Describir un sueño es algo complejo y sin embargo voy a intentar hacerlo aqui. Porque para mí, como, imagino, para cualquier fan de Héroes del Silencio, lo que hemos vivido ha sido como un verdadero sueño. Ha sido como retrotraerse 10 años atrás, volver a vivir la magia y las emociones de cuando teníamos 16 años, al menos en mi caso. Desde hace unos meses veníamos escuchando rumores sobre la posible reunión del grupo español más grande, pese a quien pese, de todos los tiempos. Los recuerdos regresaban a nuestras mentes y las canciones nunca olvidadas volvían a sonar pero es que los rumores en estos diez años de espera siempre han sido constantes y han estado presentes en foros y reportajes pese a que algunos miembros de la banda aseguraban que la reunión era más que imposible. Pero durante los primeros meses del 2006 y por razones que nunca llegaremos a saber del todo el milagro se produjo y la esperada noticia llegó a nuestros oídos: LOS HEROES DEL SILENCIO SE REUNÍAN PARA OFRECER 10 CONCIERTOS.
A primeros de marzo las entradas se ponían a la venta para el día 12 de octubre en Zaragoza, en plenas fiestas del Pilar y en un lugar emblemático de la ciudad como el estadio de La Romareda y claro, una fan como yo, y en su ciudad, nuestra ciudad, no se lo podía perder. La dificultad para conseguir un ticket fue extrema pero el objetivo se cumplió gracias a la magnífica intercesión de un familiar y ya con el billete asegurado, con un precio de 62 euros, solo quedaba esperar al gran día.
Logo HdS
Los meses han ido pasando entre audiciones, charlas, búsqueda de información en foros... y por fin llegó septiembre, el mes en que toda la maquinaría se ponía en marcha tras 10 año de parón. Las dudas existían: qué tal sería la relación entre Juan y Enrique, por qué Alan Boguslawski no tocaba con ellos y en cambio lo hacía el hermano de Juan: Gonzalo Valdivia; que repertorio tocarían , se notaría la distancia temporal que los ha separado, cómo sería su interacción en el escenario... y así hasta mil preguntas más que en gran parte quedaron resueltas tras su primer concierto en Sudamérica,el 15 de septiembre en Guatemala, donde siempre fueron considerados grandes entre los grandes. Todas las dudas quedaron despejadas: los Héroes habían vuelto con la misma fuerza, profesionalidad y buen hacer de antes, de siempre.
Los logotipos en las pantallas

Quince días antes del gran evento desempolvé del armario todas las camisetas atesoradas del grupo para comenzar a prepararlas para la noche del 12 de octubre. Lo mismo hice con los colgantes a los que hubo que tratar en profundidad pues los últimos años habían estado un poco olvidados. Y con todo el material preparado y las canciones sonando permanentemente en el equipo de música llegó el momento de desplazarse hasta la ciudad de los Héroes, y la mía, para vivir el gran acontecimiento. Me pasé los últimos tres días durmiendo fatal del nerviosismo y la emoción y atormentando a todo el mundo contándoles las horas y minutos que faltaban hasta el inicio del reencuentro y compartiendo la ilusión con mis compañeras de viaje y de sueño.

