EL CAPULLO

CAFE ESPAÑA 15/10/04

 

Miguel Flores volvió al España el pasado viernes, junto a la guitarra de Diego Amaya, después de casi tres años de su más que magnífico recital en este mismo escenario. Parece que en la mayoría de la afición pesó más el recuerdo de la contundente demostración de cante y, por encima de todo, de personalidad que dejó en su anterior concierto que las últimas referencias que de El Capullo teníamos en Valladolid a la vista del llenazo que registró el local.

Pero no pudo ser. El Capullo inició su comparecencia con unas bulerías por soleá que dejaban bien clarito que estaba muy justito de voz, por no decir que estaba casi afónico (en el más estricto sentido etimológico del término). A pesar de ello, se sujetó al cante y hacía albergar esperanzas de cierta mejoría. Esperanzas que se desvanecían a medida que se sucedían los fandangos del Bizco Amate, en realidad un ejercicio de intención - el Capullo lo daba todo sin que llegara nada – detenido por la mala condición en que se hallaba la voz del jerezano. Hasta aquí El Capullo de los aficionaos en un día flojo de voz.

En esto empezaron los Largísimos tangos y con ellos vino la recuperación de un cierto tono vocal que en un visto y no visto, fue sepultado por las extravagancias propias del personaje. A continuación interminables bulerías, a cuyo fin el de la Asunción ya estaba afónico perdido pero calentito, así que siguió el desmelene con parrafadas incluidas (Bin Laden, Crónicas Marcianas, que si mucho moderno..., etc.) que tanta “chispa” tienen los días buenos del Capullo. Así se llegó al descanso.

 

A vuelta de intermedio, de nuevo cierto sosiego con los martinetes y después venga tangos y bulerías hasta que no pudo más. Resumiendo: casi una hora para tan solo un par de apuntes de genio de Miguel Flores y lo poquito que le dejaron a Diego Amaya los estruendos del cajón de Rubichi.

Esta vez no nos tocó el Capullo de las grandes noches sino un intérprete desdibujado, haciendo que el cante de Jerez que se diluyese, mimetizado en interminables series de canciones o cantes - o quizá ninguna de las dos cosas – por tangos y bujerías. No fue el desastre del Principal de Zamora de hace un par de años (“comparado con el día del Principal, hoy parece Pavarotti”, decían a mi lado) o los posteriores de Salamanca y Madrid, donde estuvo para haber suspendido, pero el que faltase el viernes se perdió poca cosa, muy poquita.

 

Croncia y Fotos por Luis Angel Cañete y Maria eugenia Martín

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