LOS REPETIDORES

en LONDON TOWN

12 febr. 06

 

...un descubrimiento

 

Presentamos a la banda:

José – teclados y bailes varios.
Mol – bateria y monólogos.
FernanSu – guitarra y presentaciones.
Alvoroto – bajo y apoyo moral.

El London Town se perfila, hoy en día, como uno de los 3 o 4 mejores locales pucelanos para poder disfrutar de un concierto. Tanto como si somos parte del público como si eres el propio cantante del grupo. Es un sitio que reúne unas condiciones muy favorables: un escenario amplio y bien elevado con tomas de corriente en el suelo, una buena ventilación de humos (tampoco es que hubiera un lleno), precios competitivos, variedad de cervezas , y algo importante, allí pagan a los grupos. Quizás el único inconveniente es su localización, sin duda algo alejada del centro urbano. El garito está en el entorno de lo que se ha dado en llamar como “ el antiguo campo de tiro ”, más cercano a la ronda este (campos de San Isidro) que a la Plaza Circular, lo que puede ocasionar a priori un algo de pereza entre el público capitalino, más habituado a los desplazamientos cortos y a ser posible en lugares más céntricos. Pero auguramos que si mantienen este buen nivel y crean un buen ciclo de conciertos mes a mes, el personal seguirá acudiendo y muchos se irán animando a ‘subir'. Otros lugares han estado en el mismo brete – con muchos menos medios – y han logrado crear una suerte de fidelidad con el público habitual de bolos, parques y jardines.

Quiero aclarar, en este comienzo de crónica, que estoy comentando las características del bar con tanto detalle pues el London ha sido todo un agradable descubrimiento, por lo menos para mí. Justo en estos tiempos de total falta preocupación por el oxígeno y la higiene sonora en otros garitos. Esperemos que la aventura (pues montar conciertos es todo un reto) dure muchos años.


emoción comprimida

No os lio más con mis pensamientos internos. Narremos pues la aventura, narremos...
El concierto que Los Repetidores dieron en la city fue, cuanto menos, un espectáculo sorprendente en los muchos y variados aspectos que bolo tras bolo ofrecen estos medinenses. En primer lugar el grupo toca debido a (me parecia algo duro decir 'gracias a') la caída de cartel a última hora de los 55 Ahead por problemas digamos “geográficos”.

Estos malos estudiantes están a la que salta y aprovechan la circunstancia salvando la papeleta tanto al local como a los varios fans de los 55ahead que por allí se acercaron (un beso para Africa).


José acelerando

En esta ocasión partimos de un precedente cercano del cual algunos queríamos desprendernos rápidamente. La media hora de La Pacha no tuvo más historia que la que buenamente nos pudo proporcionar el momento y el lugar. Los prejuicios musicales son muy difíciles de curar, lo asumo (yo poseo varios), pero quizás por ello nadie sea capaz de reconocer hoy por hoy que, por ejemplo, Rosa de España es la mejor vocalista nacional en directo del momento, como tampoco muchos puedan llegar jamás a entender que la música no debe de ser sólo APARIENCIAS (esa fórmula que tanto impulsan los voceros mediáticos impulsores de una y mil revisiones de las modas musicales) sino que tienen que ser las EMOCIONES.
Sí. Ahí si. Es ese el adjetivo que mejor debiera explicar un concierto hoy por hoy de Los Repetidores. Un hecho que actualmente pocos grupos de la ciudad consiguen crear. Así están las cosas. Ellos, modestos que son, te vendrán con que lo que únicamente hacen es música con los amigos. El divertirse sin más, vamos. Pero es que además de eso, aunque ellos lo nieguen, también consiguen que el espectador se involucre en ese breve espacio de complicidad musical que tienen, y que por azares del destino surgió en su plenitud en el London Town. Y por esas casualidades de la vida, o por vete tu a saber, pues los que allí estuvimos -no muchos en verdad- pudimos ver una actuación de esas completas completitas...

en las nubes

Completa tanto en duración (hasta que las baquetas aguantaron) como en los ejercicios de interpretación. Aquí destacaremos algunos aspectos individuales: Fernan Su nos deleitó con una interpretación de guitarra entusiasta y exquisita, de las mejores que puedo recordar. Se le notaba enorme y crecido en algunos momentos. El buen hacer con las pausas y silencios, siempre en su lugar oportuno, junto con el saber navegar a la par que el resto del grupo, acelerando un poco en algunos acordes para después dejar el peso del tema en otros compases al bajo de Alvoroto. El gran Alvaro, un caso a destacar ya entre la notable nomina de bajistas de de la zona. Este rockero de corazón que no de apariencias, se maneja a las mil maravillas en las bases rítmicas que desarrolla en Los Repetidores, bien acompañado por el polifacético Mol, que con su batería 'portátil' y sus baquetas orientales (no hablaré del metrónomo, no) depura con solvencia su otro yo musical (el 'yo' punk-garajero lo desborda sesudamente con Los Molsaicos, esa banda hermana de sangre que tan bien congenia con Los Repetidores). Pero para ritmo, lo que se dice ritmo ritmo, lo que lleva Jose 'teclas' en la sangre. Poseído por el espíritu de Jerry Lee Lewis, y con una tecla de menos, el sonido repetidor no seria lo mismo sin él. José es... como decirlo... el gurú del grupo.

