Impresionante Festival al que hemos tenido la oportunidad de asistir un año más, y ya van siete, desde que comenzó como una muestra de gaiteros, y que hoy por hoy se ha convertido por derecho propio en el más conocido de los festivales veraniegos de Cantabria.. ¿Hasta donde puede llegar?, no podemos saberlo, mientras el Ayuntamiento de Marina de Cudeyo siga apostando fuerte por él, puede y debe seguir creciendo y abriendo miras a más música folk nacional e internacional.

El espectáculo comenzó con una puntualidad asombrosa, a las 22:30h salió a escena el desconocido grupo gascón XARNEGE, con una música igualmente desconocida por el gran público pero no por ello exenta de calidad, donde priman las melodías tradicionales de los territorios fronterizos entre Euskadi, Navarra y Gascuña, que es lo que evoca su nombre, esa zona entre fronteras políticas que la cultura desconoce. Este desconocimiento de su música hizo que no hubiera mucho público durante su concierto, escaso en duración (poco más de una hora), apenas unas 500 personas que poco a poco se acercaron al escenario para captar la esencia de las zanfonas, ttun-ttun, xirulas y demás instrumentos que sonaron en el robledal de Orejo. Mención especial para la personalísima forma de cantar del grupo y especialmente del joven Mateu Baudoin e igualmente para su hermano Roman Baudoin en el manejo de la enorme zanfona que le acompañaba. El concierto se nos hizo excesivamente corto pero esas son las cosas de abrir un festival donde la gente está esperando a las grandes estrellas. Y mientras acababan más gente llenaba el recinto a la espera de ver y oír a los canadienses La Bottine Souriante.

LA BOTTINE SOURIANTE. Desde hace años la organización del festival quería acercar a los quebequeses a Cantabria, uno de los más conocidos grupos folk del mundo, han pasado por todos los grandes eventos del mundo, han colaborado entre otros con The Chieftains y Kepa Junkera y ganado multitud de premios, lo que les convierten en opinión de la prensa en “la mejor banda folk del mundo”. Yo no llegaría a tanto pero si me quedaría cerca, su concepción de la música es muy sencilla y cercana a lo que quiere el público: fiesta y diversión. Desde la primera a la última canción de su espectáculo no dieron un solo momento de descanso, no habían acabado los aplausos por un tema cuando se volvía a oir el zapateado de Eric Beaudry dando entrada a más baile y juerga entre los más de 3000 asistentes y los otros nueve componentes de la banda tampoco dejaban que decayera la fiesta en ningún momento. La décima componente, la bailarina Sandy Silva se entregaba en cada canción que salía con una gracia cercana a los grandes espectáculos de Broadway y servía de enlace entre la banda y el público. Uno de los más grandes momentos llegó cuando al filo de acabar su actuación se marcaron una sucesión de temas de 18 minutos sin parar, con canciones, solos de percusión, pasos de baile, zapateados, sencillamente impresionante y demoledor. Tras casi dos horas y un bis acabó su actuación, la gente estaba exhausta pero pedían más, ellos en ningún momento perdieron la sonrisa pero se les veía más agotados que a nosotros y dimos por buena la conclusión del concierto. Desde luego que ese título que le da la prensa se acerca a la realidad, hoy por hoy se nos hace inconcebible ser oyente del folk y no tener en nuestra discoteca algún trabajo de La Bottine, sobre todo por la honradez y entrega que demostraron sobre el escenario, algo de lo que muchas de las llamadas “estrellas de la música” deberían aprender. Tras casi 30 años de existencia poco tienen que demostrar ya, pero aún así cada concierto que dan es para ellos una prueba y sobre todo una demostración de simpatía y ganas de agradar. Un aplauso bien fuerte para los chicos de Canadá y ojalá que pronto pueda volver a verlos.

