

texto:
DIEGO ALONSO
diegoalonso@valladolidwebmusical.org
fotografías:
PATRICIA LÓPEZ
pati247@hotmail.com
La primera edición del
Santander Summer
Festival dejó una sensación un tanto agridulce. Si bien desde el punto de
vista artístico no hay nada que objetar (excepto quizás un cierto
conservadurismo en la elección de los grupos del cartel), la organización del
festival brilló por su ausencia en no pocos momentos, especialmente en lo que
respecta a un recinto de acampada con un inexistente control de acceso y con unas
condiciones de higiene rozando lo insalubre. Tampoco habría estado mal algún
lugar donde poder descansar entre concierto y concierto (¿de verdad eso era un chill out?), un mercadillo un poco más animado y, puestos a
pedir, un suelo un poco menos polvoriento.
A pesar de todo, es
necesario dar un voto de confianza a un festival que, con una asistencia de más
de 28.000 personas en su primer año, ha apostado fuerte por hacerse un hueco
entre las grandes citas estivales. Ambición no les falta. Esperamos con
impaciencia la próxima edición.
viernes 8 de julio
EL
COLUMPIO ASESINO
Presencia ya habitual
en los festivales veraniegos, la banda navarra volvió a sufrir el peor horario
posible y a brillar encima del escenario con su rock ruidoso e iconoclasta. Las
guitarras sonaron verdaderamente furiosas y la trompeta añadió el adecuado
punto de delirio a una mezcla siempre estimulante. A mismo tiempo divertida, amenazante y bailable, “Floto” fue el auténtico
clímax de una actuación llena de estridencia y talento.

El Columpio Asesino: freak out!
MAGA
Felices, relajados y con la confianza que otorga el saberse dueños
de un repertorio intachable, Maga convirtieron su concierto un greatest hits que hizo las delicias de un público
que coreó cada estribillo con un fervor encantadoramente adolescente. Pero
entre el (previsible) comienzo de “Astrolabios” y el (aun más previsible) final
de “Des-pi-de” la actuación fue cercana, vibrante y
sorprendentemente enérgica, llena de momentos de pura emoción, como
“Diecinueve” o “Un mundo en un cuadrado”, e hizo olvidar las limitaciones de
trasladar sus caleidoscópicas melodías a un escenario.

Maga: voy nadando a mariposa...
OCEAN COLOUR SCENE
¿Retirarán alguna vez OCS el retrato de Paul
Weller de la mesilla de noche? De momento, los
británicos acaban de sacar su séptimo disco y nada parece haber cambiado. Al
igual que sus conciertos: predominio de medios tiempos, la guitarra impecable
de Steve Cradock y algún
que otro arranque de psicodelia y rhythm & blues que, afortunadamente, añaden
algo de groove
al conjunto. De acuerdo, “Hundred Mile
High City” y “The Riverboat Song”
son grandes canciones. Pero ahí se acaba la gracia.

Ocean Colour Scene: retozando en el pasado
MORCHEEBA
Probablemente, en
cualquier otro grupo, un cambio de vocalista supondría una reinvención de su
sonido o, al menos, un matiz distinto en
sus viejas canciones. Pero no en el caso de Morcheeba. Su electrónica amable
de anuncio de TV es tan insulsa como antes. Con la desastrosa “Rome Wasn’t Built
In A Day” como momento álgido del concierto y la
inevitable mirada nostálgica de “Trigger Hippie”
(¿alguien creyó alguna vez que esto era trip hop?), el concierto de Morcheeba fue sencillamente
aburrido.
THE FAINT
Sin lugar a dudas, fue
lo mejor de la noche. Rescatando los momentos más inspirados del irregular Wet From Birth, The Faint prendieron fuego al escenario con un muro de sintetizadores
80s, guitarras fracturadas y ritmos masivos. El enfoque oscuro y teatral que
caracteriza su música (¿dance-punk gótico?) no impidió que los americanos dejaran
a su paso un rastro de sudor y adrenalina con una actitud febril y apasionada
y, sin embargo, innegablemente cool. La urgencia de “I Disappear”,
dominada por una electrizante línea de bajo, y la afectada pose retórica de “Paranoiattack” fueron sólo dos de los grandes momentos de
una actuación verdaderamente espectacular.