baquetas chinas

Los Repetidores lograron en la velada, por ese método de cercanía, un hecho del todo incontestable: primero tener al oyente, con simpatía y cariño que no con apatía y soberbia, de su lado. Esa sencillez, cuasi bizarra, en el planteamiento de la actuación es fantástica; manejada por el calor humano de Su y por la apariencia de falsa dejadez o dejavu que la banda transmite. Una postura que rompe con las tendencias más indies, ahora preocupados por devorar los cadáveres que van quedando, y que se agradece sobremanera. Quizás por ello sus mejores momentos son, a mi juicio, cuando intentan dejar en el otro lado de la calle los toques más rockeros.

Recreaciones musicales del todo variadas, del rock'n'roll cincuentero al pop beateliano pasando de lado por algún toque de jazz y de incluso algo de bossa nova, todo ello tamizado por el sol reverberante más californiano. Muchos temas que nos dictan y provocan extraños ejercicios de memoria. Pero, y aviso que ahora me voy a explayar algo, donde Los Repetidores más me gustan es cuando se nos ponen más elegantes...


hachazo

Ecos sonoros de finales de los 50. Estamos hablando del Lounge, ese término que se desarrollo de la mano de Esquivel y que marcó un estilo de vida donde primaban los caprichos y todo se movía por la vanidad. Easy listening, música de salón, cocktail music, música de ascensor...todos son sinónimos, unos más acertados que otros sin duda, pero que toman en común el hacernos sentir que estamos ante una música suave (esa es la acepción del lounge más cercana al castellano). Un estilo que finalmente marco una forma de vida toda ella dedicada al placer, la comodidad y la elegancia. Sin duda fiel reflejo de la forma de vida que nos recrean nota a nota Los Repetidores. Música que nos evoca a la gran Audrey Hepburn y los martinis más bucólicos de cualquier hotel tropical.
En lo musical dejó muchas y variadas perlas. Y no sólo en el mundo anglosajón con los casos de Henry Mancini, Chet Baker o Burt Bacharak (el que, ojo, compuso la música del show de Benny Hill) en los primeros años, y que posteriormente han ido enriqueciendo muchos más; destaco a Pizzicato Five y la colección de 25 discos de Ultra Lounge que lanzó Capitol Records hace unos años. En esto que llaman lo latino también tuvo su repercusión tanto en el momento de su nacimiento: con los toques extravagantes de Xavier Cugat (¿para cuando un 'esencial' de él?), la magia del citado Esquivel, o la desbordante capacidad creativa de Waldo de los Ríos (magnifica su BSO en una de las mejores películas de terror patrias ¿Quién puede matar a un niño? - Chicho Ibañez-) o Alfonso Santiesteban (otros mito olvidado). Hoy por hoy asistimos a un intento por recuperar ese momento: Mastretta es sin duda el que mejor a plasmado ese sentir, también tenemos a mano la colección 'música para un guateque sideral' que lanzó Subterfuge y más inmediatos si cabe están Carlo Coupé o Belmondo. Los Repetidores marcan época señores y bien pueden presumir el ser uno de los mejores grupos de este movimento. No doy más la chapa.

Su. Recreándose

Pero volviendo al concierto relataremos algunas anecdotillas más. Qué sabemos que os gustan... ¡malandrines! Una de ellas tuvo como simpar protagonista al bueno del Mol, el cual, micrófono en ristre, nos tuvo a bien relatarnos el extraño caso del perro de la gasolinera. Un tema digno del “Caso” y que pudo acabar en drama de los gordos. Por suerte todos están sanos. No daré ninguna pista. Seguramente no sea la última vez que este relato salga en algún concierto o fiesta de guardar repetidora.

el entorno

Por lo demás, y ya después de que el concierto salvará la pausa del café. El espectáculo fue llevándose hacia los momentos más moviditos y bailongos. Algunas ¿señoritas? se animaban a realizar intrépidos bailoteos y filigranas sin par. Los piropos hacia los músicos iban in crescendo, lo que provocó que estos chicos, ruborizados a más no poder y santos varones como son, decidieran poner ya fin a su actuación. Lo bordaron. Y que mejor que una muy lograda versión de Love me do. Toda una declaración de principios.


esencialmente es música

 

musikas

 

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