
Menuda chupa de agua cayó el Jueves en Vitoria. Camino del sitio donde descansamos el fin de semana, tuvimos que parar el coche porque de la granizada que cayó, no se podía conducir. Y todo esto, acojonados porque en cualquier momento se podían romper las lunas del coche de las pedradas que caían. Llegamos al recinto Mendizabala, y vemos una larga cola. Preguntamos para qué es esa cola; nos informan, es la cola para entrar. Deducción: hay otra cola para sacar las entradas. Somos muchos, así que nos dividimos para vencer, pero el enemigo es duro. Yo me quedo en la cola de entrar, y tras media hora ahí, constato que, efectivamente, eso no se mueve. Pero lo que más me llama la atención es que la gente se pone en cola sin siquiera preguntar para qué es la cola. Así, un par de paisanos tienen que perder su turno, después de un rato esperando, porque cuando otra persona pregunta por la razón de la cola, se enteran de que primero tienen que comprar la entrada. A pesar de todo, un cero a la organización que en ningún momento informó a los colistas sobre el hecho de que las puertas estaban cerradas porque había un retraso, debido al cambio de planes. Como había caído la que había caído y había muchas posibilidades de que volviera a caer, habían decidido llevar la presentación del jueves a la carpa Mondosonoro. Al final, tras una larga tanda de pitidos por parte de los colistas con menos paciencia, abren las puertas. Entramos y vemos que la carpa está llena y hay una pila de gente fuera. No vamos a caber todos, enfado de nuevo. Al final cupimos todos, apretados pero bueno, cupimos. El problema era que si querías una cerveza, tenías media hora hasta conseguir apoyar tu tripa en la barra.
Satisfechos y cansados, nos retiramos a nuestros aposentos con una sonrisa en la cara. El primer día no prometía más que miseria y al final hemos salido todos tan contentos. Desde luego el haber visto a los New York Dolls no ha cambiado nuestras vidas, pero hemos asistido a un espectáculo más que digno. Lo único que ensombrece nuestros semblantes y nos hace rechinar los dientes de rabia es el rumor que la organización ha dejado correr de que TSOOL no van a tocar. Después del varapalo que supuso poco después de comprar la entrada, el hecho de que se cayeran Redd Kross, ahora, justo un día antes de su concierto, se deja correr el rumor de que TSOOL no van a tocar tampoco. Por supuesto, el rumor es un hecho y TSOOL, por segundo año consecutivo, se cayeron del cartel. El rumor era solo una manera de ir haciendo a la idea a la audiencia de que uno de los grupos que más gente había llevado al festival, no iba a tocar. Decir eso de sopetón puede traer consecuencias violentas, así que es mejor ir despertando a la realidad poco a poco. La organización emitió un airado comunicado en el que se disculpaban y echaban toda la culpa de la cancelación a la banda, a los que, en un ataque de orgullo, no van a contratar en su vida (o eso dicen; ya veremos en un tiempo...) La realidad, para mí, era que las dos bandas que me habían movido para ir otro año más al Azkena, no iban a tocar. Sobre esto, mejor no hacer más comentarios.
Sonaron como la maquina de riffs setenteros plagados de estribillos pop de corear con la birra en mano que son. Si bien, personalmente tengo que poner un pero. Si hay una canción a la altura de “Positive Bleeding” en el cancionero de Urge Overkill, esa es “Need Some Air”. Y esta sí que no la tocaron. Pecado imperdonable.
Llegó un momento que hasta echó a la banda para tocar él solo. La gente se iba sentando en el suelo, el otro se empieza a disculpar pero sigue sin tocar nada… menuda decepción. No creo que fuera tan difícil, para un tipo como Ryan Adams prepararse un repertorio para hacer feliz a la gente que se ha reunido ahí para verle tocar. Otro de los que venía con ganas de ver y ha fallado. A partir de este concierto, lo que queda será en el escenario principal. Así a priori, debería de ser algo bueno, pero en realidad, al final no resultó serlo. No sé si porque el equipo de sonido estaba reventado o porque el técnico era sordo de nacimiento o por una conjunción de ambas cosas, pero lo que hacía un año sonaba a la perfección, este año era un barullo que en ciertos momentos llego a murmullo.
Michael Davis y Dennis Thompson todavía son una máquina rítmica bastante potente y cuando Wayne Kramer y Nicke Royale conectaban, hubo alguna que otra descarga de energía. Una vez más, todo esto me hizo llegar a la conclusión de que a la mayoría de grupos les venía demasiado mal el hecho de tocar en un escenario como aquel. Todos ganarían mucho (demasiado) en un recinto cerrado y dentro de un programa no tan saturado. Intentamos olvidar todos los contras cuando Radio Birdman se dispusieron a volarnos nuestras ya un poco cansadas molleras. Empezaron arrasando, disparando con “Smith & Wesson Blues” y demás trallazos de su imbatible repertorio. Pero a la tercera canción el fuelle de Rob Younger ya estaba sin aire y bajaron el pistón de tal manera, que perdieron el pulso igual de rápido que lo habían cogido. Con “Love Kills” casi me duermo. Lenta, sin ritmo, sin vida, para mí fue uno de los momentos más bajos del festival. Tanta reunión de viejas glorias no podía ser buena. Lo siguieron intentando con gemas del calibre de “Murder City Nights”, Down Into de Malestrom”, “Aloha Steve And Danno”o incluso una versión de “Street Fighting Man”, pero a mi ya no me llegaron a hacer mover, si bien hay que decir en su favor que eran más de las tres de la madrugada y que ya era difícil hacer revolverse por dentro a nadie, aunque estoy seguro que los Radio Birdman de hace veinticinco años sí lo hubieran hecho. El sábado era, a priori, el día más flojo del festival, pero tras el desastroso viernes, guardamos esperanzas para alguno de los conciertos del sábado. La primera en la frente fue que, por cansancio y despistes, al final no pude ver a uno de los pocos que cumplieron en el festival, Matthew Sweet. Por fuentes de absoluta confianza que se lo tomaron más en serio que yo, oí que el concierto del Sr. Dulce fue muy grande. Acompañado por una banda de la clase de Velvet Crush, el tío se dio un repaso a todos los temas clásicos de su repertorio y hubo tiempo hasta de oír algo de los propios Velvet Crush. A ver si su amenaza de gira se hace realidad y puedo quitarme la espina. A mí me dio tiempo a oír la última canción y todavía le doy vueltas al asunto. Los Wildhearts son un grupo bastante aburrido e hicieron realidad los pronósticos. Hicieron un set con muchas ganas pero flojeando en cuanto a canciones y puesta en escena: la guitarra del cantante está en el ranking de guitarras mas feas que he visto. Además, para ganarse mi antipatía, tienen un temazo en su último disco, “The Wildhearts Must Be Destroyed” titulado “Only Love” que se sale por todos los lados y ¡no lo tocaron! Lo de los Screamin' Cheeta Wheelies fue el colmo del aburrimiento, el paradigma sobre lo que no debe hacer nunca un guitarrista (por duplicado, que eran dos) en el escenario y maltratándonos con un set de medios tiempos cortados por el mismo patrón, interminables, plagados de solos y dejándote con la impresión de que ésa, ya la habían tocado antes.
