MATT ELLIOTT
+ MANY
FINGERS
CAFÉ ESPAÑA
miércoles 4 de mayo de 2005
DIEGO ALONSO ARÉVALO
diegoalonso@valladolidwebmusical.org
Matt Elliott siempre ha sido un visionario con especial debilidad por los
rincones más oscuros de la psique humana, un camino sin retorno que ya comenzó
a recorrer con Flying Saucer Attack y The Third Eye Foundation.
Ahora, despojado del sadismo deliberado y formidable de aquellos proyectos, Matt
Elliott ha abandonado toda autoindulgencia y está finalmente dispuesto a
tocar fondo. Su música tiene mucho de crueldad nietzscheana, aunque también el
aire decadente de los himnos soviéticos y el romanticismo solemne de los coros
de borrachos. Sin embargo, trasciende la torpe dicotomía alegría/tristeza
porque nace de un abismo mucho más profundo, del abismo donde habita lo innombrable, usando la terminología
de Lovecraft.

Matt
Elliot: honestidad brutal
Desde la sobrecogedora elegía de "The Kursk" hasta la monstruosa
mutación drum & bass de "The
Maid We Messed", la actuación de Matt Elliott fue una perturbadora letanía
ancestral, un desfile de muertos cantando a los vivos o de vivos cantando a los
muertos. Reconstruyendo las canciones mediante la superposición infinita de loops grabados en tiempo real, con la ayuda
de Chris Cole al cello y a la batería, Matt
Elliott logró recrear una atmósfera de otro mundo, simultáneamente
fascinante y repulsiva. Y,
ciertamente, había algo de sobrenatural en la manera en la que manipulaba su propia
voz para convertirla progresivamente en un escalofriante coro espectral que
esparcía cientos de lamentos por toda la sala. O en el modo en el que las hipnóticas
melodías de guitarra, aparentemente familiares, comenzaban a enrarecerse de
manera casi imperceptible.
A pesar de la cadencia solemne y de los
extensos desarrollos de sus canciones, la actuación mantuvo en todo momento un
nivel de tensión casi doloroso e indescriptiblemente lúcido, finalizando con
los más de 20 minutos de profanación ruidista de “The Maid We Messed”, un
epílogo abrumador y forzoso para un viaje insondable.
Antes de participar en el descenso a
los infiernos de Elliott, Chris Cole
(a.k.a. Many Fingers) ofreció un bienintencionado
aunque en última instancia inofensivo ejercicio de clicks & cuts, minimalismo y electrónica deconstruida, con algunas
interesantes texturas de inspiración jazzística. Una mera anécdota, en
cualquier caso, frente a la increíble magnitud de la obra por llegar.
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