PURPLE WEEKEND
Sábado 9-12-06
Encaramos el último día del festival tratando de asumir que mañana habría que plegar los retrovisores, aparcar las vespas y, ayudados por el almax y el paracetamol, regresar a nuestras normales vidas esteparias, definitivamente menos vitaminadas y coloristas.
Precisamente por ello, acudimos al Hispánico con ganas de entregarnos al máximo y extraer el mejor de los jugos a esta postrera andanada del Purple Weekend 2006. Era a priori el día de las bandas más cañeras y se cumplió el pronóstico.
Les tocó encender la mecha a los galleguiños MEU y demostraron ser un cuarteto cargado de dinamita. Sin arrugarse, con actitud seria y dura, defendieron los temas de su primer disco What’s Up?, dejando patente que estábamos ante tios experimentados provenientes de grupos importantes como la Elephant Band.

Meu se basa en conseguir un sonido muy compacto surgido de la batería, el bajo y la guitarra, sin artificios ni virtuosismos, crudo y energético pero sin caer en lo agresivo, recayendo el protagonismo en su front-man, de interesante voz y capacidad expresiva al interpretar las canciones, bien secundado por el bajista y su Rickenbacker a la hora de ponerle ganas, comunicación y movimiento al escenario.
Fueron de lo más potente y eléctrico que pasó por el Purple, sudaron sus 50 minutos y terminaron el set sonando a pleno pulmón, en plan avalancha decibélica con el cantante aporreando el timbal base.

Aunque no se trataba de una banda demasiado mod, gustó bastante su pop-rock británico, de prisma actual, rítmicamente contagioso y cuasi punkoide, haciendo una intachable overtura para esa jornada de conciertos.
A continuación nos esperaba la fortuna de asistir a una de las escasas reunificaciones de THE PURPLE HEARTS que con ese nombre era extraño que no hubieran pasado ya por el festival leonés.

Se trata de un cuarteto formado en el año 78, de vida breve y atropellada, en alguno de los cabreados arrabales británicos destinados a la clase obrera de la época. Ya sabes, jóvenes recién salidos de la adolescencia, airados, barriobajeros y elegantes, con ganas de liarla y a los que el punk dotó del vehículo expresivo que necesitaban.
Hicieron un repaso riguroso a su discografía, realizando un show que fue ganando en intensidad hasta finalizar de una manera desbocada.
Casi cincuentones y desprovistos del aspecto arrogante y mod suburbial de sus inicios, los tios dejaron bien patente cuales fueron sus influencias: recogieron la tradición de los Kinks, Creation y el rithm and blues mod-sixties y asumieron la energía, la urgencia y la sonoridad de nombres coetáneos a ellos como The Clash y Buzzcocks. En temas como Frustration, Millions like us y la versión de los Kinks, I´m not like everybody else quedó perfectamente claro su posicionamiento musico-existencial.

Amén de ese punk-rock seminal de ascendencia sixties hubo atisbos power-poperos, beat y algún pasaje pop-psicodélico, no tardando demasiado en engrasar su maquinaria, sentirse cómodos en el escenario y tocar con verdadera fiereza y actitud la mayor parte del set.. Tal es así que lo finiquitaron a golpe de pura saturación, en una especie de psicodelia ruidista al estilo de los primeros Stooges, tan destroyer que el cantante terminó con el mastil de su SG en la mano y el resto de la guitarra en el suelo: kaos y destrucción, si hay que romper, se rompe.

Buen concierto, como colofón, de una banda algo tosca pero sin duda efectiva y auténtica.
Nos encontrábamos el día de mayor afluencia de público y es que la presencia de Kula Shaker en su única fecha española había despertado expectación así como la de los dinosaurios californianos THE ELECTRIC PRUNES, siguiente combo en actuar.
Se trata de una banda que tuvo sus días de gloria durante el segundo lustro de los 60, en la época ácida de la costa oeste norteamericana, fundamentalmente gracias a la inclusión de uno de sus temas durante la escena del viaje lisérgico en el cementerio de New Orleáns, en la legendaria película jipi Easy Rider.

En aquellos tiempos facturaban pop, rock y folk psicodélico, aunque ya apuntaban maneras experimentales, innovaciones sónicas y lógicos acercamientos hacia el hard. Había ganas de paladear su propuesta pero, al contrario de lo que sucedió el año anterior con la Chocolate Watchband, su rugido se diluyó en un bostezo.
A pesar de los intentos del front.man James Lowe por animar el cotarro y hacer del bolo una fiesta tripitosa, el concierto entró en una dinámica monocorde pelín pesada y aburrida, con su guitarra Steve Kara realizando largos solos de aspiración experimental, a veces demasiado tensos y disonantes para mi gusto. No quedaban restos del gusto pop de antaño, me parecieron más un precedente antediluviano de las bandas stoner-rock actuales.
En cualquier caso seguí sus evoluciones con atención dada la experiencia de este quinteto de melenudos sexagenarios pero, aunque interpretaron Too much to dream o Get me to the world on time, no conectaron con el personal, bajando el nivel de intensidad alcanzado por The purple Hearts y percibiendo que la gente se dedicaba a hacer vida social a la espera del advenimiento sobre el escenario de Crispian Mills y KULA SHAKER.

En ese momento el recinto estaba abarrotado y Mills, un Jimi Hendix rubio del pop, no dejó de despertar admiración. Hablamos de un superdotado, un guitarrista soberbio y excelente vocalista que realizó una verdadera exhibición repleta de elegancia, feeling y profesionalidad.
Para quién no conozca a Kula Shaker decir que editaron su primer disco en el 96, ‘K’, sacando al brit-pop de la atonía y devolviéndolo directamente a sus orígenes, a Beatles y Pink Floyd, obviando comercialidades y recuperando las armonías y el gusto de la psicodelia pop, las aportaciones hindúes y los arreglos realizados por músicos de verdad, incuestionables y de pura cepa.
El cuarteto (batería, bajo, Hammond-teclados y guitarra) interpretó un concierto de intensidad rock, desgranando todos sus hits sin pausas ni autocomplacencias. Govinda, Hey Dude, Great Hosanna, Tattva, etc. hicieron las delicias del respetable, con la banda sonando precisa, poderosa y en forma, brillando apoyada por el magnetismo de Mills. Adelantaron un par de temas de su próximo trabajo, calidad marca de la casa, siendo justo por mi parte destacar de igual modo las voces desplegadas por el grupo.

Fue el momento de esta edición en que el Purple fue más purple, culminando con la interpretación de Hush, un himno esperado por todos.
Desde luego, fuimos al allnighter con excelente sabor de boca, satisfechos y motivados para despedir bailando y bebiendo este Purple Weekend 06, quizá de menor nivel que el anterior, pero sin duda una cita imprescindible cada Diciembre.
Nos vemos en el 2007!!!!
AnimalBoy
Javi Peti Reacción.
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