Más o menos sabíamos lo que nos esperaba porque tras agotarse las entradas en apenas unas horas, los Héroes optaron por realizar otra fecha en Zaragoza el día 10, lo cual me indignó mucho porque no comprendía como los que habían llegado tarde a adquirir su ticket iban a ver el concierto antes que yo. ¿Y si pasaba algo durante la celebración del evento y el del día 12 se suspendía, cancelaba, o se posponía? En fin, que ha sido injusto pero no nos ha quedado más remedio que acatarlo así. Y para colmo, se había publicado que Enrique Bunbury había cogido una gripe debido a los cambios de temperatura entre Sudamérica y España por lo que claro, el concierto del 10 era seguro pero no sabíamos como quedaría su voz para nuestra actuación.
El público abarrotaba La Romareda
Pero nada importaba ya. A las ocho de la tarde estábamos ya en la cola de la puerta de entrada preferente, 62 euros en vez de 42 por estar en una zona especial habilitada junto al escenario y en la que sólo íbamos a estar unas 6.000 personas de las casi 38.000 previstas para ese dia. El caso es que al entrar en el campo vimos que la zona vip ya estaba repleta, incluso se percibía un claro sobreaforo y todo ello debido a un serio problema de venta excesiva de entradas que incluso ha llevado a gente a la cárcel. Total, que optamos por quedarnos en las gradas, muy lejos del escenario y de nuestro pagado sitio VIP para no morir aplastadas. Eso sí, la visión general que ofrecía el estadio desde nuestra posición era inmejorable así como de toda la totalidad del escenario que en breve describiré. Al final, éramos casi 40.000 personas con nuestras camisetas de Héroes, que aún nos seguían valiendo a pesar de los años, y dispuestas a vivir una experiencia mágica.
El escenario era impresionante, de estrella mundial, de Rolling Stone que me ha dado por decir a mi para manifestar que era de grupo grande, de superestrellas, que a fin de cuentas son lo que son. Cuarenta metros de largo, una pasarela, un escenario B situado al final de la misma y de forma redonda. Dos grandes telones a los lados con sus correspondientes pantallas gigantes para no perderse ni un detalle del concierto. Pantallas de leds en el fondo y cuatro monitores enormes que se movían de arriba a abajo para proyectar imágenes diversas en cada canción. Ni que decir tiene que todo estaba perfectamente estudiado desde las luces hasta las proyecciones para que el espectáculo fuera lo más completo posible. En resumen una maravilla de la técnica que se ha ido transportando de ciudad en ciudad en 22 supertraillers. Una gira en la que han trabajado 40 personas en la gira americana más 65 que se han añadido después en la parte española.
Los mecheros iluminaban la Romareda
Y por fin llegó la hora, las luces se apagaron y la recordada "Song To the siren" que es la intro que utilizaban en sus conciertos volvió a sonar y a traer la nostalgía a nuestras mentes y corazones. La verdad es que me pilló un poco de sorpresa el inicio del concierto porque el miércoles 10 habían empezado a las 21:30 y yo me esperaba algo de retraso y de repente a las nueve de la noche menos dos minutos las luces se apagaron y dejaron paso a la magia. Los gritos de felicidad se escucharon sin duda en kilómetros la redonda cuando comenzó la intro y se elevaron más aún cuando silueteados con los monitores que proyectaban imágenes de agua aparecieron Juan Valdivia y Enrique Bunbury, los dos a la guitarra interpretando los primeros acordes de "El estanque". Desde el primer instante se percibió que el sonido iba a ser magnífico, (¿O debería decir mañifico?), limpio, claro, rotundo y eso que en estos minutos iniciales se notaba que se iba ajustando. Casi sin darnos tiempo a reponernos sonó la poderosa "Deshacer el mundo" coreada por 40.000 gargantas enfervorizadas y en la que Bunbury demostró que a pesar de su gripe sigue teniendo una voz increíble que no se ha perdido en estos años. Según he leido en ya no sé que sitio, ésta es la canción favorita de los técnicos de la gira. Y a continuación uno de los clásicos, aunque 10 años después, todos los temas lo son, "Mar adentro" con la que nos deleitaron. Un sonido increible perfecto y que si no fuera por alguna variación en cuanto al tono o las frases diría que lo que escuchábamos era un playback.
Justo después de esta canción las primeras palabras de Enrique Bunbury, dedicadas a nosotros para decirnos que era una noche especial para ellos, la despedida de Zaragoza, su ciudad, y que por eso querían hacer un show especial, con temas que hacía muuucho que no tocaban y con sorpresas. Lo que más me chocó, como a mucha gente hablándolo después era el acento sudaméricano que se le había quedado a Bunbury así como la costumbre de tratarnos de vos. "La carta" nos transportó más aún en el sueño que estábamos viviendo y nos acercó hasta "Agosto". La interacción entre la banda resultaba más que aceptable sobre todo teniendo en cuenta las diferencias y los rencores del pasado. Y entonces Enrique nos pidió colaboración para cantar el siguiente tema, la verdad es que esto no hacía falta porque no cesábamos en nuestras voces ni por un solo instante. Y así llegó la "Sirena Varada" siempre maravillosa y a continuación "Opio", tema con el que cerraron la única actuación que había visto de ellos hasta ese mismo día, y a la que cogí manía en tiempos por ser la que acababa con el show.