Grande y con tatuajes en los brazos, camiseta sin mangas y un enorme bajo acústico que no tardó en cambiar por uno eléctrico, bastante más cómodo, es el impulsor en directo de la banda. No para quieto y su eterna sonrisa y su vibrante manera de golpear las cuerdas, nos contagió a todos. El batería, Victor de Lorenzo toca de pie, la mayoría del tiempo con escobillas, y Gordon Gano, que al principio parecía un poco fuera de lugar con su chupa de profesor de instituto, al final, hasta se despeinó un par de veces. Fueron la prueba viviente de que con un repertorio plagado de canciones enormes es difícil hacerlo mal. Aunque si lo intentan, pueden conseguirlo, como pudimos ver repetidas veces en los tres días que duró nuestro festival. Tras estos, un descanso para ver al engendro que se autodenominó Flamin' Groovies. Cyril Jordan y un grupo de amiguetes entre los que se encontraba el crítico musical Alec Palao al bajo, se dedicaron a tirar la reputación de una de las bandas imprescindibles de verdad por la borda. Una banda sin ninguna cualidad, sin nada que destacar en ninguno de sus miembros, se dedicaron a hacer versiones como si de una banda de verbena se tratara. Yo contabilicé cinco versiones de los Stones (entre ellas “Rocks Off”, “Rip This Joint” y “Jumpin' Jack Flash”, tema con el que abrieron el concierto) pero hubo gente que me dijo que contabilizó alguna más. Por si fuera poco, fusilaron el “Nadie Me Quiere Ya” de los Brincos sin ponerse ni rojos y siguieron el saqueo con “Run Run Run” de los Who. Suyos, fusilaron también algún clásico, como “Teenage Head”, “Shake Some Action” de su etapa Jordan-Wilson o “Show Death”. Está claro que una banda sin Roy Loney (o Chris Wilson, aunque yo soy de los que opinan que tras la marcha de Loney, la banda no volverá a ser ni la mitad de lo que fue) a las voces, difícilmente puede sonar a Flamin' Groovies.
Y así terminó este año para mí el festival, con un balance más bien negativo en lo musical (y más aún si lo comparamos con el festival del año pasado). Tanta reunión de viejas glorias pasa de ser una anécdota curiosa, a un cúmulo de conciertos sin intensidad (y alguno ni la más mínima gracia). El resto de la organización estuvo bien, sin hacerse notar, improvisando un escenario en la carpa para que los conciertos del jueves pudieran llevarse a cabo, si bien a mi juicio también bajo de nivel en comparación a como funciono el año pasado. Detalles como que se acaben los vasos de cachi el viernes por la noche o los bocadillos el sábado (y eso que hubo menos gente que el año pasado) no deberían de ocurrir y menos teniendo el patrocinador que tienen (por lo menos lo de los vasos) Esperemos que el año que viene saquen consecuencias, aten mejor los conciertos y se fijen más en los grupos interesantes que hay hoy día, que los hay, y muchos. Pues yo tambien tenia planeado volver el Domingo de mañanita,pero resultó que el bueno de Fidel (coleguilla) había llegau un dia mas tarde que nosotros y con fuerzas renovadas...bueno,yo no se de donde saca las fuerzas este chico.El caso es que al final nos quedamos los dos en Vitoria para ver el homenaje a Johnny Cash que se iba a hacer en el recinto del festival justo despues de comer y que valdría como fiesta de despedia hasta el año que viene.
Una vueltilla por los chiringuitos y el hombre mas esperado del dia ya estaba alli;Roguer McGuinn salió con su preciosa Rickenbaker de 12 cuerdas , otra acustica tambien de 12 y su aparentemente fragil voz,que no ha perdido ni un ápice en todo este tiempo.Alguno se pellizcaba para cerciorarse de que aquello era real...los temas de los Byrds sonaban con el mismo ambiente,otros no se podian reprimir y se retorcian en la silla o en el suelo mientras sonaba "Eight Miles High".De la mitad del concierto hasta el final la gente solo hacia que ponerse en pié y sentarse entre ovación y aplauso.El artista encantado,claro,asi que salió por dos veces a hacer bises.Al final si que mereció la pena quedarse un poquillo mas. Hasta el año que viene
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Cronica y fotos por Poodlebites