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El pasado 25 de junio llegó a su trigésimo quinta edición -con esta cifra ya se deja constancia de la solvencia de este encuentro anual- el zamorano festival flamenco de San Pedro. A pesar del prestigio con que cuenta entre la afición y los artistas flamencos, he de hacer saber al que lea estas líneas, que el que las firma forma parte de la entidad que organiza el
evento: la peña flamenca "Amigos de Cante" de Zamora, que este año celebra su treinta cumpleaños. Así que si parece demasiado benévolo lo que en adelante cuente, la razón, o quizá la excusa, ya ha quedado dicha.
Por el zamorano festival, así como por su Peña, ha pasado la historia toda, incluso la leyenda, del buen flamenco de los últimos treinta y tantos años: Antonio Mairena, Camarón, El Sordera, Agujetas, Chano Lobato, Manuel Morao, Melchor de Marchena, Parrilla de Jerez, Moraito. Estos nombres (y alguna decena más de ellos que omito) dan fe de la trayectoria del festival a lo largo de sus anteriores treinta y cuatro ediciones. |
El festival del Parque del Obispo anunciaba para este año un cartel
atractivo pero algo disparejo en su concepción. Me explico: por un lado El
Salmonete y el Torta con Pascual de Lorca y Alberto San Miguel a la
guitarra y, por otro, Calixto Sánchez y Niño del Gastor. Entre estos dos
conceptos de interpretación flamenca tan distantes, o al menos así lo
vemos un gran número de aficionados ,el baile de Milagros Mengíbar.
Por delante salió el más joven, Salmonete, Jerezano de la Asunción,
acompañado a la guitarra por Alberto San Miguel. Lo siento por los que no
estuvisteis, sinceramente. El "Salmo" empezó por Alegrías, bien de voz,
pero solo fue el prólogo de lo que iba a pasar. Liviana y Macho imposibles
(el macho más que imposible), Bulerías por Soleá que a más de uno nos
trajo a la memoria al desaparecido Sordera en su mejor versión. Los
Fandangos que lanzó desde el escenario fueron simplemente de antología. Se
marchó después de unas bulerías festeras y allí nos dejó, frotándonos los
oídos. El festival empezó fortísimo, aposentándose Jerez todo sobre el
escenario zamorano. Pero con el nivel que dejó Salmonete sobre las tablas
poco podía hacer el Niño del Gastor.
A continuación, el magnífico y templado -en el más estricto sentido
taurino del término- baile de la trianera Milagros Mengíbar. Emocionante
en La Caña y sosegada en las Alegrías, la danza de esta verdadera maestra
cobra cada temporada el valor añadido del riesgo de extinción que sufre el
flamenco "a secas" en los circuitos teatrales actuales. A modo de
ilustración, sepan que el cuadro contaba con un solo guitarrista (eso
ahora ni en las academias) que se bastó para lucir el baile de una reina
del Flamenco.

En esto salía al escenario El Torta y, por experiencias anteriores aquí
mismo, había expectación. Todos pensamos en volver a ese Jerez que nos
había enseñado Salmonete hacía un rato. Pero hoy no tocaba. Estuvo bien
por Soleá, seguramente por descuido. Pascual de Lorca miraba mucho a la
guitarra por no mirar al Moneo. El Torta no estaba y, como no se
encontraba, se puso a buscarse, se lió a divagar un ratito y luego se
marchó a ver si mañana amanece otro día.
Para rematar quedaba Calixto Sánchez, de sobrada solvencia pero algo
repetitivo en su repertorio durante esta temporada, algo censurable en un
cantaor que es un pozo de conocimiento y afición. Estuvo a su nivel
acostumbrado. El de este año no era cartel para Calixto. A los que nos entusiasma el sentimiento "salmonetero" recuperamos de forma
inequívoca a un gran cantaor que ya se venía echando de menos (la vida)
durante los últimos años. Eso nos deja el Sanpedro 2005. Lo demás ya queda
dicho.
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