The Faint: el revival bien entendido
THE CHEMICAL BROTHERS
Los hermanos químicos
ofrecieron una resignada y decepcionante sesión de electrónica para las masas.
Como viene siendo habitual, los de Manchester ocultaron su falta de inspiración
bajo un impresionante juego de luces que no sirvió para salvar del tedio una
actuación realizada con piloto automático. Comenzaron, claro, con “Hey Boy Hey Girl”
y también cayeron “Block Rockin’
Beats”, “Song To The Siren”
y el obligado single de Push The Button, la notable “Galvanize”.
Sonaron los primeros compases de la ácida suite
“Elektrobank” y los de Manchester tuvieron la
oportunidad de reconducir su actuación hacia terrenos más estimulantes, pero la
dejaron pasar. Una pena.

The Chemical Brothers:
detrás de las luces, el vacío
sábado 9 de
julio
STERLIN
Parece ser que llega
un momento en que todas las bandas indie estatales se
sienten extrañamente obligadas a madurar y a buscar credibilidad refugiándose
en el tradicionalismo más rancio. ¿Melodías atemporales? ¿Elegante clasicismo?
Por favor. Con una dicción inglesa que dejaba mucho que desear, la voz de Adela
(ex-Sunflowers) fue el eje central de una actuación
llena de buenas intenciones pero falta de intensidad y carisma.
THE FEVER
Con más agresividad
que efectividad, The Fever
demostraron por qué difícilmente saldrán de la serie B del revival
post-punk. Conscientes de sus
limitaciones, los neoyorquinos se esforzaron en dar lo mejor de sí mismos, pero
no pudieron salvar una actuación bastante errática que se centró principalmente
en el repaso de su discreto disco de debut, Red
Bedroom. Las canciones más infecciosas, como
“Artificial Heart” o “Ladyfingers”,
lograron dar la talla, pero el resto cayó en la indiferencia.

The Fever: no es oro todo lo que
reluce en NY
MANTA RAY
Problemas técnicos
aparte, la banda asturiana nunca llegó a encontrar su sitio encima del
escenario y su actuación fue un fiel reflejo de esa incomodidad. Gélida, tensa,
áspera, afilando las aristas de los momentos más correosos de Estratexa,
cayendo torpemente en la grieta que separa el krautrock alemán de Washington DC,
Manta Ray
fue víctima de su propia gravedad. Quizás, a fuerza de tanto decirlo, se han
tomado demasiado en serio el papel de abanderados de la vanguardia nacional. Esperemos
que no sea irremediable.

Manta Ray: the importance of being earnest
LOS PLANETAS
En uno de los conciertos más lúcidos que se les recuerda desde
hace tiempo y con la voz de J sonando sorprendentemente alta y clara, Los Planetas triunfaron casi sin
esfuerzo. Tras una perezosa primera parte dedicada a revisar la psicodelia bucólica de canciones como “Corrientes
Circulares En El Tiempo” o “Nunca Me Entero de Nada”, el concierto comenzó a
despegar con el inconfundible pulso rítmico de “Segundo Premio”, marcando el
comienzo de una sucesión de hits verdaderamente incontestable. La efervescencia de “De
Viaje” y la resignación de “Santos Que Yo Te Pinte”. La oda tóxica de “Nuevas
Sensaciones” y la comedia negra de “Pesadilla En El Parque De Atracciones”. En
una actuación sin fisuras, los granadinos convencieron a los escépticos y no
decepcionaron a sus fans. A estas alturas, ¿quién
puede pedirles algo más?

Los Planetas: levantando pasiones
SONIC YOUTH
Además de ser una cita
con uno de los iconos musicales más importantes de siglo XX (bla, bla, bla),
un concierto de Sonic Youth es una
experiencia intensa y desconcertante. Los neoyorquinos siguen jugando según sus
propias e inescrutables reglas y ofreciendo, sin embargo, un
espectáculo-de-rock más furioso e impredecible que el de la inmensa mayoría de
las bandas actuales. Con un repertorio basado en Sonic Nurse, la banda se permitió pocas pero reveladoras concesiones al
pasado, como “Catholic Block”
y “Pacific Coast Highway”, dos exquisitas piezas de arqueología rescatadas
del que fue su primer gran disco, el furioso EVOL. A pesar de la boutade de Thurston Moore, el concierto no alcanzó las cotas de aspereza de
otras ocasiones, pero no fue necesario. Ellos pueden hacerlo sin ruido.

Sonic Youth: ¿se puede ser más cool a los cincuenta?
<RINÔÇÉRÔSE>
¿Dónde quedó la
sofisticación y el glamour? Sin el french touch, el concierto de <Rinôçérôse> resultó un chiste
vulgar y sin gracia. A falta de talento, con una docena de riffs de guitarra prestados de
AC/DC y unos más que mediocres ritmos electrónicos, los franceses optaron por
la vía del entretenimiento para toda la familia. Y algunos incluso se lo
creyeron.

<Rinôçérôse>: el bluff