SERGIO & ODAIR ASSAD


Sergio Assad, guitarra

Odair Assad, guitarra

11 de julio de 2006. 21:30h.

Teatro Cómico Principal de Córdoba.

Aforo: lleno.

Uno de los conciertos del festival más esperados por la gente del mundillo de la guitarra clásica fue el de Sergio y Odair Assad, probablemente el dúo de guitarras más importante de nuestro tiempo. Efectivamente, el porcentaje de guitarristas clásicos aquella noche era bastante elevado.

El dúo empezó con "Córdoba" de Albéniz. Ya qe estaban aqí, pues oye. Sergio Assad (aunqe pa mí qe era el Juan Cuesta y qe después del concierto se piraba a Madrid a grabar: clavao, el tío) fue el encargado de mantener el innecesario aunqe siempre bien recibido contacto verbal con el público y fue hablando sobre la música qe tocaban. Rodrigo fue pesado (para mí al menos). Pudimos evaluar las dotes de compositor de Sergio, ya qe interpretaron una pieza suya, "Tahhiyya li Ossoulina (Homenagem a nossas raizes)", bastante interesante en cuanto a la explotación de material percusivo en el instrumento. Tocaron obras de Piazzolla, Gismonti, Dyens e incluso "Valsas do Rio", de Clarice Assad, qe al parecer es hijo de Sergio y también compositor. Acabaron con Gnatalli.

duo assad

¿Cómo me la maravillaría yo (como dijo Lola Flores) para explicar cómo tocaban? Pues imagino qe cada uno de ellos tendría un chip alojado en el cerebro y en comunicación directa con el chip del otro. Todos los fraseos clavados, los tempos perfectamente sincronizados, las partes en general compensadas, en los rubatos los dos exactamente al mismo tiempo... igual qe si sólo tocase uno. Lo malo, qe algo hubo, fue su sonido. Demasiado delgado, falto de cuerpo. Tampoco se entendieron bien algunos pasajes de los rápidos (qe por cierto hubo muchísimos), sobre todo cuando tocaba Sergio. El repertorio también es criticable. Aunqe no deja de ser una opinión, el instrumentista debería evitar limitarse a repetir al público lo qe ya conoce (Albéniz, Rodrigo, Piazzolla): el músico debe investigar, descubrir, dar a conocer, abrir el universo por la mitad y destriparlo para el escuchador.

Hubo bises. Dos, pero el público aún qería más. Al grito de "¡A cuatro manos!" proferido desde el público, Sergio dejó su guitarra y rodeó con sus brazos a Odair para tocar a cuatro manos. Yo en la vida había visto aqello. Como música no está mal. Ahora, como espectáculo vale lo suyo, desde luego. Y como broche para un buen concierto, sensacional.

-Trabas.

 

 

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