En ese momento, trasladaron sus instrumentos hasta el escenario B en el borde de la pasarela por la que Bunbury iba y venía continúamente demostrando que sabe perfectamente lo que se hace. Y es que en contra con lo que venía haciendo en los últimos tiempos de Héroes no iba de divo, dejó de lado las boas de plumas y las extravagancias para ser un líder, para ser una estrella pero no una estrellita, con una madurez y sencillez incluso que desde luego le han dado los años y la reflexión. Tocando mucho la guitarra y demostrando que también es músico. Eso sí, se cambió varias veces de camiseta. Empezó luciendo una de Héroes con el logotipo de la gira, luego cambió a una negra con la camisa plateada de Avalancha e incluso sacó el chaleco que lucía en los tiempos de El espíritu del vino, que a parte de seguir valiéndole dejaba ver en su hombro el tatuaje del símbolo de la banda, que muchos pensábamos que habría borrado de su piel para que no le quedara ningún recuerdo de lo que fue.
Decía que cambiaron al escenario B para estar más cerca de la gente y ofrecer una serie de canciones supuestamente más tranquilas que no acústicas. Y así cantaron "La Herida" una vez más, y este tema como sucede con otros adquiría un nuevo significado 10 años depués. "Fuente esperanza" le siguió en vez de "Flor Venenosa" que es la que venían tocando en el resto de la gira y después un susto tremendo que nos hizo temer lo peor. Enrique paraba el concierto y nos anunciaba que desde que había llegado a España la gripe se había apoderado de él y que necesitaba cinco minutos de parón para descansar la garganta y ofrecernos la actuación que merecíamos. Por supuesto confiábamos en que no nos iba a dejar tirados pero no teníamos la seguridad al cien por cien. Los gritos de Héroes, Héroes de las 40.000 personas presentes le animarían a regresar exactamente 5 minutos después para interpretar un tema que sin ser suyo, pues la escribió otro grupo zaragozano Más birras, han hecho suyo con una versión magnífica "Apuesta por el Rock And roll" que dejó paso a la mítica "Héroe de leyenda", a la preciosa "Con nombre de guerra" y uno de mis temas favoritos "No más lágrimas".
La chispa adecuada
Después volvieron al escenario principal para iniciar un tramo del concierto que no dio tregua a nadie pues repartieron temazos y caña empezando por "Nuestros nombres" con un sonido impecable. "El mar no cesa" nos trasladó hasta sus comienzos como hicieron sus clásicos entre los clásicos, sus canciones más conocidas "Entre dos Tierras" y "Maldito duende". "Iberia sumergida" fue la siguiente y con el primer grito de "Avalancha" pensamos que Bunbury se habría desgarrado la garganta... pero no fue asi. Y dejándonos en lo más alto se retiraron unos minutos antes de los bises. Los cánticos de la gente fueron "De la Romareda no nos moverán". Regresaron para dar paso a la recta final, a los últimos temas en directo que se escucharían en Zaragoza de Héroes de Silencio. Así entonaron su "Oración" y "Tumbas de sal" con imágenes de cartas del tarot en los telones como la muerte o el mundo. Y otro de esos momentos mágicos e inolvidables llegó a continuación cuando se encendió "La Chispa adecuada" y miles de mecheros, no de móviles o cámaras se encendieron, mecheros, como siempre se hizo, y papelillos dorados y plateados volaban por todo el escenario lanzados por unos cañones a pie de pista.
Y así volvieron a marchar de la escena para volver ya si, con los tres últimos temas: "Tesoro", "Malas intenciones" y el cierre como venían haciendo en toda la gira con "En los brazos de la fiebre" con Enrique y Juan sentados uno al lado del otro, sin mirrase, uno con su guitarra y el otro con el micrófono cantando uno de los cortes más bellos del disco Avalancha mientras en los telones aparecían fragmentos de cuadros de Goya, de su etapa de las pinturas negras como el Coloso. Llevábamos dos horas y media y aquello terminaba pero no se encendían las luces y es que nos esperaba otra sorpresa, unos fuegos artificiales ponían punto y final a la noche más mágica del 2007, al sueño que muchos habíamos esperado durante 10 años. Y así lo manifestó y agradeció Bunbury diciendo que ellos eran lo que eran gracias a nosotros.
Ya os he dicho que soy muy fan y la crónica está llena de epítetos superlativos. Pero es a cualquier persona, aunque no le guste la banda se le hubieran puesto los pelos de punta ante tal espectáculo, ante tanta entrega de grupo y fans, ante un sonido tan magistral y perfecto; ante un repertorio equilibrado que recorría toda la discografía de Héroes del Silencio sin dar prerencia a ningún disco concreto. En fin, ahora sí sentimos, que se han despedido de sus fans como es debido. Y a pesar de la alegría de haberlos visto de nuevo, como un regalo que nos han hecho, queda el dolor de la "nueva separación", la pena porque esto se acabe de nuevo, la nostalgia de los bellos momentos vividos y la esperanza de que quizás, dentro de diez años la herida se cure otra vez y volvamos a tener Héroes del Silencio como los hemos tenido ahora: perfectos, maravillosos, entregados, y nuestros como siempre lo fueron.

Hay pocas fotos porque estaba muy lejos y pocas de las que hice merecían la pena.

Crónica de Skaidana

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