KiKo Veneno. SALA Patxa. Valladolid 05/11/05 |
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Uno de los nuestros Recurrir a los treinta años de carrera de Kiko Veneno para hablar del concierto del sábado, resulta tan innecesario como inevitable. Innecesario, por que a pesar de contar solo con la mitad de su voz,-la otra se la debió llevar una farra o un resfriado-, el andaluz nacido en Figueres brindó una actuación llena de emoción y sentimiento, un concierto con mayúsculas, valioso en si mismo. También inevitable, ya que aun sin pormenorizar los logros de su currículum, seria imposible explicar tanta magia de no ser porque Kiko ya es uno de los nuestros. Siempre tuvo el don de la cercanía, pero ahora además de parecerlo, resulta que de verdad lo conocemos de toda la vida, y desde esa óptica hay que entender el hermanamiento que se vivió en la abarrotada Sala Patxa. El ultimo disco de este Catalán de Cádiz, -“El hombre invisible”-, tiene calidad, tanto que sus temas no desentonaron lo mas mínimo entrelazados entre los grandes éxitos que seleccionó para la ocasión. A Kiko le ocurre con la canciones lo que a Brasil con los futbolistas, tiene tantas y tan buenas, que con las que él desecha otros harían carrera. Veneno se permitió el lujo de dejar fuera discos enteros, y canciones fetiche en su carrera como “ Mercedes blanco”,”Joselito”,”Te hecho de menos” ,..., no sonaron, sin perder por ello un ápice de intensidad. Comenzó valiente con “El hombre invisible”, seguido de “ Abanico de cristal” , y con el Rock-Charanga de” Los notas del retumbe” levantó definitivamente el vuelo. Grandioso en la reinterpretación de los viejos temas, no dejo por ello de intercalar sus ultimas canciones; “Inspiración”, “Hoy no” , corte de inspiración “pop” donde muestra su faceta mas inconformista y critica, o “Tener razón” con la que cerró, y que constituyó uno de los momentos álgidos del show. Para los bises se dejó un “lobo López ” remozado y pletórico, y el “Volando voy” tema que popularizara Camarón de la Isla allá por 1978. Ya entonces Kiko completamente afónico se limito a ejercer de maestro de ceremonias, dejando el protagonismo a Charly Cepeda y los suyos que nos regalaron un fin de fiesta instrumental. Mucho más comedidos el resto del repertorio, los músicos de Kiko dejaron paso a sus palabras. Resulta casi imposible, encontrar un verso grandilocuente o artificial en una canción de este artista. Su lírica, sus personajes, sus historias, viven a pie de calle sin separarse ni dos palmos del suelo. Surrealista o delicado, toda su obra exhala ese aire cotidiano que, a fuerza de sencillez, la hace más impactante, mas verdadera. También en lo estrictamente musical nos dejó su influyente e inconfundible sello; ¿te imaginas alguien que escucha Frank Zappa, Rolling Stones, The Beattles y luego se va de cañas con Raimundo Amador ? , ese es Kilo Veneno. De esa manera discurrió la noche, como son los reencuentros con los viejos amigos. Nos cantamos las nuevas historias y las historias de siempre, bailamos, cantamos, bebimos y al final nos dijimos hasta pronto. Texto. Golliat. Fotos. Cepo Cabrera
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