Entre concierto y concierto tuvimos la oportunidad de escuchar en plan pasacalles por el recinto a un grupo de chavales que se hacen llamar Los Trastolillos animando el ambiente con gaitas y tambores mientras se recogían los enseres de un grupo y sacaban los del otro y también para que la gente que se acercaba hasta la barra para coger una de las carísimas bebidas que se servían no se aburriera; no es de extrañar que el mayor beneficiado en este aspecto haya sido el bar del pueblo, un dato a tener en cuenta para futuras ediciones si se saca a subasta el tema de la barra que sea con unas condiciones que aseguren que la gente va a poder comprar al menos un miserable botellin de agua que no valga 1 euro o una caña 3, y si estas condiciones ya están redactadas en la subasta hay que asegurarse que se cumplan ejerciendo toda la presión que se pueda incluidas las medidas legales oportunas, no vaya a acabar esto como el FIB, sobre todo teniendo en cuenta que este año ha sido el primero que se ha cobrado entrada (aunque el año pasado se destinaron los 3 euros que cobraron a un fin benéfico), simbólica eso si, apenas 5 euros diarios pero entre lo uno y lo otro podría decirse que se han olvidado de que quien hace grande un festival es el público, si deja de ir por cuestiones económicas el festival se viene abajo, como ha ocurrido con otro de los grandes del norte el Magosta Folk de Castañeda, y que esto sirva de aviso a los navegantes pues era uno de los temas que más se comentaban e indignaban al personal.

Pero de vuelta al escenario nos aguardaba el cierre de la jornada con un grupo local CAMBERA'L CIERZU, que sufre el eterno mal de aquellos que no pueden dedicarse en exclusiva a esto del rollo musical y que solo cuentan con la ilusión para seguir adelante hasta donde pueden, no en vano era la última vez que su gaitera Julia tocaba con ellos debido a problemas de estudios. Después de siete años juntos y con dos discos a sus espaldas acusaron los nervios de esta situación y más concretamente ella, pero igualmente hicieron bailar a la gente que allí quedábamos. Como nos une una estrecha amistad voy a lanzarles un mensaje de ánimo para que sigan adelante pues los “praus” de Cantabria no serían lo mismo sin ellos. Como siempre el rabelista Miguel Cadavieco subió al escenario para compartir la ya mítica “Basilio” donde aprovecha para presentar a los chicos de Cambera a golpe de improvisación rimada, una de las costumbres más arraigadas entre los rabelistas de Cantabria.

Y así, pasadas las 3 de la mañana concluía oficialmente la primera jornada, digo oficialmente porque la gente lejos de irse estuvo por el parque siguiendo la fiesta al ritmo de gaitas y panderetas en esas sesiones espontáneas que surgen en este tipo de eventos y que duran hasta que el cuerpo aguante.

sabado 11

El sábado comenzó con lluvia que amenazaba el desarrollo normal de los conciertos programados, pero antes de ir al recinto había que pasar por un escenario alternativo destinado a los grupos más desconocidos en el Norte o a la gente que empieza, el Teatro Las Escuelas que este año ha visto reducida su programación a un solo concierto en beneficio del escenario principal: HEXACORDE desde Madrid, un grupo absolutamente desconocido pero con una gran trayectoria en su haber, sobre todo a nivel académico como demostraron durante su actuación, desde luego que el apenas centenar de personas que allí entraron salieron contentos y convencidos de su arte y simpatía pues cada presentación de tema se convertía en motivo de risas, sin embargo el escenario y el lugar se nos antojó demasiado pequeño para ellos, creo que cualidades para haber actuado en el escenario principal no les faltaban, son un grupo a tener en cuenta en el futuro por la aproximación que hacen de la música tradicional castellana a los sonidos más modernos, mezclando ritmos y añadiendo instrumentos que poco tienen que ver con las músicas de la meseta pero manteniendo la esencia del sonido de la dulzaina.Resulta chocante que en este grupo los músicos no toquen aquellos instrumentos que mejor dominan, por ejemplo Francisco López, el bajista es un excelente pianista y acordeonista y Fernando Llorente uno de los mejores dulzaineros de España que en este grupo prefiere tocar el clarinete y así ocurre con todos ellos, pero aún así Hexacorde suenan excelentemente y en breve tendremos la ocasión de comprobarlo con la aparición de su primer trabajo, según luego me dijeron para octubre está prevista su salida al mercado.

