Günter Heinz
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Yoko.Lennon

5 febrero 2006
Bar komo2

 

Cuando hace ya algo más de un mes supe, vía ladrilio, que Günter Heinz (un prestigioso trombonista alemán enmarcado dentro de la Libre Improvisación) haría una breve escala en Valladolid gracias a Los Lirios del Bosque, me acordé de las palabras de Paco de hace unos meses en donde me rememoraba, con su habitual y contagioso entusiasmo, el espectacular recital sonoro que Günter dio en su última visita (ya lleva por lo menos tres) por estas tierras:


<<…al final, aquello, nos dejó a todos con la boca abierta>>ohhh

En esta ocasión no había excusas. Había que hacer lo posible por verlo, más aún sabiendo además con quien estaría acompañado.

Günter tuvo dos funciones en el fin de semana del 4 y 5 de febrero. Con kanito (primero) y con yoko.lennon (después), vamos, el espíritu de los lirios del bosque al pleno. Así las cosas, la consecución de diversas ‘emociones', unidas a un sentimiento digamos… de curiosidad e ilusión cada vez más creciente, estaban ya de antemano aseguradas.

Los recitales tendrían lugar dentro de dos espacios lejanos y cercanos al mismo tiempo: en primera estancia (el sábado) sería dentro de la carismática y peculiar Sala de Arte Arambol, donde Günter compartiría tablado con kanito, y una segunda entrega al día siguiente en el bar Komo2 a unos metros de Arambol, donde la actuación se celebraría con yoko.lennon y toda su cacharrería sónica.

Hablaré aquí de lo que pude presenciar en la tarde-noche del domingo.

Abordar una crónica que narre con cierta precisión y/u objetividad lo allí visto y oído, siempre puede implicar ciertas dosis de dificultad y porque no, en ciertas ocasiones, de una palpable falta de objetividad, por muchos motivos, mayormente cuando tienes una base documental escasa. Y este problema muchas veces se resuelve con el método del falso ventrílocuo, diciendo por tu boca cosas que otros han dicho y con mejores datos en la propia red. Pero, ¿por qué no expresar lo que allí pude ver? ¿Como definir todo lo representado? Podemos encauzarlo, en parte, con el hecho “performativo” y como un ejercicio de plena libertad creativa. Pleno de carga conceptual, de improvisación, alejado del espectáculo común, el hecho performativo llega a ocurrir. Y ocurre en un espacio compartido, con un público, presente por convocatoria. Y por supuesto que pueden surgir los aplausos. Aquí aparece un asunto complejo, relacionado con la poca capacidad de comprensión de lenguajes nuevos. Y el hecho musical no siempre es narrativo. Y ocurren cosas en escena que no están bajo control. Y, por supuesto, se busca activar todos los sentidos del espectador, el cual pues luego expresa sus sentiemientos ante lo que allí acaba de ver. Con todo tipo de respuestas.


:::atención:::

El recital se iba a realizar en un bar que, al parecer, últimamente está intentando dar a sus consumidores algo de música en directo. El Komo2 en verdad tiene ese ambiente tan característico de mesoncito de barrio. Está divido en dos plantas diferenciadas. Es en la segunda, en el comedor, el lugar en donde una vez llegue allí, me encontré con los últimos preparativos por parte de Iñaki y Natividad. Montando los altavoces, haciendo hueco entre la maraña de sillas y mesas, colocando un micro entre un par de sillas invertidas, cables por todas partes,… Quiero remarcar lo bien que se logró crear un ambiente calido y familiar entre el escenario en si (todo) y el espacio que teníamos que tomar prestado los que allí nos acercamos. Una pequeña lamparita en el suelo con con caperuza roja que delimitaba, en su breve aurea, el espacio donde se ubicaban Günter -sentado en una silla con cierto aspecto trascendental-, junto con Nati e Iñaki sentados delante de sus respectivos apple's. Esa breve luz infería un ambiente muy calido a la estancia. En otro espacio, rodeado por 4 pequeños altavoces, otro foco que iluminaba al techo, presidido por (y os aseguro que era el mobiliario del comedor) un confesionario eclesiástico, y un cuadro con cuatro o cinco personajes retratados, suponemos parte del árbol genealógico de los dueños del local… Detrás, las ventanas, desde donde entraban las luces nocturnas de la calle labradores, junto con los inequívocos sonidos urbanos.


...calidez...

Se hizo una pequeña espera, para que las personas que habían prometido asistencia llegasen hasta el bar. Una vez que todos y todas, medianamente ubicados entre las mesas, estábamos en reposo dio comienzo la actuación.


__al completo__

Comienza Günter con su trombón de varas. Un instrumento que denotaba el aspecto propio y personal de algo que ha sido usado ya más de mil veces. Acrobacias sonoras, así lo podemos definir. O mejor dicho, esa es la forma que tiene Günter de usar su trombón. Ejercicios de respiración que se mezclan con la creación de variados sonidos tanto con la propia boca, como con las partes del trombón. A medida que bien un tema, o bien el lógico transcurso propio del recital lo permitían el trombón iba adquiriendo nuevas formas. Despiezado, quitando las varas, soplando por los cilindros, aspirando, arrastrándolo por el suelo, haciendo movimientos imposibles… logrando así una amalgama de sonidos de lo más variopinta. A su lado, Nati e Iñaki crean frecuencias sónicas, arreglos varios, utilizando como instrumentos sus dos equipos informáticos amparándose en las variadas posibilidades que ofrece el uso de lenguajes basados en software libre. Todo ello confería el entorno apropiado para las creaciones de Günter.

 


Günter soplando.:.:.:.:

 


:.:.:.:.:soplando Günter

Seguimos con el relato. En uno de los temas, y ya después de haber reducido su trombón de varas a trompetilla común, cogió una especie de dulzaina de bolsillo, y revisando el salón, comenzó a recoger sonidos rozando el susodicho clarinete contra los bordes de las paredes. Un elemento musical más a añadir a las variadas bases que Iñaki y Nati iban descifrando.


el ambiente

Nati, por su parte, abrazó, ya en la segunda parte de la actuación, el violoncello. Lo sujeta con una mezcla de firmeza y delicadeza, arrastrando sus manos con energía por todo el mástil y logrando sacar notas y sonidos que bien podían simular diferentes estados de ánimos. Unos cambios de ánimos que, quizás, son parte importante para la estructuración de cada pieza musical de las que disfrutamos en esa tarde noche. En unos instantes pasamos de unos sonidos que denotan euforia, para seguidamente provocar angustia (los pitidos), o incluso algo de melancolía.


concentrados

Una velada que, en definitiva, a todos nos sirvió, sobretodo, para poder desconectar de esa mortecina rutina, y también para seguri introduciéndonos en el arte de la libre improvisación. Algo que se nota todavía más si logras tener la mente abierta a los trazos musicales que nos fueron dando, en cuidadosas dosis, Iñaki, Nati y Günter. Con mucho tino y sobre todo con variados sabores. Gracias.

musikas

 

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