Viernes 8-12-06
Esta vez sin dificultades horarias llegamos puntuales al Hispánico ávidos de una jornada intensa de música y diversión.
Nos recibieron THE URGES, joven quinteto irlandés encargado de iniciar la descarga, con aura de garajeros primitivos e infecciosos. Francamente no resultaron tan salvajes. Aunque sus influencias sí radican en la música fuzztonera y saturada de los 60, nos parecieron una banda más del circuito, bastante alejados de la energía que transmiten en escena formaciones como Maharajas o Staggers que son de lo mejor del panorama actual.
Los tíos tenían buena pose underground, pinta de boys malotes del suburbio dublinés pero no había brillo, faltaba fuerza y ganas. No consiguieron que brotara el sudor propio de un concierto de música urgente y peligrosa, proto-punk.
El planteamiento era correcto: interpretar su repertorio sin pausas, tema tras tema durante los 45 minutos pero a ese motor le falló la carburación. O yo tenía aún ardor de estómago o no fue su día.
En cualquier caso sí puede ser interesante no perderles la pista, con esa juventud puede que en no mucho tiempo aporten cosas interesantes.
Hay que entender de todas formas que ser los primeros en actuar en los festivales es complicado, aún no hay demasiada gente, la que hay a veces se dedica más a comentar la jugada de la noche anterior que a otra cosa y cuerpos y sistemas neuronales auditivos permanecen todavía fríos.
El segundo plato llegó desde Almería, THE SHAKE, agrupación genuina de rock sixties, y fue realmente nutritivo, causándonos una grata impresión. Se trata de un cuarteto clásico (dos guitarras, bajo y batería), correctamente asentado en el escenario, con un importante dominio instrumental y dotados de voces bien ejecutadas y armonizadas.
Sería injusto no destacar a su guitarra solista, sin duda de los mejores que ha pasado por el festival, técnicamente rayando el virtuosismo, con arreglos, punteos y otras aportaciones muy potentes e incendiarias.
Repasaron principalmente su disco ‘Trippin the whole colour world’ en un directo interpretado con oficio e intensidad, sin demasiada originalidad pero bien ajustado a los cánones de las bandas clásicas sixties (Pretty Things, Who, Kinks), desplegando buen R&B, R&R, soul, algún apunte beat y acertados desarrollos psicodélicos en algunos de los temas con guitarrazos escuela Townsed, sonando la banda a plena potencia.
Desde luego The Shake, como su nombre bien indica, agitaron la noche y caldearon la temperatura del Hispánico con temas como el puñal garajero ‘You said goodbye’, dejando patente el carácter esencialmente revivalista del Purple.
Con los oídos aún vitaminados por las canciones de los Shake nos dirigimos a la barra del bar para recibir otro tipo de alimenticio avituallamiento, saludar a antiguos compadres y esperar el advenimiento del primer nombre mítico de la noche al escenario.
Eran casi las 10 de la noche cuando un verdadero superviviente de la new-wawe británica JOHN WICKS hizo aparición junto a su banda THE RECORDS.

Este elegante dinosaurio (sus compañeros tampoco eran teenagers), compositor paradigmático de power-pop, realizó una revisión de sus éxitos y canciones conocidas. Estábamos ante otra formación compuesta por dos guitarras, bajo (Rickenbaker, ¡por supuesto!) y batería.
Me gustó su concierto, yendo de menos a más, desplegando su power-pop robusto y energético de guitarras, muy melódico también, exhibiendo unas cuerdas vocales en forma (aunque entre los coros se apreciaran algunos desafines); eso sí, hay que reseñar que más allá de las primeras filas – dónde la gente vibró - no consiguió demasiada entrega ni una atención excesiva. Quizá era un repertorio pelín monocorde en los parámetros power-poperos más clásicos, canciones todas ellas de una estructura y una sonoridad muy similares.
La banda actuó con profesionalidad y convencimiento, siendo el bajista quién mayor entusiasmo desplegó sobre las tablas al defender temas clásicos como Girl in the golden disc, Starry eyes, Affection rejected o Hearts in her eyes, amén de otros de reciente factura.

Pasadas las 23.30 y tras un arduo cambio sobre el escenario para acoger a los 8 músicos de PUCHO & HIS LATIN SOUL BROTHERS, comenzó la que a la postre resultó la actuación más celebrada de la velada.

Pucho es un enorme músico negro casi septuagenario, originario del Harlem neoyorquino, enorme también por su contribución sobre todo en los 60 a la fusión de las músicas con las que creció en su barrio –mambo, soul, funk y desarrollos jazzísticos- dando lugar al Boogaloo, muy popular en aquella época entre los jóvenes afroamericanos. Como si de un Tito Puente del país del Tio Sam se tratara, demostró su maestría con los timbales, ejerciendo de anfitrión sobre el escenario y regalando una sonrisa a todo aquel que se acercaba para hacerle una foto.
Los 8 magníficos eran batería, bajo, piano, trompeta y saxo (por cierto, clavado al Encías Sangrantes de Los Simpsons) y tres percusionistas entre los que se hallaba el propio Pucho como front-man (timbales, bongos, congas y demás cachivaches de contagio rítmico).
El Hispánico se convirtió en una gran pista de baile, caliente y sabrosona, ideal para tener cerca una muchacha o muchacho y abandonarse a la sinuosidad del latin-jazz, no demasiado desbocado sino de carácter lounge, disfrutando de la calidad de estos músicos descomunales.

Sobre una base de percusión constante en ocasiones más pausada, otras más energética pero siempre constituida como una sintonía de buen rollo y máquina de feeling, se sucedían los solos y aportaciones de los vientos y el pianista, quizá excesivamente largos en el caso de este último.
Habría que destacar al batería, lleno de vitalidad animando al público, sintiendo de verdad su profesión y transmitiendo una fuerza en el corazón del ritmo impresionantes y, sobre todo, al bajista, que, armado con un Jazz Bass sin trastes, realizó un solo-exhibición de slap-thumb, repleto de groove huracanado y funk arrasador que se llevó la ovación de la noche. Con los pelos de punta, no sabía que pudiera llegar a tocarse a sí.

La música de Pucho fue de nuevo reivindicada en los 90 con la implantación del acid-jazz en los clubes europeos, sintiéndose deudora de su sentido rítmico y su acierto fusionador. Temas del calibre innovador en su día de Wanderin’ Rose, El Nino Mambo, You Can’t Get What You Want o Maiden Voyage nos fueron regalados por esa geriátrica pero soberbia banda.
Con el ánimo contento por haber sido testigos de tamaña lección magistral y el cuerpo caliente por lo mismo nos fuimos a desafiar la salida del sol…el Allnighter esperaba de nuevo!!!.
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