Afuera continuaba lloviendo mientras en el Teatro escuchábamos ajechaos, jotas y bailes de Zamora, quizá por lo bien que lo hacían la lluvia se lo pensó mejor y se fue a otra parte, mejor, quedaba lo más importante del cartel del festival y así lo testificaba la tremenda cantidad que poco a poco desbordaba las previsiones de la organización y de los más optimistas. Nos esperaba en primer lugar CARLOS NÚÑEZ, el más famoso gaitero de España y otro de los sueños de los organizadores del festival. Al final pese a todo salió a escena el gallego con una banda mínima de cuatro componentes: Xurxo a las percusiones, Pancho Álvarez al bouzouki y Paloma y Begoña al violín. Una de sus bazas de siempre ha sido el directo y así lo demostró en el robledal de Orejo, desde el primer tema enganchó al público con su energía y su entrega. El resto de la banda también influía en este aspecto al acercarse a primera línea del escenario repartiendo sonrisas y mas caña. El concierto se me antojó corto y a pesar de que demostró una vez más que es el más grande gaitero gallego me dio la sensación de que se limitó a cumplir el expediente, y ciertamente así fue, luego supe que acababa de llegar de Madrid de la presentación de la última película de Alejandro Amenabar “Mar Adentro” en la que contribuye a su banda sonora y sin apenas dormir se había subido al escenario y, por otro lado, la larguísima gira por toda Europa que ha tenido este verano nos llevó a tener sólo 1:20h de concierto con un bis incluido, se les veía muy cansados, en especial a Xurxo que perdió en bastantes ocasiones el ritmo en la percusión pero aún así nos ofreció un espectacular solo tocando encima de una de las cajas de transporte de luces. Uno de los mejores momentos fue la versión que hizo de un pasaje del “Concierto de Aranjuez” que no todo el público supo valorar por igual, lo mismo que cuando invitó a siete gaiteros para tocar juntos “Aires de Pontevedra”; para el bis se guardaron la que siempre ha sido uno de sus temas mas cañeros, la versión del tema de la Penguin Café Orchestra “Music for a found harmonium” de sus tiempos en Matto Congrio un grupo mítico del folk gallego de donde han salido entre otros Carlos Núñez y Berroguetto. Resumiendo: un buen concierto con sus fallos y con la sensación de que podía haber hecho más pero con su explicación lógica, el cansancio, las cerca de 8000 personas que según fuentes oficiales asistieron a su recital se quedaron con las ganas de más pero se acercaba el que para mi ha sido el plato fuerte de este año, los irlandeses Lunasa.

El año pasado el reclamo principal fue Hedningarna que ofrecieron un concierto con muchísimos problemas de sonido debido a líos y retrasos en los enlaces de los aviones, este año LUNASA ha sufrido más problemas de este tipo, pues en uno de los transbordos se extraviaron algunos de sus instrumentos: el contrabajo y la guitarra e igualmente llegaron con el tiempo justo. Probaron sonido sobre la marcha mientras la gente se acercaba al bar del pueblo, conscientes de que en la barra del recinto seguían con su política de machacar los bolsillos del personal, ignoro cuanto habrán ingresado pero como ejemplo sirva este: una barra de pan cuesta 0.60 euros y de cada una sacaban cuatro bocadillos a 3,50 cada uno bastante pobres de relleno, desde luego para el año que viene intentaré hacerme con la exclusiva de la barra.

