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El viernes 7, tan solo unos pocos aficionados se acercaron al España
(creo que por vez primera en dos años no hubo problema para sentarse),
quizá muchos se quedaron en casa por una prepotente falta de curiosidad.
A saber: que el cantaor era de Oviedo, gitano pero de Oviedo. Y es cierto,
como lo es también que el guitarrista no era conocido de la afición
y que eso del contrabajo no lo debían de acabar de ver.
Seguramente hicieron bien al quedarse en casa, ya que desde esos presupuestos
(alguna vez compartidos por mi mismo) no habrían sacado ningún
partido del recital que ofreció Rafael Jiménez la noche del
viernes. Porque posiblemente no es seguro que escuchásemos flamenco
“flamenco” en el España, ni que Falo esté sentando las bases
de la innovación flamenca, pero viene, hace lo suyo y a nadie se
le va a pasar por la cabeza que este asturianín va por la vida de
Agujetas, ni siquiera Josémercé, ni creo que se le haya pasado
por la cabeza. Es un gitano (poco cobrizo y de aspecto tímido) que
se canta lo que haga falta, de flamenco digo, en versión asturiana
y hasta en bable si hace falta, sin pretensiones de emulación bajoandaluza
alguna. Así, sus referencias expresadas por el propio intérprete
durante el concierto eran netamente locales: su abuela, las vaqueiradas
y alguna gitana andaluza perdida por esas tierras, la Tía Chata.
El recital (a través de Tientos, Tangos, Bulerás por Soleá,
Tarantos, aires festeros por bulerías, Guajiras...) estuvo seguramente
más cerca de un experimento de fusión folk que aúne
los dos caudales culturales del cantaor con el encanto de un contrabajo
discreto y moderado hasta en sus momentos de lucimiento, que de un recital
de “Viejo Cante Jondo”, parafraseando el disco de Agujetas. No sé
si está realmente justificado ponerlo a escurrir cada vez que se
sube a un escenario andaluz. Yo no me traje nada en lo que pensar pero,
a ratos, lo pasé bien escuchando como Rafael intentaba doblar el
mapa en la penumbra del España. |