CARVIN JONES

SALA POLAR, Valladolid   29-11-06. 22.30 H.

Impresionante actuación la que más o menos 40 privilegiados pudimos saborear esa noche en la sala Polar. Uno de esos conciertos que te reconcilian con el rock and roll, que permanece en la retina por largo tiempo, una fiesta, en definitiva, capaz de resucitar la adrenalina de un muerto.

Carvin Jones es un funambulista de la guitarra nacido en Texas hace 40 años, un mago del blues-rock superdotado cuyos directos no dejan indiferente a nadie. Este guitarrista negro, heredero de Hendrix y Jonnie Winter por su incendiaria manera de tocar, ha colaborado y compartido escenario con nombres como Ten Years After, Gary Moore, Jeff Beck o Joe Cocker entre otros y soporta un ritmo de actuaciones inaudito: casi todas las noches del año toca en algún garito del globo.

Acompañado por dos soberbios músicos a la batería y al bajo, este último con pinta de viejo cow-boy salido de La Teta Enroscada y sin ningún tipo de guión aparente, su propuesta consistía en ametrallar uno tras otro, sin tregua ni respiro, clásicos del blues y el rock, improvisar sobre ellos y hacer participar al público, mezclándose con él. A los caretos de asombro por la exhibición killer de técnica de guitarra y sonido afilado durante las primeras canciones, siguieron unas expresiones de indiscutible felicidad y complicidad con el músico americano. Era una fiesta de pura energía, casi en familia. Todo el mundo estaba ‘in the mood’.


Purple Haze, Roadhouse Blues, Smoke on the water, Hey Joe, All along the watchover, Jonny B. Goode, Boom boom, Voodoo Chile y otros 15 temas más por lo menos nos regaló, haciendo varios bises, mostrándose muy agradecido y enrollado con la gente por su respuesta.

Aunque el carácter del concierto era eminentemente pentatónico y roquero interpretó también algún blues más reposado y limpio y hubo momentos de vibrante soul y groovy. Había un olor húmedo y sureño en el ambiente, una bruma propia de los pantanos de Lousiana y Texas…

Sin llegar a calificarle de excepcional vocalista, si pudimos apreciar una garganta típicamente negra, grave y honda, de esas que parecen haber trasegado cosechas de bourbon que remitía a John Lee Hooker y Hendrix.

Carvin Jones y su sonrisa era todo un espectáculo ejecutando con la guitarra, la fender stratocaster parecía una obediente prolongación de sí mismo; como un malabarista la toco con los dientes, detrás de su cabeza mientras punteaba y cantaba Jhonnie B. Goode, con los pies, usó dos guitarras a la vez, tirado por el suelo en un sorprendente kamasutra musical disfrutado por todos.

El tipo era puro feelin’, un torrente que, obviando técnicas y trucos, le surgía de las tripas, de lo más recóndito de un alma agraciada por el talento y que contagiaba con pasmosa facilidad. Invitó a sus compañeros a realizar algunos solos, sobre la marcha, dirigiendo su propio espectáculo, especialmente al bajista que tampoco dudó en mezclarse con la gente, usando unas distorsiones demoledoras en su instrumento que insuflaron todavía más adrenalina a la velada y para cantar alguno de los temas.

En fin, una gran descarga a cargo de un maestro, sangre de la sangre que a partir del blues desarrolló el rock and roll en el sur de los Estados Unidos y que, por una noche, impregnó este desierto helado llamado Valladolid.

Todo un espectáculo killer
El sombrero nos lo quitamos nosotros

Si el aliento pantanoso de Carvin Jones pasa por tu ciudad, no lo dudes…Oh yeah, man!!!

Texto: AnimalBoy
Fotos: La nena de Las Viudas

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