COSAS OPTIMAS - 10/7/2004 CORDOBA

Guitarra: Paco de Lucía.
Segunda guitarra: Niño Josele.
Cante: Duquende, Montse Cortés y Victoria Santiago, "La Tana".
Percusión: Israel Suárez "El Piraña".
Bajo: Alain Pérez.
Teclados, mandolina y armónica: Antonio Serrano.

Lugar: Jardines del Alcázar.
Fecha: Sábado 10 de julio, 23:00h.
Aforo: lleno absoluto.

Estamos a mediados de julio y Córdoba acaba de celebrar la vigesimocuarta edición de su Festival Internacional de la Guitarra: dos semanas de conciertos (a veces, varios al día), cursos, talleres y exposiciones dedicados a este instrumento. Este año han pasado por el festival gente como Tomatito, Roland Dyens, Raimundo Amador, Ricardo Gallén, Stanley Jordan, Bob Dylan, Ralph Towner, Manuel Barrueco o Al Di Meola.

He obviado dentro de los mencionados al único qe colgó el cartel de "localidades agotadas", qe además lo hizo en pocos días y cuya actuación tuvo lugar el pasado sábado 10. Me estoy refiriendo al maestro Paco de Lucía. Su último disco, "Cositas Buenas", es una muestra más de lo qe este hombre ha hecho toda su vida por el flamenco, un género qe, cuando él lo abrazó, estaba más oxidado qe la chimenea del Titanic. Cabe decir qe es un disco qe, contrariamente a lo qe se dice, no presta mucha atención a la voz a no ser qe lo comparemos con la producción en general de Paco. Qien espere un disco con mucho cante, qe no se emocione: Paco sigue siendo figura omnipresente en su propia música, siempre buscando introducir elementos no-flamencos (o no académicamente flamencos) sin dejar qe el flamenco qe toca pierda su esencia flamenca. Porqe, no nos engañemos, Paco nunca toca clásica, ni jazz, ni blues, ni pop: lo qe toca Paco es flamenco, de eso no hay duda.

Baste esta peqeña introducción para ponernos en harina sobre lo qe se coció en el concierto del otro día, en el qe se presentaba "Cositas Buenas". De entrada, decir qe los Jardines del Alcázar son un enclave idílico para un acontecimiento así, pero qe las sillas de madera acojonaron un poco. ¿Dos horas sobre esa silla? Me parto el culo (en sentido literal). Paco salió bastante puntual, a las 23:05h. Apareció solo en el escenario y nos obseqió con una rondeña qe dejó sin aliento al respetable y qe podría servir para resumir lo qe vino después. Qé curiosas progresiones, poco oídas en el flamenco, qé picados, qé limpieza en todas las voces (en ocasiones él solito tocando tres líneas melódicas independientes, simultáneas, bien claras, como si interpretase una obra para guitarra clásica), qé sentido del fraseo, cuánto saber en el juego con las intensidades y qé elástica concepción del tiempo. Así, uno tras otro, se sucedían los toqes y los cantes. Pudimos escuchar casi por igual tanto temas del nuevo trabajo ("Patio Custodio", "Antonia") como de otros ("Camarón", "Canción de amor"). Pero ojo, cualqier parecido con sus respectivas versiones en disco es pura casualidad. Allí todo olía a fresco y a nuevo.

Los cantaores estuvieron a la altura, sin excentricidades de ningún tipo; el percusionista discreto, correcto y atento a los contratiempos, sobre todo en las bulerías qe Paco lleva a velocidades endemoniadas; el guitarrista tuvo bastantes momentos de lucimiento, como en el electrizante diálogo de picados con Paco en "Zyryab" (tema qe venía muy a cuento por tratarse de un homenaje al músico cordobés); a destacar el armonicista, qe aportó, aparte de un timbre novedoso, un melodismo "quasi-jazzístico" muy enriqecedor para la ocasión.

Hubo bis, desde luego. "Entre dos aguas", por supuesto. El público se vino abajo, of course. Sobre estos últimos, apuntaré primero qe a ratos me hacían sentir como en los toros (ovaciones cada vez qe Paco ejecutaba un picado a toda velocidad), segundo qe no sabían aplaudir sentados y tercero qe, a pesar de todo, estuvieron mucho más silenciosos qe cuando van al cine, cosa muy de agradecer.

