Bruce Springsteen
acústico
2 de Junio´05. Palacio de los Deportes de Madrid

pr Valentín Schulheim-Sorini

 

El 2 de Junio Bruce Springsteen tocó en el Palacio de los Deportes de Madrid, que es un pabellón bastante impresionante en todo, y también en la acústica. El concierto fue breve para lo que es habitual en Springsteen -dos horas y veinte minutos-, muy austero y un punto oscuro, como lo es el disco Devils and Dust que vino a presentar. Estuvo solo en un escenario que cortaba el pabellón en los tres cuartos, enmarcado por grandes cortinajes morados, y tocando guitarra, órgano y piano. Se ha dicho que en esta gira Springsteen ofrece su lado de contador de historias, y es verdad.

También se ha dicho, y esto viene ya a ser un tópico, que lo hace con gran honestidad. ¿Es este supuesto rasgo -la honestidad- lo que atrae a los muchos y entusiastas "fans" de Springsteen? Confieso que es una cuestión que me genera bastante perplejidad. Springsteen canta -desgrana, como dicen- sus canciones, sus historias, con pasión, con crudeza también, y da la impresión de que está serio cuando la cosa se pone triste y que se divierte cuando lo que cuenta son historias optimistas o simplemente superficiales. Lo tiene que hacer para lo que entiendo que pretende, que es celebrar algo, algo profundo y espiritual. Desde sus comienzos Springsteen es un cantante de un corte predicador, un cantante carismático que busca generar emociones de un modo que podría decirse muy americano: directo y con tan pocos adornos aparentes como se pueda. En eso entiendo que consiste su supuesta honestidad. En este sentido, el concierto de Madrid fue especialmente springsteeniano. Dos pequeñas pantallas transmitían imágenes en blanco y negro, imágenes de luces y sombras del cantante que, en el centro del escenario, contaba historias de dilemas morales con un chorro de voz.


También las historias eran, en muchos casos, típicamente americanas, paradigmáticamente Highway Patrolman, del disco Nebraska, cuyo protagonista es un policía que tiene que perseguir a su hermano y finalmente lo deja cruzar al lado de Canadá obedeciendo al principio "man turns his back on his family well he just ain't no good" (el hombre que da la espalda a su familia, ése no es bueno). Unas cuantas de las canciones que Springsteen cantó el otro día reflejan este debate moral, tan acuciante en Estados Unidos en este momento: ¿son ciertos rasgos de pertenencia, tales como la familia, la amistad, o, especialmente, la patria, moralmente significativos? Para Springsteen no está claro: no puede dejar de pensar que sus hijos son suyos y tiene que protegerlos, que con sus amigos, su mujer, tiene que ser moralmente más flexible que con los desconocidos, y, por fin, que sus tropas, como dicen, son las suyas. Pero por otro lado, parece que ve con claridad que hay más gente fuera de esos círculos concéntricos, gente de la frontera y de mucho más allá que los suyos tratan injustamente. Esta tensión la intenta resolver de dos maneras: en primer lugar, convirtiéndose en voz de los suyos, en una especie de líder, o gurú, de su tribu, incidiendo en lo bueno de su tradición, por así decir. Así, en Devils and Dust habla a los soldados estadounidenses en Irak (o mejor, habla a los estadounidenses en general a través de los soldados en Irak) y les recuerda que "[Fear]'ll take your God filled soul and fill it with devils and dust" (el miedo tomará tu alma llena de Dios y la llenará de diablos y polvo). Springsteen, en este sentido, intenta ser un patriota, un "nacionalista bueno". La segunda manera es invocando a la esperanza y a los sueños en los finales de los conciertos (Land of Hope and Dreams, Promised Land, y -de Suicide- Dream Baby Dream, fueron sus últimas canciones), lo que es seguramente un síntoma de que la tensión moral sigue ahí, y que no se resuelve.


En el concierto de Madrid transmitió todas estas cosas con gran sobriedad y aparente naturalidad, salvo en la última parte, en la que se dejó que el público se acercara al escenario y tuvo algunos detalles de proximidad a sus fans que no está claro que fueran coherentes con el concierto que había dado.

Valentín Schulheim-Sorini (05 junio'05)


otras crónicas             valladolidwebmusical.org