EL TORTA
CAFE ESPAÑA - 04/03/05

 

Se anunciaba en el España a Juan Moneo Lara, el Torta. Hasta Diógenes del
Cante lo ha llamado algún crítico, de los de Madrid, de los que entienden.

Cantaor que despierta entre gran número de aficionados tales sentimientos,
tales filias, tal “conexión” estética, tal identificación expresiva de los
fundamentos musicales y sentimentales, que hablamos de él (por supuesto
que me incluyo) como si hubiese desaparecido de los escenarios antes de
que existieran los aparatos de grabación y fuese menester convencer, con
argumentos y sucedidos, de la categoría de este elegido de los duendes, de
las musas, de las amapolas. Somos bastante pesados:

El Torta está por los escenarios y peñas para el que quiera de disfrutar
de una de las pocas muestras de canción expresionista, de autor, en
español y sustentada en los modelos jerezanos normalizados en los tiempos
de M. Torre y que hoy sirven para contar al respetable que la vida está
hecha de miedos, incertidumbre, pena, melancolía o alegría. La misma
imagen conmovedora del llanto, sin conocer la razón del lloro, desgarrado
e intermitente. Como el cante del Torta.

 

Juan Moneo Lara (Jerez de la Frontera, 1952) es un cantaor que despunta ya
en los años setenta. Más allá de la genealogía casi mítica, aplicable
también a su hermano mayor Manuel (más que extraordinario cantaor), este
intérprete ha sido bandera de la rebeldía gitana de Jerez (donde Juan es
Juan. Recomiendo viajecito a Jerez para escucharlo en directo), haciéndose
escuchar a base de cante de calidad, humana (Juan es un grandísimo
aficionado) e interpretativa. Todo su repertorio –quizá con la excepción
de las alegrías, por donde pasa con simple corrección- presenta matices
dignos de mención, no es un cantaor que te deje indiferente. Tanto en
tientos tangos, como por soleá, bulerías o fandangos, tuvo El Torta
momentos de brillo interpretativo en el rajo de su voz, en su
ensimismamiento escénico, el lirismo de sus composiciones por bulerías y,
sobre todo, el sabor Plazuelero de los Jereles.

 

 

La voz ya no va perdonando con la edad y con el resfriado que traía el jerezano, las fuerzas le fueron abandonando, hasta quedarse prácticamente afónico al volver a escena tras un bis a responder a los aplausos de un público que adora al Bohemio del barrio de San Miguel. Igual que él ama el cante como signo de identidad, más allá de lo profesional, de una comunidad jerezana que compra el disco del Mercé en “la manta” pero que se calienta el corazón con Juan en cualquier plaza de Jerez.

Crónica y fotos por Luis Angel Cañete y Maria Eugenia Martin Maeso

Jerez, Fiesta y Cante Jondo

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