THE ROLLING STONES


EL EJIDO (ALMERIA)
30 JUNIO DE 2007 

 

Leer como fueron los conciertos de los STONES en su paso por la península es una tarea que todos tenéis al alcance de la mano ya que la difusión y repercusión mediática es de primer orden, incluso en el telediario la gente más aburrida del mundo esboza una cara de “enrollado” al relatarnos las maravillas del acontecimiento (yo me pregunto ¿Cómo sabrán si es tan bueno si no tienen con que comparar?).

Nosotros pretendemos dar otro punto de vista y os relatamos el concierto desde los ojos de alguien que los ve por primera vez, con la expectación y la admiración de quien se enfrenta a un bautismo de ROCK de altura. MAR se desplazó desde VALENCIA hasta EL EJIDO para ver el concierto y esto es lo que nos ha mandado de su experiencia STONE.

Llegamos allí sobre las 4 de la tarde. Cuando accedimos al recinto, estaba aun muy claro...las gradas vacías, el césped cubierto de un plástico azul, un sol radiante...un buen momento para advertir la inmensidad de aquel escenario que se levantaba como amenazante, y eso que era bastante pequeño en comparación con otros que han pisado.
Por allí anduvimos tanteando el terreno y buscando una buena ubicación, aunque muchos ya permanecían agarrados como lapas a las vallas de hierro que bordeaban las zonas con mayor visibilidad. Al final nos quedamos a uno de los lados de la pasarela, detrás de los vips, relativamente cerca del escenario y centrados.

Tras casi dos horas de espera salió el Loco, grande, elegante...nos tocó cuatro o cinco clásicos, Feo, Fuerte y Formal y se piró muy agradecido...Fue fugaz, yo hubiese preferido que su paso hubiese sido más largo, me sobraron los Jet, que a pesar de que no lo hicieron nada mal, sinceramente a mi no me emocionan nada...es más: confieso avergonzada que me aburrieron bastante...en fin, cuestión de gustos.

Tras los australianos se sucedió un espacio de tiempo interminable, se fueron con el anochecer y ahí quedamos miles de personas una con otra, mirando hacia el frente. Yo miré a mí alrededor y apenas alcanzaba a ver más allá de tres cabezas, vi las gradas llenas y apuré mi litro de cerveza, que sería el último. Yo de mi medio metro cuadrado no me volví a mover.

De repente sólo quedaron la noche y el murmullo, apagaron todo y ahora quedaría de puta madre decir que a partir de ese instante no tengo palabras para describir lo que vino, aunque va a ser que no, casi...perdí la noción del tiempo. Iba con cinco personas más que para mi desaparecieron, sentí una explosión de luces y en la pantalla principal aparecieron unas imágenes que inducieron vertiginosamente a los primeros acordes de Start me up...creí morirme de gusto.

Tras la primera pieza, en la que creo nadie tuvo los pies en el suelo, Jagger saludó y preguntó por el gazpacho (resulta que el ayuntamiento organizó 10.000 litros de gazpacho y estuvieron repartiendo vasos en los alrededores del estadio antes de que abrieran las puertas).


Entonces se fueron sucediendo una tras otra las canciones que durante tanto tiempo sólo tuve la oportunidad de escuchar en un CD, parecía un sueño, el Midnight Rambler que más he saboreado en toda mi vida, el Miss you más bailable que pueda haber sentido en mis huesos...Rough justice, Tumbling dice, Jumping jack flash, Honky tonk women, Paint it black..., bueno y todo un repertorio maestro entre el que yo no eché nada en falta. Apabullante, el I´ll go crazy en homenaje a James Brown, en que cantó junto a una de las coristas, Lisa Fisher (una voz con patorras)...y envolvió el estadio con un torrente vocal que hizo tambalearse las torres de sonido.

Uno de los momentos más emocionantes para mi, y con lo que discrepaban mis amigos, fue cuando Richards se marcó el pedazo de blues de You´ve got the silver y a continuación I wanna hold you...unos garibulillos colgaban de la frente de ese viejo que dicen acabado...allí estaba el figura más entero que la leche, cantó y tocó con un sentimiento brutal, y en una de las pantallas pudimos ver como sonreía cuando un grupo de las primeras filas le mostró una pancarta donde le decían que no volviese a subirse a una palmera.

Él lo sabe y se parte de risa, sabe que nos gusta travieso. A mi es el Stone que me evoca más ternura, después del Watts (que tiene pinta de ser el único que se baja del escenario, se pone un batín de seda, se empina su vasito de leche y se acuesta).

Si tuviera que decir todo lo que sentí y pensé, no sé si acabaría, la sensación más grande que tuve fue que aquello fue un derroche continuo de energía, Jagger está en plena forma y ya quisieran los Jet o cualquier otra banda joven echarle una carrera y ganarle. La esencia del espectáculo eran sus saltos, sus movimientos aeróbicos, sus carreras de un lado a otro del escenario...y todo aquello sin perder el aliento y la voz. Brillaba más que sus lentejuelas. Parecía cierto que era el mismo diablo y que nos absorbía la fuerza a todos los presentes allí, tres o cuatro generaciones reunidas, para devolvérnosla renovada.

En la recta final del concierto, cuando se deslizaron sobre la pasarela, todo el mundo se giró a ellos, las luces deslumbraban y una luna llena absorta sobre el Satisfaction enmarcaba el cuadro que inmortalizó el instante que más cerca les voy a tener en la vida...joder, cuánta emoción, los gritos eran como la batería de aquello, cuantos más, más fuerza...y todo el rato tenias la sensación de querer devolverles el doble de lo que te daban, eso era lo que te animaba a no dejar de saltar y cantar ni un solo segundo. Y mientras saltábamos como locos, el globo lengua se iba hinchando al otro lado, en el escenario, advirtiendo que se acercaba el final.


Coronaron con unos reyes, son los más grandes.


Sin palabras...y sin fuerzas, he Sympathy for the devil, impregnando de rojo la noche...se despidieron como estado hasta hoy, que si no lo veo no lo creo. Los abuelos...¡JA!, nos pusieron una inyección de vitalidad, que más de uno salió resintiéndose del pinchazo. Y es que era el panorama a las puertas del estadio Santo Domingo de El Ejido, una mancha en la acera de gente joven tirada en el suelo. Muchos de aquellos como yo, que nunca habíamos podido ir a verles, y que gustándonos aún tanto los Stones, alguna vez habíamos llegado a dudar de si realmente estaban para el trote de un concierto de dos horas...Duda zanjada, no sólo están para eso, sino que a muchos nos revolcaron...yo salí para el arrastre, sólo quería como el Charlie: un vasito de leche caliente y a la cama.

Lo que yo les diría a todos aquellos que gratuitamente se mofan de estos míticos es que si están ahí, es porque aún tienen mucho que ofrecer. He ido a algunos conciertos en mi vida, y supongo seguiré yendo...y tengo la seguridad de que ninguno va a superar este.

Fueron las horas más intensas de mi vida,
ya me puedo morir mañana si eso...

por MAR

valladolidwebmusical*****crónicas de conciertos