Desembarcamos el jueves 8 en León – el festival había comenzado un día antes con SPEAKLOW y HERBIE GOINS - para dirigirnos directamente al denominado Escenario de la Feria situado en el pabellón deportivo César Álvarez para la sesión vespertina.

No llegamos a tiempo de ver al grupo STANLEY ROAD , por lo que el Purple nos recibió con los coruñeses MEGA PURPLE SEX TOY KIT sobre el escenario, aún con escasa asistencia de público (eran las 17:30 de la tarde) y este sexteto hubiera merecido más atención por su calidad. Practicaban psicodelia de potente raigambre y perfectamente ejecutada, estos tíos desde luego dominan sus instrumentos y la confección de temas caleidoscópicos. Recordaban a los primeros Deep Purple, Sex Museum, Pretty Things o a los Who de la época lisérgica, con buenos, compensados y bien cavilados desarrollos de las canciones.

Se mostraron divertidos y descarados en su trato con el público –no son precisamente principiantes, algunos proceden de la Elefant Band- y destacó el compacto trabajo de bajista y batería, las aportaciones Hammond y los arranques fuzz-killer del guitarrista. Creo que no tienen ningún trabajo editado, y por ello, recomiendo visitar su página web para conocerles mejor. Un gran concierto.

 

Psicodelia coruñesa

Guitarra lisérgica

 

The Kliek. quilates de garaje y power pop

Guitarrista autoctono leones Holly sheep colaborando con The Kliek

Garganta de TheKliek

Tras ellos, y con interesante visita al mercadillo mediante, llegó el turno de THE KLIEK.

Se trata de una formación originaria de Holanda, que vivió sus mejores momentos a principios de los 90 en Europa con su mezcla de garaje, punk neoyorquino nuevaolero y power-pop. Se presentaron con el bajista y vocalista originales (parece que el primero curiosamente reside en León), arropados por jóvenes músicos de la ciudad – guitarristas y batería -, alguno procedente de Holy Sheep.

Comenzaron un tanto fríos a pesar de los intentos del cantante por conectar con el público, y es que supongo que es complicado poner en marcha una banda con gente nueva para una sóla ocasión. Por fortuna, ya antes de la mitad del bolo, la máquina se fue engrasando, cogiendo confianza y realizaron una última parte del set realmente intensa y potente con los temas de su época gloriosa y alguna versión como la de los Remains. Por buscarles una similitud me recordaron en varias ocasiones a Johnny Thunders and the Heartbreakers.

Con ellos, este primer escenario del día albergó el mayor aforo, realmente considerable, público al que el siguiente artista, el organista italiano SAM PAGLIA , salió decidido a hacer bailar.

Y desde luego lo logró, amparado en una minimalista formación con su hermano a la batería, un saxofonista y una vocalista encantadora, conocedora del castellano, además del omnipresente hammond del maestro Paglia.

Desde el inicio un vertiginoso ritmo soul, modern jazz, groove y algo de funk y armonías brasileñas hicieron contagioso efecto en las canillas de los concurrentes, que no dejaron de agitarse. Atractivos temas que podrían haber compuesto la banda sonora de películas como las de James Bond o teleseries en la onda de El fugitivo.

El propio Paglia realizaba las líneas de bajo con el teclado en un repertorio quizá demasiado instrumental ya que eché de menos más intervenciones de la preciosa, potente y negroide voz de la cantante.

Por supuesto, nos regalaron una versión del sumo sacerdote del soul, James Brown, Papa's gotta a brand new bag y realizaron varios y merecidos bises, mientras, eso sí, la gente comenzaba a abandonar el recinto en dirección al escenario purple y es que la presencia de los míticos The Zombies se mascaba en el ambiente, eran el grupo del día y, quizá del festival, aunque a veces, las cosas cambian como veremos…

Batidora soulera italiana
a bailar
Maestro Hammondero Sam Paglia

 

Doctor Explosion bass player

Neron incendiando Roma o Jorge Explosion

Pequeoo Angus Young Asturiano

Llegamos al Escenario Purple situado a unos 20 minutos a pie del anterior, dispuestos a disfrutar de la locura sónica del veterano trío asturiano DOCTOR EXPLOSIÓN , aperitivo de calidad previo a la esperada y nostálgica actuación de los Zombies.

