SPENCER P. JONES

5 de Mayo 22.30 Sala Malbicho

 

 

Ante más o menos 15 personas (la depresión ante lo desolador de la sala me impedía contar con exactitud, lo de Valladolid es muchas veces como echar flores a los cerdos) se aupó al escenario de Malbicho el curtido músico australiano SPENCER P. JONES.

Con un aspecto similar al de un Josele Santiago diez años envejecido y armado con una ajada pero asesina Fender Stratocaster – similar a la de S. Ray Vaugham o a la que inmortalizó Rory Gallagher- el viejo punk rocker nos dio una lección.

Se hace acompañar en esta mundial gira por una banda de jóvenes herederos de su legado, gente que seguramente ha logrado acabar tocando con uno de sus ídolos: guitarrista, batería -no llevaba timbales frontales y no se echaron de menos, así aporreaba este tio- y la rubia bajista de gélida belleza que nos recordó a Nico de The Velvet Underground.

Y fue precisamente el legendario combo neoyorquino una de las principales referencias en los temas que jalonaron la primera parte del concierto al igual que la posterior carrera de Lou Reed.

Las secuencias de acordes se repetían obsesivamente mientras Jones unas veces cantando otras en un tono más recitado conducía las canciones hacia el clímax de intensidad sonora con las que eran rematadas, haciendo sangrar los altavoces de los dos amplificadores Fender Twin Reverb en un alarde de saturación e hiperagudos ( ¡cómo me gusta!).

El volumen de instrumentos era demoledor para esta sala más bien reducida, quedando en ocasiones la voz un poco relegada, lo que personalmente considero un ‘pero' a la sonorización de un concierto.

Por cierto la voz a mí me recordaba a la de Bob Dylan o Neil Young. Es curioso observar como muchos de los músicos que empezaron hace más de 20 años bajo los cánones del punk y del rock and roll sucio y underground, sin renunciar a esas esencias sónicas y existenciales, han evolucionado hacia posiciones más refinadas y clásicas en sus composiciones como las que remiten al propio Young y Reed, a Tom Petty, etc.

 

Hubo surf, folk, psicodelia, algún toque pop pero todo ello siempre amparado por la muralla rocker, de overdrive y distorsión.

 

Tal y como evolucionaban las canciones, así progresó el concierto, de menos a más en potencia, reservando la parte más hard y punk para el final, con perlas de alguna de sus anteriores bandas como THE BEASTS OF BOURBON con los que estará en la próxima edición del festival Azkena de Vitoria. En esos momentos de hemorragia auditiva la escala pentatónica era ya dueña y señora y la influencia de The Stooges, de tanto calado en Australia, absolutamente patente.

Spencer Jones que venía de actuar en Madrid y al día siguiente la esperaba Donosti, únicas tres fechas españolas, no dudó en intentar conectar con el escaso público y dedicar una sonrisa, mostrarnos su feeling intacto, tocar con cojones y la dignidad irreprochable de quién ha logrado hacer una profesión del rock and roll, una artesanía, de quién cree en lo que hace y no necesita mirar hacia los miles de kilómetros de carretera que ha dejado atrás, llevados como bagaje, a sus espaldas. Gracias Spencer por este concierto y por la estupenda melopea que nos cogimos después sin conocernos de nada.

 

 

Crónica y fotos por Animal Boy y Leila

 

 

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