Sr.Chinarro

Sala Mocco , Valladolid -- 3 de noviembre del 2006

Es una situación tremendamente incómoda y por eso lo relatamos en estas primeras líneas de la crónica.

Os explico. Es habitual, dentro de la forma habitual de trabajo en la web, que si vamos a desplazarnos -invirtiendo parte de nuestro tiempo libre- para cubrir un determinado espectáculo unos días antes nos pongamos en contacto con alguien que tenga algo que ver con el artista. Lo idóneo sería, algo que ya es casi utópico, el poder hablar directamente con el protagonista de la noche avisándole de nuestra presencia (en contados casos todavía se puede realizar). En esta ocasión se trataba de ver a Antonio Luque, nombre legal del simpar Sr. Chinarro, pero cuando entre medias de dicho artista existen cada vez más promotores, propietarios, perroflautas , discográficas, gestores, managers, empresarios y mercachifles , puede llegar a ocurrir lo que nos sucedió en la puerta de la novísima Sala Mocco de Valladolid: la negación de entrada para los dos reporteros de Valladolid Web Musical. La excusa oficial de los, al parecer, dueños del evento y del derecho absoluto de admisión (el conocido Colectivo Laika ) es que ellos no llegaron a tener ninguna constancia de nuestra llegada, con lo que allí pues no pasaba nadie. Algo totalmente poco habitual, pues daba a entender que nuestro aviso no se tenía únicamente que ceñir a la empresa de management que lleva al artista (labor que fue la que se realizó), ni a su discográfica (acción de aviso que también se realizó) sino que, al parecer, había que comentárselo también a las personas que promovían el concierto de forma personal.
Cuestión secundaria, pero algo más tenebrosa si cabe, eran las palabras que uno de los integrantes del soviet perruno nos dijo al final de una sucesión de excusas y cambios de discurso: se terminó con un “…nosotros acreditamos a según que medios…”, frase lapidatoria con la que se cerró la amigable conversación que mantuvimos en puerta, pero que comenzó con un primer :”…aquí no acreditamos a ningún medio”, pasando después a un “…cuesta mucho hacer este tipo de conciertos en Valladolid (con lo que si acreditamos a medios de comunicación no amortizamos gastos)”.

¿Un veto informativo a según que medios? ¿Desinformación entre tanto representante? Y es que con tanto promotor, manager y gestor cultural de turno al final todo acaba en un lío más que dudoso. Esperemos que dicha anécdota no tengamos que volver a sufrirla. ¿No hay dos sin tres?

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En fin. Sigamos con la crónica.

El hecho es que, después de acceder a la Sala Mocco en esta lluviosa tarde de noviembre (ah, el precio de entrada fue de 8 euros) y después de sufrir un retraso de más de una hora en la apertura de puertas debido a que todavía no se habían realizado las pruebas de sonido (al parecer era por un problema que se originó en el aeropuerto… como más tarde explicaría el propio señor Luque), nos dispusimos finalmente a presenciar el concierto.

O mejor dicho recital. En el escenario sólo había un pequeño taburete, un micrófono (por supuesto) y una guitarra acústica. A la derecha del mismo un pequeño equipo ecualizador de sonido. A esta primera hora de retraso se sucedería, después, la consiguiente media hora de espera para esperar a los rezagados y para que el local pueda hacer la consabida caja.

Hay que destacar la excelente entrada que finalmente hubo en la sala. Sino se superó el centenar de personas cerca le anduvo.



las canciones vestidas de poesia

Eso si… en todos ellos no llegamos a encontrar a muchos de “los habituales” en estos saraos, exceptuando a cuatro de los vulgarmente conocidos como ‘ los de siempre '. Este fenómeno astronómico (nuestro escepticismo nos hace pensar que se debería a una conjunción de los más diversos factores y variables astronómicas) bien puede ser el comienzo de unos mejores tiempos para esto de la lírica. El caso es que el tono y aspecto medio del público (ahora os suelto una radiografía del personal) era muy acorde con la ‘modernez' capitalina que despedía el garito de marras.



nada más real

La Sala Mocco rezuma un aroma a zapatería de franquicia que transciende; música ambientada por un peculiar y típico dj con ojos vidriosos y boca semiabierta, juegos de luces insertos debajo de paneles, moqueta, lámparas retro, paneles electrónicos, etc. Estos locales de hoy en día es que tienen más parecido a un local comercial del grupo inditex que a cualquier sala habitual de conciertos (¿qué fue antes el huevo o la gallina?). Sólo faltaban las telas y trapitos.



un flash, el sonido y los modernos

Unos ropajes que ya los lucían los muchos maniquís humanos que por allí pululaban, los cuales, por cierto, en vez de estar calladitos se pasaron –algunos de ellos, no todos-gran parte de la actuación dándole a la labia. El hecho es que el local aguantó la actuación con una temperatura adecuada. No había mucho humo (tampoco fumaba mucho el respetable) y en general la acústica se puede calificar de notable. Unos datos que sin duda tienen más interés para cualquiera que pueda sentir curiosidad por intentar realizar allí cualquier actuación.

Aquellos que fueron más a hablar que a escuchar tuvieron más motivo si cabe en la segunda parte de la actuación de Sr.Chinarro . Mejor dicho en la tercera. Hubo varios bises finales, con alguna interrupción instrumental obligada (un cambio de cuerda de casi 5 minutos), y por algún que otro chascarrillo del granadino siempre tan recurrentes y mordaces.



falto el pipa

En lo musical el Sr. Chinarro exprimió su último trabajo editado ( El Fuego Amigo,2005 ) hasta la saciedad. Morado, El Rayo Verde, Dos besugos, El Peor Poema,… sonaron limpias y desnudas de los bonitos arreglos con que están edulcoradas en su Lp. Estaba claro que era la opción y la loable oportunidad de poder escuchar la poesía surrealista que Antonio Luque impregna en cada canción de su ya largo repertorio.



crudo y sincero

Las cualidades y calidades tanto instrumentales como vocales de nuestro cantante si que es cierto que, para que vamos a negarlo, pues brillan en algunos momentos por su ausencia. No estamos ante un cantante en mayúsculas, ante ningún crooner de pro; claro que no. Y si te muestras de forma cruda y natural, sin la instrumentación que disco a disco ha ido asimilando el Sr. Chinarro, pues todas tus debilidades, emociones y angustias quedan mostradas. ¿No es eso, en cambio, lo realmente bello de una actuación? Por supuesto que no. Sólo es admirable en algunos artistas y Luque es uno de ellos, muy, pero que muy, por encima de los Sabinas y Fitis de turno, tan falsos y farsantes.
Fueron momentos espléndidos como los que pudimos recoger durante la interpretación de El Cabo de Trafalgar o en Morado . Con estos minutos todo fue llegando a su final. Un tema inédito entre medias de otros añejos que el respetable solicitaba a viva voz sirvieron para cerrar la velada.

Todos nos redimimos así ante el maestro. Todo, en resumen, mereció la pena.

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