ZAPI & Cº

 

Oye ¿y quiénes son esos zappicos?

Pues Los Zapis o Zapi & Cº (leasé zapicos ), es una “nueva” banda llena de un revival rock atemporal, muy cargadita de enrredones guitarreros y (como no...) llena de esa perversión medinense a la que ya poco a poco nos vamos acostumbrando algunos.

Por allí desfilan entre otros, los “veteranos” Mol y Vilorio (creo que es de la primera banda en la que están los dos juntos, sino que me corrijan ya ipsofacto) que junto con Julio ( La Vena del Gusto ) se ceban a las guitarras; a los que se unen el “novato” Fidel al bajo, el tal Chabu a las voces, y finalmente el tal Zapi a la batería y guitarra también (se nos cambió por Julio a mitad de actuación). Como bien dicen algunos esto cada vez se parece más a los teleñecos...que nombres! .

¿Dónde y cuando celebraron tan magno acontecimiento?

 

Pues tal evento ocurrió este jueves día 5 de enero. El susodicho combo cargado de ilusión y ganas, decidió que ya era hora de presentarse al “gran”. El lugar donde pudimos verles, sin ningún sobresalto ni susto aparente, pues fue en el socorrido Café Tal. Y digo lo de ‘susto' porque después de la memorable actuación de los Lagartos Torraos (ver crónica ) y de las obras faraónicas de “elevación a los altares”, había cierto temor en el ambiente a que se colasen a última hora una charanga la cual nunca está invitada a estas fiestas, pero que muchas veces aparece con ánimos alborotadores: que no se pude tocar, que lo dicen las leyes y que yo hago lo que quiero con mi pelo y con mi ordenanza, y todo eso…bla, bla, bla.

Falsos miedos por fortuna, pues el concierto se ofreció sin ningún problema aparente. También ayudó, a la no aparición de esos seres fantasmales, el que tuviéramos un sonido tirando a bajo (o eso me pareció) y que la puerta se mantuviera cerrada.

Bueno, bueno, bueno…pero, ¿y como salió la cosa?

 

Pues mira, podemos decir que bien en líneas generales. El grupo se lanzó con toda la buena voluntad del mundo a marcarse un repertorio cargadito de versiones rockeras, de esos que transitan por lo que comúnmente se puede llamar rock ‘duro'. Allí hacías un viaje iniciático por distintos periodos y ambientes, pero todo, ojito, sin nunca caer en falsas pretensiones ni en faltar al personal que por allí se acercó: que si esa de Los Doors que tanto mola pero no me se su título, que si la otra de los AC/DC porque al camarero le gustan mucho, bla, bla, bla. Y claro, pues en algunos casos las bordan, y en otros pues como que no tanto.

Abrieron fuego tarde (después de poder disfrutar de la “puntualidad” medinense) con versiones muy logradas de los Doors y de los Pixies (me pregunto que a quién de los allí presentes no se les deshace la sesera en cuanto suenan los acordes de cualquier hit del grupo del gordo Frank Black), para después ir mezclando con otras que no se quedaron más impersonales (como alguna de Placebo por ejemplo). Claro que esto también es una apreciación que peca totalmente de un carecer subjetivo; aquí entran ya los gustos personales de cada cual. Otra cosa es el que en algunos momentos la actuación pecase de cierto tono lineal, dando una sensación como de más de lo mismo. Eso sí aquello tuvo su impronta personal gracias sobre todo por el tono vocal que daba Chabu.

Finalmente, y con el garito más lleno que al principio, todo se dio por concluido. Ese fue justo el momento en que todo acabo “torciéndose” en una suerte de jam session . Si, de esas que tanto gustan por allí y que tanto nos envilecen a nosotros: Los sufridos peregrinos de la comarcal 610.

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