sangre gitana y tres de castellano viejo”.

Por ello Escudero, pudo presumir de “enterao” y ser polivalente al desarrollar aquella plástica y estética personal que ha redundado en beneficio de la danza española.
La plástica, estética y ritmo de Escudero siguieron siendo lo más importante y fundamental de la constelación del baile puro y viril del flamenco sin concesiones y amaneramientos.
La personalidad de Escudero fue tal que él mismo declaró ser “su mayor enemigo por ser amigo de decir las cuatro verdades del barquero”, como así lo hizo durante toda su vida en cuanto veía lo no ortodoxo y las artimañas de otros colegas de élite y no de élite, muy lejos del puro flamenco, promoviendo campañas con conferencias reaccionarias, didácticas e ilustradas, basadas en el baile flamenco siguiendo su inspirado decálogo, campañas que alguna vez pudieron perjudicarle.
Hemos de tener en cuenta que, desde los años veinte hasta los ochenta, paseó su arte por las mejores salas y escenarios teatrales del mundo escuchando los aplausos de unos públicos selectos y las críticas más exigentes e hizo sentir siempre su propio paso por dondequiera que actuó.
Es reconocido que cuando tenía el “maestro de maestros” sesenta y ocho años de edad, en la temporada 1955-57, en su gira por EE.UU., Canadá, México y Cuba, tuvo una campaña de “su mayor gloria artística” repitiendo con gran éxito la temporada 1960-61 (ya tenía 73 años). Así lo tiene manifestado Vicente Escudero en su biografía.
Vicente Escudero bailaba como mandan los cánones y como manda su Decálogo, que tendría que ser “el breviario” de todos los jóvenes genuinos de la danza, baile asentado y pastueño, con la conveniente proposición y concordancia entre pies, brazos y cabeza. Con estilo y acento, baila como nadie bailará. Baila en hombre, en suma, y en estrechísima relación con la verdadera tradición del baile flamenco más puro, más seco y más desnudo.

Dice Escudero:

“Antes de bailar un baile, le pinto. Forzosamente todo bailarín creador tiene que ser pintor de baile, un pintor sin tendencia, quizás, pero que ha de llevar dentro la plástica, el color y el ritmo”.

Plumas de alto relieve y prestigio nacionales e internacionales, conocedores de las artes plásticas de las danzas españolas, a Vicente Escudero le calificaron con el pronombre de “El Señor Dignidad”, como así mismo, llegando al cenit de su carrera artística y a título póstumo,

“en la Plaza Mayor de Madrid, el 30 de junio de 1993, se rinde un homenaje a once de los mitos más conocidos dentro del campo de la literatura, la música y la poesía:
D. Juan, D. Quijote, Sancho Panza, Federico García Lorca, Velásquez, Goya, El Cid, Picasso, Manuel de Falla, Andrés Segovia y VICENTE ESCUDERO, uno de los grandes nombres de la danza española de principios de siglo. Para resaltar la obra de esos DIVINOS, otros magníficos artistas participaron en un macro espectáculo que ha producido la Radiotelevisión italiana (RAI-1) y Televisión Española, que trasmitieron en directo por mundo visión para más de 100 millones de espectadores.
Joaquín Cortés y Marco Berriel bailaron por el recuerdo de Vicente Escudero, Víctor Ullate y su ballet dedicaron su danza al gran artista y teórico innovador del baile flamenco, con María Jiménez, Igor Yebra y Eduardo Lao, como principales bailarines”.

(recogido del suplemento núm. 26 de TVE, de 26 de junio de 1993).

Vicente Escudero no ha dejado herederos en el baile, prueba fehaciente de su arte singular y de figura única porque es irrepetible. No hizo escuela porque era un artista aparte, que se apartaba de todo, era un improvisador del baile.
El escritor D. Francisco De Cossío comentó: “Un bailarín español que mida los pasos por centímetros no comprenderá nunca a Escudero”.
De personaje “mítico” le calificaron las nuevas generaciones de bailaores y bailarines, con el carisma de los elegidos, al que mantuvieron un gran respeto y al que, en diversos ámbitos, se le sigue tributando pleitesía.
El genial bailarín, dentro de la polivalencia, fue además: coreógrafo, conferenciante, flamencólogo,
escritor, pintor vanguardista, diseñador, cantaor y cineasta.
VICENTE ESCUDERO fue un hombre único, auténtico, fuerte y noble como buen castellano, el más profundo, el más serio y el más duro, pisaba firme, y por eso decía:

“...BAILE DE HIERRO, BAILE DE BRONCE, así bailaría yo”,

como queda recogido en su libro MI BAILE.

El texto es gentileza de Julio Fraile Muñumer como admirador de la Peña La Siguiriya, en el XXV aniversario de su fundación.
Valladolid, junio de 2007.

El material gráfico fue facilitado por Milagros Escudero y Julio Fraile, sobrinos de Vicente Escudero. GRACIAS.

 

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