Interpol y Blonde Redhead

2007

   08.11.07.

 

     Sala La Riviera. Madrid.

Doble ración de rock del bueno el que nos ofrecieron el jueves dos grupos imprescindibles dentro del panorama neoyorquino actual en lo que a música independiente se refiere, los inefables Interpol y el trío formado por los hermanos Pace y la vocalista Kazu Makino, Blonde Redhead. Doble sesión con doble apuesta –visual y sonora– por parte de ambas formaciones en el primero de sus dos únicos conciertos en España.

Con algo de retraso iniciaron su actuación los segundos, presentando básicamente los temas de su último álbum, 23. La sobria puesta en escena del grupo sólo parecía alterarse por el reducido vestido de su vocalista, que más que mostrar insinuaba, en un reflejo de lo que daría de sí la actuación. Dos guitarras y una batería para un sonido contundente apoyado por las voces alternantes de Amedeo Pace y, sobre todo, el agudo registro de Makino –en una suerte de soprano de coloratura del rock indie–, que en ocasiones sustituyó su guitarra por un teclado de acompañamiento. Temas como Spring And By Summer Fall, 23 o Dr. Strangeluv dieron paso a uno de los momentos más brillantes del concierto, aquel en el que sonó The Dress, cuyo halo misterioso de inicio con la voz y teclado de Makino se resuelve perfectamente a mitad de tema con la entrada de la batería, en una especie de feliz redención frente a la melancolía inicial.
Actuación escueta –en el tiempo, no en sonoridad– en la que se echaron de menos temas de sus anteriores discos como Elephant Woman, paradigma del auténtico registro que son capaces de alcanzar estos teloneros de auténtico lujo.

Tras un breve parón –que no supuso nada frente a los más de dos años y medio desde su última actuación en Madrid–, y con una expectación incomparable a la del concierto de 2005 en el mismo escenario, el habitualmente cuarteto –en directo suelen ir acompañados de un teclado– liderado por Paul Banks entra en escena con una apuesta estética cuidada hasta el último detalle.
Perfectamente trajeados en negro y de una intencionada sobriedad formal, encadenan una actuación en la que alternan los temas de su último álbum –tercero de la banda– Our Love To Admire, con algunos de los más importantes de sus anteriores trabajos, Turn On The Bright Lights y Antics, conformando una lista que viene siendo habitual en su gira de 2007 por todo el mundo.

La actuación comienza –no podía ser de otra manera– con un intro inicial característico en cada uno de sus discos, en este caso Pioneer To The Falls, preludio de temas de mayor sonoridad y, en todo caso, inferior a Next Exit o Untitled, las introducciones de sus dos trabajos anteriores.
La apuesta del grupo por un repertorio alternante entre sus éxitos anteriores y los temas de su nuevo trabajo está perfectamente acompañada, como hemos dicho, por una puesta en escena de gran belleza visual. La estética en negro de la formación está refrendada con una iluminación cambiante en tonos monocromos que vienen a crear una imagen tan unitaria como convincente, en un juego minimalista de pantallas de luces apoyadas por haces del mismo color apuntando directamente a los miembros del grupo.

En poco tiempo la formación se hace con los asistentes con clásicos como Obstacle 1 o C´mere, cuyos riffs guitarreros se han convertido en seña de identidad de la banda. A pesar de sus conocimientos de nuestro idioma gracias a una larga estancia en Madrid y México –se dice que terminó de convencerse de dedicarse a la música tras un concierto de Nirvana en la plaza de las Ventas de Madrid–, Banks no se prodigó demasiado en sus palabras en español, agradecimientos aparte.
Con el público ya rendido a un sonido en directo de gran potencia, los temas de su último álbum van cobrando más protagonismo, alternando algunos con la batería como base rítmica fundamental –The Heinrich Maneuver o No I In Threesome– con otros de corte más intimista como el fantástico Rest My Chemistry o el que pone fin al disco, The Lighthouse.
Tras un bis de tres canciones, el concierto termina con quizás su mejor canción, PDA, que viene a confirmar la grandeza de los inicios y finales de tema de la banda, cuyo set list daría para dos conciertos consecutivos sin dejar de tocar temas enormes.

En definitiva, espectacular noche de doble concierto en Madrid, con entradas agotadas desde hace semanas y una sala repleta, a pesar de que la afluencia de público femenino descendió con respecto al concierto de 2005. En el escenario, dos grupos en estado de gracia con una apuesta doble en común, una sencilla –que no simple– puesta en escena, y un sonido directo con raíces en el mejor rock ochentero. Doble ración de buena música que tardaremos tiempo en olvidar.

nando klrissian

 

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