 

Cronica escrita por Trabas

AGRIDULCE FUSIÓN DE ESTILOS - 14/7/2004 CORDOBA

Guitarra clásica: Manuel Barrueco.
Guitarra acústica: Al Di Meola.

Lugar: Gran Teatro.
Fecha: Miércoles 14 de julio, 21h.
Aforo: tres cuartas partes.

El pasado miércoles tuvo lugar uno de los conciertos estrella dentro del Festival Internacional de la Guitarra de Córdoba. Manuel Barrueco, guitarrista clásico de primerísima línea, medía su guitarra con la de un gigante del jazz moderno difícil de etiqetar: Al Di Meola. La idea era qe tocase Barrueco solo, luego Di Meola solo y, después del pertinente descanso, los dos juntos. Figuraba el repertorio qe ambos iban a interpretar en un programa de mano qe mira para lo qe sirvió, porqe fue terminar Barrueco y sucederse la confusión y el desorden en lo programado. Cosas del directo.

Qé se puede decir de un intérprete como Barrueco, impecable en todo lo qe hace. Presenciar su actuación fue un lujazo absoluto, y para la ocasión escogió un repertorio no muy variado pero sí muy lucido: Ernesto Nazaret, Chick Corea, Astor Piazzolla e Isaac Albéniz. El "Verano Porteño" de Piazzolla y el "Asturias" de Albéniz, especialmente brillantes.

Salió seguidamente al escenario Al Di Meola. Vaya por delante qe era la primera vez qe iba a verlo en directo, qe había buscado ese momento durante años, qe Al Di Meola siempre ha sido uno de mis guitarristas fetiche y qe he gozado escuchándolo como el qe más. Pero después de la limpieza absoluta, el sonido redondo, la variedad de timbres, el gigantesco rango de dinámicas y el fraseo natural de Barrueco, el estilo de Di Meola dio la impresión de pobre desde el principio. Y eso me dolía, pero tenía qe reconocerlo. Se cargó varias obras de Piazzolla en un discurso musical plano, precipitado, deslabazado y sucio. Como máxima candidata al museo de los horrores, una desfiguradísima "Milonga del Ángel". ¿Por qé todo esto? Pues en primer lugar, no se puede pretender tocar estas piezas careciendo, como carece Di Meola, de la técnica reqerida para hacer sonar en condiciones entramados polifónicos de este calibre. Qe en una grabación se puede resolver maqillando y doblando voces, pero en directo los incesantes cortes de las melodías convergentes dan un resultado muy pobre. En segundo lugar, si el rango dinámico de Barrueco estuviera entre 1 y 10, el de Di Meola estaría entre 9 y 12. Muy pobre. En tercero, el uso de la púa hace un clic-clic-clic qe en ocasiones llega a tapar la propia música, además de producir una sonoridad poco plena de armónicos. Muy pobre. En cuarto, marcar el compás a zapatazos produce una interferencia desagradable, sobre todo cuando a menudo su coherencia con lo qe suena es difusa; duele especialmente cuando acompañan a cada pulso de una subdivisión ternaria.

En estas me vi al llegar el descanso. Pensé en largarme, suicidarme, hacerme mormón, yo qé sé. Al final me qedé. Así qe los dos guitarristas salieron al escenario y desgranaron obras de Piazzolla muy al estilo en el qe Di Meola lo hizo en "Di Meola plays Piazzolla", y más tarde un par de temas del disco qe grabó con Paco de Lucía y John McLaughlin. Aqí sí qe sonó el estadounidense, y se irguió en fin como director del cotarro, pero como arropado desde la discreta sombra por un crecido Barrueco, sorprendente en sus registros, descomunal en su versatilidad. Lo malo fueron los puntos donde el discurso musical tomaba forma en la guitarra del cubano, qe Di Meola no supo dejar qe se oyesen.

La noche, a pesar de las penas, dio hermosísimos momentos. El sugerente discurrir armónico, la precisión rítmica, el endiablado virtuosismo y el sentido y espontáneo vigor de Di Meola aún supieron sobreponerse a su falta de recursos sonoros, y así él y Barrueco lograron qe el teatro se rindiera pidiendo un bis. Como era de esperar, tocaron la última: un flipante "No Mistery" de Chick Corea qe dejó un muy buen sabor de boca final. Respiré aliviado.

Cronica escrita por Trabas

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