La presentación
Un año más (y que no falte este oasis de invierno) llegó la cita con León y el festival Purple Weekend los días 7,8 y 9 de diciembre. Es el momento del reencuentro con amigos de todo el país, la oportunidad de disfrutar de viejos/nuevos grupos en directo que de otra forma sería muy difícil, del colorido, la psicodélica y el ambiente sixties, de las chicas guapas y los chicos elegantes, del guateque y de darle la espalda al aburrido soniquete de las músicas oficiales y las radiofórmulas de contagio masivo.
A diferencia de la edición anterior, que dejó el listón muy alto con 2 escenarios y 6 bandas diarias con nombres tan irresistibles como The Zombies, The Undertones o Chocolate Watchband, en esta, la organización redujo el formato a 4 grupos por día y un solo escenario, el Estadio Hispánico, suficientemente grande pero de acústica complicada (el deporte y la música no se llevan del todo bien); cosas del presupuesto u otras consideraciones organizativas. El gran nombre del festival recaía en los británicos Kula Shaker programados para el sábado.

El espíritu del Purple inunda León las 24 h., noche y día, sirviendo como trampolín de difusión cultural al programar exposiciones, cine, puntos de encuentro, etc. en el recinto de la Albeitar. Con referencia a las expos, pudimos disfrutar este año de las dedicadas al arte pop de Enrico Bresann y el autor catalán Aidette, además del reflejo que en prensa ha tenido el festival y las exquisitas fotografías de Oriol Rosell, procedente del colectivo Pop-Art Club y su fanzine Los Flequillos de la Morsa, surgido en Cataluña a mediados de los años 80, con el fin de divulgar y dar voz e imagen al movimiento mod de aquellos tiempos.
Además, también en el Albéitar, se proyectó el sábado 9 de forma gratuita el documental sobre la vida y milagros -nunca mejor dicho- de Bob Dylan “No Direction Home”, de Martin Escorsese. Y, por supuesto el mercadillo, cambalache ye-yé situado en el Hispánico, donde adquirir alguna joya discográfica, cómic, ropa, carteles, fanzines, cosas pintorescas, complementos y nuevas amistades.

Reseñar de igual forma el acierto de la organización al ofertar alimenticias Lunch Sessions todos los días a partir de las 14.30 en el Gran Café, con combos de jazz y sonidos negros disparados desde el vinilo, verdadero paliativo para superar el cansancio de la noche anterior e ir disponiendo cuerpo y psyche para lo que se avecinaba cada una de las jornadas, siempre hasta la salida del sol en las orgías guatequistas del allnighter, con dj’s como Juan de Pablos (Radio 3) o el mismísimo Alex Cooper. Soul, funk, power-pop, garaje, rithm’n’blues, r’n’r, beat, etc., los pies se tornaban incontrolables.
Este festival es toda una institución en la acogedora ciudad de León y un auténtico estandarte para el movimiento mod que, de forma no integrista, acoge además a un variopinto público entre el que podemos encontrar roqueros revisionistas, punks, freakis diversos, estudiosos de la música no encuadrables en ninguna tribu definida y gente curiosa en busca de algo distinto y nuevas sensaciones.
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