
una crónica
de
DIEGO ALONSO
diegoalonso@valladolidwebmusical.org
con fotografías
de
PATRICIA LÓPEZ
pati247@hotmail.com
Ciertamente, hacen
falta más festivales como Ebrovisión: festivales en los que a todos los grupos se les
permite tocar un tiempo razonable, en los que el público no está masificado, en
los que la gente realmente acude para disfrutar de la música en un ambiente familiar
y relajado. En definitiva, un evento en el que se mima tanto a los artistas
como al público, con un precio asequible y unas condiciones de alojamiento muy
superiores a las de otros festivales con mejor prensa.
Por si eso no fuera
suficiente, La Fábrica de Tornillos (nave industrial de oscuro pasado) se
reveló como una acogedora sala de conciertos de sonido más que notable, lo cual
hizo del Ebrovisión
un evento aún más disfrutable.

La Fábrica de Tornillos: el lugar de los hechos
En su cuarta edición,
el Ebrovisión
se confirma como una de las grandes citas del pop nacional. Mientras, los
hermanos Morán intentan salvar los muebles del decepcionante cartel de la
décima edición del FIB sacándose a Morrisey de la
manga... ¿justifica eso el precio de la entrada (150 € = 25.000 pts de las antiguas)? Que cada uno juzgue...
VIERNES
2
LORI MEYERS
Tras la caída del
cartel de Delorean, Lori Meyers fue el grupo encargado de abrir
fuego. Y lo hicieron con energía y estilo, defendiendo a base de guitarras,
melancolía y estribillos épicos su debut “Viaje de estudios”. Si bien no
enteramente originales (hubo momentos para la psicodelia
genuinamente planetaria), Lori Meyers demostraron por qué
son considerados una de las más sólidas promesas del pop nacional.

Lori Meyers: efervescencia
planetaria
BRONCO BULLFROG
Todo un ejercicio de estilo
el de este trío inglés. Armados con unas admirables patillas, Bronco Bullfrog
rindió un sentido homenaje al pop de los 60 y 70: The
Who, The Kinks, The Beatles,
The Beach Boys... Con la lección de los clásicos bien aprendida, los
británicos se desenvolvieron con gran soltura en un concierto que hizo las
delicias de los nostálgicos. A destacar sobre todo las magníficas armonías
vocales que por momentos invocaban a los hermanos Wilson sobre el escenario.

Revisionismo+patillas=Bronco Bullfrog
LA GRANJA
Comenzando con “Aquí
estamos otra vez” como meridiana declaración de intenciones, la actuación de La Granja no hizo sino constatar que la
banda hoy sólo es un pálido reflejo de aquella otra que a finales de los 80 escribía
algunas de las mejores canciones del pop español. Gracias por haber venido y un brillo más power-pop
que nunca en las canciones de su nuevo disco “Tobogán”, entre las que destacó
su hit futbolístico “Eto’o”. Sólo para fans.
LA HABITACIÓN ROJA
El primer gran
concierto del festival. La Habitación
Roja subió el volumen de las guitarras para erigir un monumental muro de distorsión
que tiñó de urgencia e intensidad todo el concierto. La banda valenciana apostó
por un greatest-hits de toda
su discografía que encandiló al público desde la primera canción, desde la
inevitable “Crónico” hasta “La edad de oro” pasando por la coreada “Largometraje” y algunos de los mejores temas de la obra
cumbre de la banda hasta la fecha, “Radio”. Con semejante despliegue de
talento, se les perdona hasta los calculados excesos ruidistas
finales.

LHR: indie superstars
PLEASUREBEACH
El cuarteto inglés se
ocupó de cerrar la jornada a altas horas de la madrugada con un potente hard-rock setentero en el no
faltaron los solos de hammond ni los desarrollos
psicodélico/progresivos. Aunque resultaron por momentos demasiado monolíticos,
lograron enganchar a base de contundencia y actitud a un público que de otra
manera habría cedido a la tentación de volver a la zona de acampada. Sólo por
ello ya merecieron sobradamente el aplauso.

PleasureBeach: entre los vapores lisérgicos
SÁBADO 3
THE
SUNDAY DRIVERS
Puede que la última
entrega de los toledanos, “Little Heart
Attacks”, no sea más que un disco de bonitas melodías
sixties. Pero encima de un escenario The Sunday Drivers son capaces de convertir sus mejores canciones en
auténticos himnos (grande “I should go”) y de reinventar con pasión a The
Band (“Take a load off Annie”) y a los mismísimos Led Zeppelin (“Your time is gonna
come”, que acabó convertida en una brillante y desmelenada jam final). Convencieron a propios
y ajenos e hicieron vibrar a un público que cayó rendido ante su calidad y
simpatía. Un placer.

La elegancia y el buen hacer de The
Sunday Drivers
MIQUI PUIG
Con varias bajas en su
banda de acompañamiento habitual, Miqui Puig comenzó
repasando su pasado al frente de Los Sencillos, dejando caer “Bonito es” a la
primera oportunidad. Lo que empezó como un concierto casi acústico fue convirtiéndose
poco a poco en una gran fiesta: bossa, canción
italiana, rockabilly, tecno-pop...
Miqui Puig, visiblemente emocionado por la
respuesta del público, asumió sin complejos su papel de divo y ejerció de
indiscutible maestro de ceremonias en un divertidísimo concierto con momentos
para las patadas voladoras, los tocamientos impúdicos y las miradas lascivas.

Miqui Puig: el divino
BOEDEKKA
El comienzo de los
ingleses fue sencillamente espectacular: la experimentación galáctica de Pink Floyd, la agresividad de
Primal Scream, la pose ultra cool...
los primeros quince minutos de concierto fueron un alucinante viaje por algunas
de las regiones más peligrosas de la psicodelia de
los últimos 40 años. Lamentablemente, Boedekka gastaron
toda su munición en la primera mitad del concierto, y pronto tuvieron que
recurrir a unos medios tiempos que enfriaron los ánimos del respetable. Sólo al
final recuperaron el mojo perdido con
un nuevo despliegue de electricidad profana que dejó al público satisfecho,
aunque con un cierto regusto agridulce por lo que podría haber sido casi un
ritual chamánico.

Boedekka: two-chord devil
stomp
SERAFIN
Aún a riesgo de parecer intransigente, creo que Serafin estarían
mucho mejor emplazados en un festival como el Festimad,
donde el pogo
es la ley y la distorsión sale de columnas de rugientes Marshall.
Dicho esto, su propuesta musical no deja de ser interesante: recuerdan a
Placebo (“Day by day”),
aunque también se nutren del punk melódico 90s de grupos como Foo Fighters o Weezer. At The
Drive-In también sale de manera inevitable a la palestra, aunque seguramente es
sólo por la peluca afro del cantante. Estuvieron en el lugar y en el momento equivocado,
pero probablemente merecen otra oportunidad.
EL COLUMPIO ASESINO
Descartando los momentos más atmosféricos de su álbum de debut
para apostar por su vertiente más punk, El
Columpio Asesino destapó su ecléctica coctelera de sonidos con un concierto
energético y excéntrico. La versión de “Vamos” de los recién reunidos Pixies fue sólo una muestra de las múltiples influencias que
recogen sabia e irreverentemente los hermanos Arizaleta
& Co. Hay quien les llama “los Death In Vegas
españoles”. Mucho ojo.