Dejaré, por el momento, el capítulo de contras para volver al escenario, pues tras una breve prueba y presentación del grupo el quinteto irlandés salía a escena. Fue impresionante el silencio que se hizo entre el público para escuchar las notas de sus temas y apreciar la cara de aquellos que venían con ganas de aprender y deleitarse con el arte de Kevin Crawford a la flauta, travesera, whistle y bodhran, Trevor Hutchinson al bajo, Donogh Henessy a la guitarra, Sean Smyth al violín y flautas y Cillian Vallely a la gaita irlandesa (uileann pipe) y low whistle. El grupo de música irlandesa más aclamado del momento fue el que mayores problemas de sonido tuvo, que sin ser graves si que nos robaron parte de la esencia de su música, la gaita que en sus discos lleva gran peso en la melodía a duras penas se oía y por el contrario el bajo sonaba en exceso y a pie de escenario donde yo me encontraba estos problemas eran más graves al faltar potencia que llegará a la gente que se hallaba alrededor. Se echó en falta un altavoz central o unos a los lados del escenario que dirigieran parte del sonido hacia el centro, sobre todo si lo que pretende la organización es llenar a tope, no puedes olvidarte de la gente que va a primera fila que suelen ser los que más disfrutan del espectáculo. A pesar de todo Lunasa era capaz de todo, con un dominio abrumador de los instrumentos y las melodías, con unos cambios de ritmo tremendos, iban desgranando temas de sus cinco trabajos con especial incidencia en “The Kinitty Sessions” un álbum imprescindible para aquellos que quieran acercarse a las músicas de la bella Eire. Cuentan con una puesta en escena muy sobria, sin alardes ni complicaciones, lo suyo es la música sin más y así lo demostraron en las casi dos horas que estuvieron sobre el escenario, que como se puede ver en las imágenes era altísimo, dos metros sobre el suelo hicieron que el cuello de la gente de las primeras filas se resintiera, otro dato a tener en cuenta en el futuro. En los últimos temas comenzó a llover de manera amenazadora pero la gente en lugar de irse a cubierto seguía en su sitio disfrutando de música irlandesa con su clima característico y también con su bebida típica. Quizá por ello lo que parecía que iba a ser una lluvia continua se quedó en un simple susto que duró unos minutos, lo justo para que el grupo tocara su último tema e hicieran un bis para despedirse como lo que son, unos músicos excepcionales.

Y tras el gran espectáculo tocaba el concierto final, de otra banda local, LUÉTIGA, un gran grupo en el pasado y ahora venida a menos por multitud de cambios en la formación provocados no siempre por razones musicales. La banda de los hermanos Diego, Fernando y Roberto son fijos en Orejo lo cual llama la atención siendo Fernando la cabeza visible de la organización del mismo y sinceramente creo que actualmente hay mejores grupos en Cantabria que pueden cerrar este festival, por ejemplo Atlántica o L'Arca de Sueños que mueven más gente y llegan mejor al público. La escasez de watios durante el concierto de Lunasa no se notó con los cántabros, más bien todo lo contrario, había momentos en que todo el parque retumbaba sobre todo con el bombo electrónico que han acoplado en su set, algo que no dejaba escuchar a los demás instrumentos. Hicieron un exhaustivo repaso a sus más de quince años de carrera con mayor y menor acierto, no cabe duda de que intentan llegar pero con las bajas que han sufrido han perdido gran parte de su reclamo, sobre todo en la voz, mientras siga siendo Fernando quien cante no creo que vuelvan a recordar esos éxitos del pasado y sobre todo en el plano musical mi consejo es rodearse de otro tipo de músicos que sientan más lo que hacen y no se limiten a tocar las notas, que conecten con el público y sólo así creo que volverán a estar en el sitio que por derecho les corresponde. Tocaron durante algo más de hora y media para los cada vez más escasos oyentes y con ello se dio por concluida esta VII edición del más grande festival de Cantabria, siendo este año la mejor de todas sus ediciones en todos los aspectos salvo en los expuestos en esta crónica.

Y ya sólo queda esperar a la octava edición para la que se rumorea que fijaran sus objetivos en la música de este de Europa, a mi sinceramente me gustaría que no fueran tan lejos y miraran un poco más hacia España, donde tenemos muchos grandes grupos que desgraciadamente siguen en el anonimato, recientemente tuve ocasión de charlar con Eliseo Parra y me comentó que tienes muchas ganas de tocar en Cantabria y eso si que sería un acierto por parte de los organizadores, acercar todo tipo de música tradicional, aunque no tengan mucho que ver con lo “celta” (lo mismo que La Bottine Souriante) a estas tierras cántabras.

Como despedida y al igual que Hexacorde, quiero aprovechar para mandar un fuerte abrazo a la familia y amigos de Quique Almendros de La Musgaña y desearle una rápida y completa recuperación para poder seguir disfrutando de su buen hacer y su eterna sonrisa sobre y bajo los escenarios.

ÁNGEL MERLÍN
 

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