Este segundo escenario era también un pabellón deportivo con las dificultades consiguientes que, para la sonorización acústica, representan estos recintos- mazacote cúbico de hormigón chungo para sonar -. A pesar de ello, la tónica general fue bastante aceptable en este aspecto, con un solo pero: en ocasiones el volumen fue escaso, se echaron de menos algunos miles de watios más, especialmente en este escenario al que nos referimos ahora.

La pandilla explosión salió pertrechada cual césares romanos, como incendiarios nerones ebrios de electricidad punk-rocker, dispuestos a gozar de una bacanal más.

Jorge explosión, guitarra y voz, principal factotum del grupo, con su Gibson SG, es una suerte de Angus Young garajero, un malévolo duende nutrido en el frikismo que, con acierto, pone en solfa cualquier cosa que le divierta. De hecho afirmó que: “la letra de una canción de garaje no debe decir nada”.

Sin complejos abofetearon al personal con un raca-raca continuo en el que encuadran sus influencias garajísticas, beat, rock and roll, surf y lo que haga falta, siempre con la sana y, en mi bolinga opinión, acertada intención de convertir sus conciertos en desbocados y oligofrénicos guateques ( yo casi termino bailando pogo…).

Por supuesto sonaron Drácula Ye-yé , la potente Basura y un montón más de píldoras sónicas propias y versiones reconvertidas ( Biff, bang, pow por ejemplo) a su causa de rock gamberro y, desde luego, bien tocado.

 

A eso de las 12.30 pasadas y tras los oportunos cambios escénicos, aparecieron THE ZOMBIES en el escenario, sin los trajes negros de corte inglés clásico que, elegantemente, lucieron en los 60. Malo.

Llegaron avalados por la presencia de los miembros originales Colin Blunstone (voz) y Rod Argent (teclados y composición), acompañados de músicos, viejos colegas al parecer, de aventuras sinfónicas y pseudo-jazzísticas.

Y el caso es que no empezaron mal, sonaron A rose for Emily y This will be our year , pero enseguida cayeron en una especie de autoidolatría, como de museo ambulante, vía difíciles y largos solos de teclado y un exagerado amaneramiento en la interpretación de Colin Blunstone. No cesaban de recordarnos los top ten conseguidos en América, sus aportaciones dinosáuricas y sinfónicas en los 70 – Argent tiró por ese palo en aquella década -, en una autoexhibición vanidosa no compartida, irrelevante, perdiendo, yo creo, la perspectiva de hallarse en un festival puramente revivalista. Estaban frente a un público decepcionado que reivindicaba la escucha, nada más, de todas aquellas emocionantes piezas creadas en los 60.

Instrumentalmente, ningún pero: Blunstone conserva, mejorada incluso, su sugerente voz, con una ejecución perfecta, Argent – ya un teclista de altísimo nivel en su época y un maestro de la armonía y la composición – un virtuoso y el resto (guitarra, bajo y bateria) grandes músicos e impecables voces; nos encontrábamos ante una perfert british simphony . El problema era que, hoy por hoy, su rollo tiene poco que ver con el espíritu de este festival, mejor en un balneario para jubilados burgueses. Así de simple.

De hecho, finalizaron la histórica She's not there con un improcedente e interminable solo de guitarra que no comprendió nadie y que, eso sí, hubiera hecho las delicias de los asistentes a un concierto A.O.R. o heavy-light. Hacia la mitad del set, el sector más killer del público hacía mofa y befa de las poses ‘excesivamente delicadas' de Colin Blunstone y su parecido con, ejem, Camilo Sexto.

Hicieron Indication , Sticks and stones y menos mal, Time of the season – lo mejor -, despidiéndose sumidos en la autocomplacencia y, daba la sensación, creyendo haber alcanzado la gloria una vez más.

 

 

The Zombies_ virtuosas leyendas egocentrica

Colin Nlunstone garganta profunda

RODARGENT_Masterdelostecladosylaarmonia

Sinfonia britanica

 

En fin, mañana sería otro día…aún restaban dos prometedoras jornadas!!.

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