DICK DALE,
Madrid 20-noviembre-2006. Gruta 77.
 

Cuando uno se pone a hacer una gira a los 70 años, lo último que se puede esperar es que el objetivo principal sea buscar congraciarse con el respetable. ¡Nos ha jodido! A esas edades no se busca el aplauso fácil, se toca para gustarse uno a sí mismo; para el placer propio.

Y ante eso, como cuando uno está delante de uno de esos toreros artistas, sólo cabe esperar el momento de inspiración, el detalle preciosista que uno no suele ver en el común de los mortales… Pues bien, los que asistimos el día 20 de noviembre al Gruta 77 tuvimos la suerte de encontrarnos a un maestro inspirado, que repartía desde su Stratocaster dorada stacattos vibrantes y brillantes escalas a todo volumen (un lujo tratándose de la Gruta) El Rey de la guitarra surf nos deleitó con un fantástico Surf Rider, amén del tema que le dio a conocer, Let's Go Trippin, para el regocijo del personal y enlazó con brillantez tandas de clásicos de la música instrumental de todas las épocas.

Además, nos dio unas pinceladas de su trabajo vocal –hay que recordar que Dale empezó como un cantante country, llegando a girar con Hank Williams- interpretando con más o menos acierto canciones como House of the Rising Sun, Fever o California Sun. Interpretó un sui géneris Rumble como mirando a la cara de Link Wray (el difunto miembro del triunvirato de la guitarra instrumental norteamericana, junto con Davie Allan y el propio Dale) ; se adentró en terrenos más que pantanosos con un Smoke on the Water, siguió con los homenajes al empezar un tema de sabor country que en un principio parecía Fulsom Prison Blues y que al final quería ser un remedo de la voz cavernaria de Johnny Cash en interpretación más bien descafeinada de Ring of Fire. Pero, como el mismo dijo, "cada noche es distinta, nunca me acuerdo de lo que hice el día anterior" y aquella noche tuvo momentos mágicos, incluso dio lugar al lucimiento de los subalternos en trasteos de mérito a la batería y al bajo. Pero esta forma de interpretar el directo tiene su riesgo y, al final, el propio Dale se tocaba a sí mismo el primer aviso a la trompeta, dejando al descubierto el último de sus recursos técnicos.

A partir de ahí, empezó a gustarse en demasía e inició un diálogo con el público que en principio hizo gracia, pero terminó por aburrir. No está mal que uno presuma de no hacer bises y de no provocar el aplauso para volver a salir, pero sí lo está el que ese tiempo que podrías estar tocando canciones, según tu propia explicación, lo malgastes haciendo bromas e intentando hacer reír al personal (lográndolo más por la conmiseración de ver a alguien a sus 70 primaveras advirtiendo a las chicas de que tuvieran cuidado cuando se quitaba el chicle de la boca, que no respondía de su instinto animal…que por otra cosa)

El final, deslabazado, nos ofreció un Misirlou con imitación del tema de los Black Eyed Peas (Pump It) que le mantiene, tras el inestimable rescate tarantiniano, otra vez conectado a la actualidad. Para un servidor, ese tarareo en medio del clásico fue, más que nada, irrespetuoso.

por: UvR

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