Jonathan Richman

24 abril, Kafe Antzokia (Bilbao)
Pequeño error: la presentación de “The Best of Jonathan Richman and The Modern Lovers” (Vapor Records, 2004) la creía, si bien no con su vieja banda proto- punk setentera, con una instrumentación bien engrasada que me surtiera la dosis decibélica correspondiente que el médico me ha recomendado una vez por semana. Pues bien, Richman, trovador a la vieja usanza, con guitarra española a lo lorailo y su baterista Tommy Larkins, frente a una mayoría que rondaba la treintena, se sirvieron y se sobraron para crear un espectáculo más de showman divertido que de otra cosa. Lo cual no es desdeñable ni mucho menos. El sempiterno tema del amor y el desamor (parece que él siempre quiere más de lo que le quieren) en clave humorística, políglota en su cancionero (desde euskera!!! a italiano, pasando por francés, castellano y por supuesto inglés) y danzando cual paposo perdido en los solos de batería, dio el pistoletazo de salida con “Roadrunner” y “Pablo Picasso” para satisfacer desde el principio al personal. Y luego, a su bola. Se le reprochó desde la masa que volviera al Rock and Roll, pero a lo mejor, el bueno de Jonathan, se ha cansado de él tras veinte discos.

Álvaro Fierro

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Jonathan Richman, considerado como un poeta musical del Rock'n' Roll, que se mueve en la tradición de Grandes crooners como Bing Crosby o Frank Sinatra, fundó The Modern Lovers a principios de los 70. Banda que reivindicaba el pop en los años setenta y de la que salieron miembros destacados de Talking Heads o The Cars. De su primer trabajo, The Modern Lovers, destacan todavía hoy temas como "Roadrunner" o "Pablo Picasso".


En 1977, su canción "Egyptian Reggae", se convirtió en un gran éxito en Inglaterra, Holanda y Alemania, dónde aun hoy cuenta con un gran grupo de admiradores incondicionales. En 1978, se separan y tras dos años de inactividad comienza su carrera en solitario.
Ahí comenzaría una larga carrera en solitario en la que Richman ha sido un inefable hombre orquesta, trovador de las más impensables temáticas, solidaridad, observaciones acerca de la naturaleza aportando su incurable sentido de la aventura.
A comienzo de los noventa, demuestra un interés creciente en la cultura latina con un disco grabado enteramente en castellano. Su total imprevisibilidad y sus arriesgadas apuestas artísticas le dejan fuera de los circuitos comerciales
Descubierto ante una nueva generación por la película "Algo pasa con Mary", Jonathan Richman es uno de los talentos más singulares e insobornables que ha dado el rock norteamericano del último cuarto de siglo. A principios de los setenta ya profetizaba el advenimiento punk y se adelantó a su tiempo al adoptar los postulados de Velvet Underground y que, pese a ofertar una actitud moral muy sentimental, sería versioneada por los mismísimos Sex Pistols.

A lo largo de su carrera Richman ha ido prescindiendo de la formación de banda, reduciendo la instrumentación de sus canciones hasta tocarlas casi solo con el suave acompañamiento de una batería. Esta obsesión enfermiza por la sencillez acústica le convierte en uno de los animales musicales más raros del universo discográfico.

Jonathan Richman es uno de esos personajes alegres y únicos, un trovador moderno que compone canciones sobre los miles de pequeños detalles que forman la vida y que reparte una alegría y una gracia muy particular en cada una de sus actuaciones. Es capaz de cantar en español para que la audiencia entienda completamente las letras de sus canciones. De hecho uno de sus discos, Jonathan, te vas a emocionar está cantado totalmente en español y contiene temas tradicionales de Richman, al igual que clásicos populares latinoamericanos como Sabor a mí o Compadrito Corazón. Su deseo de cantar en castellano se debe a que quiere comunicarme con cuanta gente sea posible y pensó que para llegar al público latino lo mejor sería cantar en español. El fundador de los Modern Lovers canta también en italiano y francés tanto en Estados Unidos como cuando va de gira por esos países, si bien no ha grabado ningún disco en esos idiomas.

Esto es un sí algo notable: por lo general los artistas latinos son los que tienen que amoldarse a las necesidades del mercado anglosajón y cantar en inglés para ser reconocidos; la sensibilidad de Johnathan Richman lo inclina a lo contrario: a cantar en español, no por una cuestión comercial, sino para llegar verdaderamente a un público amplio, para no aislarse en el provincialismo anglófono, para ser universal. Por si fuera poco, la voz y la actitud totalmente despreocupada de Richman en escena confieren a sus actuaciones una comunicación muy particular con el público, secreto en el que reside su éxito y gran parte de su atractivo.

Richman ha progresado mucho en su español y ahora está muy orgulloso de sus traducciones que, dice, "no sólo riman sino que tiene el sabor original de mis letras en inglés. De hecho, a veces prefiero el sonido y el sentido de las traducciones a los originales. Y si alguna vez parece que estiro o deformo el español, es bueno que sepan que hago lo mismo en inglés".

Una gran parte del encanto de Richman reside en las siempre ocurrentes letras del compositor, que describen una sensibilidad a flor de piel, una protesta íntima. Sus canciones proyectan una sensación cálida que conduce a la complicidad y a la alegría. Otra de las grandes cualidades de Richman es su humor pícaro y desenfadado, que estimula en el público.

Richman ha escrito una divertida presentación de su música en la que explica las diferentes formas de comunicación con diferentes músicos y la calidad sonora que cada formación conseguía con el público, para luego concluir que es mejor que siga cantando en solitario. El cantante dice que le gusta que la gente baile en sus actuaciones, siempre que aprecien cada palabra, cada matiz de su música. "Exigencias como ésta de la audiencia y los músicos son una de las razones por las que no debo ser jefe de nadie.
"Mi forma de cantar y tocar la guitarra es tan errática y espontánea... Siempre estoy cambiando versos, añadiendo cosas, cambiando de clave, por lo que creo que es mejor que cante en solitario", concluye Jonathan Richman, un juglar moderno que canta canciones simplemente complicadas, con un humor, un encanto y una sinceridad que ya no existe.

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